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1917: Mucho antes que el coronavirus, la vaporización del gas mostaza

«-¡Gas! ¡Gaaas! ¡Haz que corra!

Cojo la careta. Algo alejado de mí hay alguien tendido. Sólo pienso en una cosa: ha de saberlo.

- ¡Gaas! ¡Gaas!

Grito, me arrastro hacia él, le hago señales con la careta. No se da cuenta de nada. Empiezo de nuevo…

Tan sólo se encoge asustado; es un recluta. Miro con desesperación a Katczinsky. Ya lleva puesta la careta. De un golpe me saco el casco que rueda por el suelo y me pongo la mía. Me acerco al hombre, tomo su máscara y se la  pongo sobre la cabeza; él la coge, lo dejo, y de un salto, me meto en el embudo.

La explosión sorda de las granadas de gas se mezcla con el estallido de los proyectiles. Una campana resuena entre el fragor del bombardeo; tambores, carracas metálicas, hacen correr la noticia:

¡Gas, gas, gas!

Algo cae a mi espalda, una, dos veces. Froto las ventanitas de la careta, empañadas por el aliento. Son Katczinsky, Kropp y otro. Los cuatro nos estamos quietos, inmóviles, en una tensión angustiosa, atentos, sin respirar apenas.

Estos primeros minutos con la máscara deciden entre la vida y la muerte. ¿Estará bien cerrada? Conozco las terribles imágenes del hospital; enfermos de gas que  en un ahogo que dura días y días, escupen, a pedazos, sus pulmones calcinados.» [1].

[ERICH MARÍA REMARQUE] [2].

 

1917 es una película bélica del realizador británico Sam Mendes [3]. Es una película antibelicista, que muestra los horrores que vivieron los soldados que combatieron en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) o la Gran Guerra [4]; específicamente, quienes lucharon en el Frente Occidental (Francia y Bélgica).

El nombre de la película es significativo, pues alude a cuatro hechos trascendentes que ocurrieron ese mismo año: i) la Revolución rusa, ii) la guerra submarina total, iii) el ingreso de los Estados Unidos a la guerra y, iv) el estreno del gas mostaza.

Acerca del uso del gas mostaza, los primeros proyectiles cargados con gas mostaza fueron los llamados ‘cruz amarilla’, que fueron utilizados por los alemanes en julio de 1917, durante la Tercera Batalla de Ypres (Bélgica) –, también conocida como la Batalla de Passchendaele, la cual duró desde el 31 de julio de 1917 hasta el 10 de noviembre del mismo año [5].

Debido a su ‘debut’ en Ypres es que se le denominó ‘iperita’. Por su parte, los británicos lo bautizaron como ‘hun stuff’ (‘veneno de los hunos’), cuyas siglas eran HS. También se le conoce como ‘agente vesicante’ o ‘sustancia vesicante’, debido a que produce sobre la piel irritación y ampollas.

Durante la Batalla de Passchendaele, el empleo de esta arma mortal se vio agravado debido a otros factores como, por ejemplo, el barro de la zona. Al respecto, el periodista de la BBC, GEORGE HARD refirió lo siguiente:

«Fue un estancamiento de tropas, rodeadas por el bombardeo de gases venenosos, francotiradores y, sobre todo, barro, que era tan denso que los soldados y los caballos se ahogaban allí» [6].

El gas mostaza estaba diseñado para acosar, incapacitar al enemigo y contaminar el campo de batalla. Se disparaba dentro de proyectiles de artillería, y su densidad era mayor que la del aire. Se posaba sobre el suelo en forma de líquido, y se evaporaba lentamente sin necesidad de la luz solar.

Debido a su naturaleza contaminante resultó contraproducente para ambos bandos; puesto que, durante los ataques a las trincheras enemigas, la infantería y las tropas de asalto solían ser las primeras víctimas. Ni siquiera las máscaras de gas podían proteger las vías respiratorias y los pulmones de los soldados.

En cuanto a sus efectos nocivos, estos dependían de la cantidad de gas mostaza inhalada, solían producir los siguientes efectos en ciertas partes del cuerpo humano:

  • Piel: enrojecimiento.
  • Ojos: irritación, dolor, hinchazón y lagrimeo. Si la exposición era mayor podía causar quemaduras y ceguera.
  • Pulmones: tos, dolor de garganta, dificultad respiratoria e incluso calcinamiento de los pulmones.
  • Aparato digestivo: dolor abdominal, diarrea, náuseas y vómitos.
  • Cerebro: temblores, falta de coordinación y convulsiones.

