Mujeres penalistas: mitad víctimas, mitad cómplices

Simone de Beauvoir escoge una frase enigmática de su compañero el filósofo J. P Sartre para iniciar uno de los capítulos de El segundo sexo (1949): “Mitad víctimas, mitad cómplices, como todo el mundo”. A partir de esta frase, y en el marco del Mes de la Mujer[1], en las siguientes líneas reflexionamos sobre la situación de las mujeres que se dedican al ejercicio profesional del derecho, particularmente, al área penal.

Siendo Derecho la carrera profesional con mayor cantidad de alumnos matriculados (64 282 alumnos durante el año 2010)[2], “la tendencia relativa al sexo de los estudiantes de Derecho es un dato que no debe pasar desapercibido”[3]. La data más reciente sobre la distribución de postulantes a las facultades de Derecho de las Universidades, al año 2000, nos indica que la relación entre postulantes varones y mujeres es de 52% a 48%, respectivamente[4].A partir de dicha estadística llegaríamos a la conclusión de que, en pleno siglo XXI, hay relativa equidad entre el número de estudiantes mujeres y estudiantes varones en las facultades de Derecho del país.

Sin embargo, el panorama cambia cuando observamos la representatividad de las mujeres en el Derecho Penal. Ya sea en el litigio, la docencia, los eventos académicos u otras áreas del ejercicio profesional, la cifra es bastante inferior al número de hombres penalistas. Esto nos lleva a preguntarnos con preocupación por qué esta especialidad jurídica no es atractiva para un mayor número de abogadas, y si su no elección significa algo más que simple inclinación o preferencia académica.

Entonces, ¿cómo es el ejercicio profesional del Derecho Penal?

El ejercicio profesional del Derecho Penal es el conjunto de actividades que desarrolla el abogado aplicando sus conocimientos especializados en materia penal y procesal penal. Está orientado al uso estratégico de un sistema jurídico que prohíbe –como ultima ratio– aquellas conductas que menoscaben ilegítimamente la libertad de un tercero, protegiendo así la libertad que las personas requerimos para nuestro desarrollo[5].

Pero ejercer el Derecho Penal, es decir, ser penalista, no solo implica un manejo solvente a nivel teórico y práctico de las categorías jurídico-penales, sino que también –y sobre todo- involucra características típicamente relacionadas al género masculino, en tanto que son los hombres los que han acaparado la especialidad. Ello tiene su correlato en que “no sorprende que los rasgos asociados con las mujeres no sean muy valorados por el derecho”[6].. Así, hablamos de un Derecho penal “masculino” porque se privilegian –e incentivan- rasgos asociados a este género. Por ejemplo, el nuevo sistema procesal penal exige que quien litigue esté sujeto a constantes desplazamientos y diligencias dada la oralidad del proceso, ritmo diseñado por y para hombres, que a una mujer gestante o madre se le haría más difícil de manejar. Otro ejemplo es el carácter que tradicionalmente se asocia al género femenino –pasivo, sentimental, susceptible, etc.-, el cual no tendría tanto éxito como el carácter típicamente masculino al momento de enfrentar casos que implican un complejo dilema moral y emocional para quien los juzga, persigue o defiende. Por otro lado, si hacemos el pequeño ejercicio de preguntarle a las penalistas cuántas veces se han sentido acosadas o simplemente incómodas por el trato que le dan sus pares hombres en razón de su sexo, consideramos que las respuestas nos alarmarían.

Pero las mujeres penalistas no solo son víctimas de este sistema jurídico penal, sino también cómplices del mismo. Cómplices, porque callan ante las injusticias del patriarcado en esta área del Derecho, donde los tipos penales simplemente no están construidos de cara a paliar los graves problemas que sufren las propias mujeres y las identidades sexuales contrahegemónicas, como el aborto, las violaciones, el maltrato intrafamiliar, los feminicidios y los atentados de odio contra la población LGTBI; y donde el razonamiento de los magistrados carece de metodología feminista.

Sobre esto último, Yván Montoya aborda un caso emblemático de ausencia de manejo de métodos feministas en el campo penal, como lo es el caso de las masivas esterilizaciones involuntarias de mujeres en el Perú durante el régimen de Alberto Fujimori, llevadas a cabo especialmente en los años 1995 a 1998.  La actuación fiscal en este caso se basó en la “minimización de la gravedad de los hechos probados y la negación de la calificación de los mismos como lesiones dolosas”, “la negación de la calificación de graves violaciones a los derechos y de crimen de lesa humanidad”, así como “la afirmación del consentimiento sobre la base de elementos que lo vician”[7]; mostrando nula perspectiva de género, en perjuicio de las mujeres afectadas.

Frente a esto, consideramos urgente y necesario que las penalistas sean feministas, es decir, que se comprometan activamente desde el ejercicio profesional con “una de las aspiraciones más altas y generales del derecho”[8], como lo es la igualdad.


[1]  RESOLUCION MINISTERIAL Nº 114-2007-MIMDES: Declaran el mes de marzo de cada año como el Mes de la Mujer. En: http://www.mimp.gob.pe/webs/mimp/dia_internacional_mujer/pdf/rm_114_2007_mimdes.pdf

[2] Gráfico Nº 23 Perú: Carreras Profesionales con mayor cantidad de Alumnos Matriculados. 2010. En: http://censos.inei.gob.pe/cenaun/redatam_inei/doc/ESTADISTICA_UNIVERSITARIAS.pdf

[3] GONZÁLES MATILLA, Gorki. La enseñanza del Derecho o los molinos de viento. Cambios, resistencias y continuidades. Lima: Palestra. 2008. p. 74.

[4] Ídem. p.75.

[5] MEINI, Iván. Lecciones de Derecho Penal – Parte General. Teoría jurídica del delito, Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. 2004. p.21.

 

[6] OLSEN, Francis. “El sexo del Derecho”. En: RUIZ, Alicia E. C, Identidad femenina y discurso jurídico. Buenos Aires: Editorial Biblos. p. 27.

[7] MONTOYA VIVANCO, Yván. “Derecho penal y métodos feministas. A propósito de la actuación del Ministerio Público frente a las masivas esterilizaciones involuntarias de mujeres en el Perú”. En: FERNÁNDEZ, Marisol y Félix, MORALES (Coord.), Métodos feministas en el Derecho. Aproximaciones críticas a la jurisprudencia peruana, Lima: Palestra. 2011. pp. 158 – 179.

[8] FISS, Owen. “¿Qué es el feminismo?”. Cuadernos de Filosofía del Derecho. Alicante, Nro. 14, p. 335.

 

La Performatividad del Discurso de Odio como desafío al Estado Constitucional

  1. A manera de introducción: ¿el Estado Constitucional odia al discurso de odio?

¿Qué tienen en común una canción de reggaetón abiertamente sexista, las caricaturas de Mahoma en la revista francesa Charlie Hebdo, los brochazos argumentativos de ciertas confesiones religiosas contra el matrimonio homosexual, la caracterización de la mujer andina en la “Paisana Jacinta” y la oratoria encendida de Donald Trump sobre los inmigrantes latinos y la comunidad musulmana? Pues que constituyen discursos de odio.

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