Como consecuencia de las enfermedades y padecimientos de los soldados, una vez finalizado el conflicto, se elaboró el Protocolo sobre la prohibición del uso en la guerra, de gases asfixiantes, tóxicos o similares y de medios bacteriológicos (1925). También conocido como Protocolo de Ginebra de 1925. Fue firmado en Ginebra (Suiza) el 17 de junio de 1925, su entrada en vigencia fue el 08 de febrero de 1928.

El texto del Protocolo de Ginebra de 1925 refiere textualmente lo siguiente:

“Los Plenipotenciarios que suscriben, en nombre de sus Gobiernos respectivos:

(Designación de los Plenipotenciarios)

Considerando que el empleo en la guerra de gases asfixiantes, tóxicos o similares, así como de todos los líquidos, materias o procedimientos análogos, ha sido a justo título condenado por la opinión general del mundo civilizado, considerando que la prohibición de este empleo ha sido formulada en los tratados de que son Partes la mayoría de las Potencias del mundo, con el fin de hacer reconocer universalmente como incorporada al derecho internacional esta prohibición, que igualmente se impone en la conciencia y a la práctica de las naciones. 

Declaran:

Que las Altas Partes Contratantes, en tanto que no son ya Partes en tratados que prohíben este empleo, reconocen esta prohibición, aceptan extender esta prohibición de empleo a los medios de guerra bacteriológicos y convienen en considerarse obligadas entre sí según los términos de esta declaración.

Las Altas Partes Contratantes harán todos sus esfuerzos para conseguir que los otros Estados se adhieran al presente Protocolo. Esta adhesión será notificada al Gobierno de la República francesa y, por éste, a todas las Potencias signatarias y adheridas. Tendrá efecto a partir del día de la notificación hecha por el Gobierno de la República francesa.

El presente Protocolo, cuyos textos francés e inglés hacen fe, será ratificado lo antes posible. Llevará la fecha de este día.

Las ratificaciones del presente Protocolo serán dirigidas al Gobierno de la República francesa, quien notificará el depósito a cada una de las Potencias signatarias o adheridas.

Los instrumentos de ratificación o de adhesión quedarán depositados en los archivos del Gobierno de la República francesa.

El presente Protocolo entrará en vigor para cada Potencia signataria a partir del  depósito de su ratificación y, desde este momento, esta Potencia estará obligada para con las otras Potencias que hayan procedido ya al depósito de sus ratificaciones. 

En fe de lo cual los Plenipotenciarios firman la presente Convención.

Acordada en Ginebra el 17 de junio de 1925 en ejemplar único. (…)”.

En lo tocante a la membresía del presente protocolo, como se lee en el texto, los nuevos integrantes deberán depositar un instrumento (el poder del depósito) al gobierno de Francia. De esa manera los nuevos estados se convertirán en parte del protocolo. Esta adhesión será notificada al gobierno de la República Francesa y, por medio de ésta, a todas las potencias signatarias y adheridas. Asimismo, la adhesión surtirá efecto a partir del día de la notificación hecha por el gobierno de la República Francesa.

De igual modo, las ratificaciones del presente protocolo serán dirigidas al gobierno de la República Francesa, quien notificará el depósito a cada una de las potencias signatarias o adheridas. Igualmente, los instrumentos de adhesión o de ratificación quedarán depositados en los archivos del gobierno de la República Francesa.

La finalidad de este protocolo es sancionar el empleo y uso de gases tóxicos como armas de guerra durante conflictos armados internacionales, porque sería un crimen de guerra. Por crimen de guerra se entiende todas aquellas violaciones graves del derecho internacional humanitario cometidas durante conflictos armados internacionales (e incluso no internacionales). Dentro de las modalidades de crímenes de guerra se incluye: el empleo de armas o de métodos de guerra prohibidos.

Para nosotros aquel instrumento jurídico es reactivo, no preventivo. Su papel es teóricamente disuasivo para un escenario bélico; no obstante ello, no dice nada al respecto acerca de la fabricación, comercialización y distribución de gases tóxicos que pudieran ser utilizados como armas de guerra. En otras palabras, no se anticipa a la prevención del uso de gases tóxicos como armas de guerra.

En tales situaciones, lo único que se podría hacer es acudir a la legislación nacional de cada uno de los países que se haya adherido como parte al protocolo. De otro lado, existen otras formas de daños a la salud trasmisibles por la inhalación. Nos referimos a la contaminación atmosférica. Si bien es cierto el contexto es distinto –, no hay guerras externas ni internas, es focalizado y, no necesariamente hay dolo en la conciencia de los contaminadores –, el efecto es similar porque se altera la composición de la atmósfera; de modo tal que, se afecta permanentemente la salud [7].

En el Perú existen dos focos de contaminación atmosférica: el Centro Histórico de Lima (provincia y región Lima) [8] y La Oroya (provincia Yauli, región Junín) [9]. La contaminación al aire vulnera estos derechos:

  • El derecho a la vida.
  • El derecho a la salud.
  • El derecho a un ambiente sano.
  • El derecho a un desarrollo sostenible o de generaciones futuras.

Sería muy lamentable que a pesar de vivir, teóricamente, en tiempos de paz nos veamos obligados a usar mascarillas o máscaras antigas, semejantes a las que portaban las tropas durante la Primera Guerra Mundial.


Referencias:

[1] REMARQUE, Erich Maria. (1980) Sin novedad en el frente. Bruguera, Barcelona, pp. 55-56.

[2] Erich Maria Remarque es el seudónimo de Erich Paul Kremers (1898-1971), Escritor alemán anti-belicista, nació en Osnabrück (Alemania), luchó durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) por la bandera del Imperio Alemán; posteriormente, fue maestro, agente de negocios, músico  dibujante.

[4] Samuel Alexander Mendes (1965). Realizador británico, entre su filmografía destacan las películas: American Beauty (1999), Skyfall (2012) y Spectre (2015).

[5] Otras películas antibelicistas, ambientadas durante la Primera Guerra Mundial son: All quiet on the Western Front (1930), Paths of Glory (1957), A Farewell to Arms (1957), Gallipoli (1981), Joyeux Nöel (2004), entre otras. (Nota del autor).

[6] Los 5 gases más mortíferos de la Primera Guerra Mundial.

En: https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20190123/47309721488/los-5-gases-mas-mortiferos-de-la-i-guerra-mundial.html

[7] “Un infierno de barro”: Passchendaele, la sangrienta batalla de la Primera Guerra Mundial en la que murieron 585.000 soldados para avanzar solo 8 kilómetros.

En: https://www.bbc.com/mundo/noticias-40778124

[8] Lo mismo podríamos afirmar respecto al Coronavirus. (Nota del autor).

[9] Los desafíos del transporte urbano.

En: https://rpp.pe/peru/actualidad/los-desafios-del-transporte-urbano-en-peru-noticia-1246345

[10] Cerro de Pasco: Denuncian que no hay toxicólogos para atender a afectados por metales pesados.

En: https://wayka.pe/cerro-de-pasco-denuncian-que-no-hay-toxicologos-para-atender-a-afectados-por-metales-pesados/

Escrito por Juan Carlos Torres Márquez

Juan Carlos Torres Márquez

Abogado. Egresado de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha trabajado en la Procuraduría Ad Hoc “Casos Fujimori - Montesinos” (2000 – 2006). Asimismo, participó en el proyecto “Archivamiento de denuncias en el Ministerio Público de los delitos peculado y colusión en los distritos fiscales de Lima, Ancash, Junín y Ayacucho”, a cargo de la Defensoría del Pueblo, Programa de Ética Pública, Prevención de la Corrupción y Políticas Públicas de la Defensoría del Pueblo, con el apoyo AMBERO de la Agencia Alemana de Cooperación Técnica (GIZ PERÚ) (Marzo 2014 – 29/05/2014). También trabajó en el Tribunal Nacional de Resolución de Controversias Hídricas (TNRCH) de la Autoridad Nacional del Agua (2015 – 2016). Ha escrito y brindado conferencias sobre temas de Derecho Constitucional, Derechos Humanos, Lucha Anticorrupción, Derecho Comparado y Antropología Jurídica.