“Vivir es un derecho, no una obligación”: apuntes en torno a la eutanasia y suicidio asistido

 I. Introducción

“Vivir es un derecho, no una obligación”, dijo Ramón Sampedro. Para quienes no lo conocen, Ramón Sampedro es el personaje interpretado por el actor Javier Bardem en la película “Mar Adentro”, película basada en una historia real, justamente la del español Ramón Sampedro. Pero ¿qué es lo que exactamente pedía Sampedro?: ¿Eutanasia? O ¿suicidio asistido?, ¿es lo mismo?

Al igual que él existen muchos otros que han librado una lucha porque se les autorice morir, algunas -como las de Ramón- fueron largas, otras no tanto. En cualquiera de los casos, estemos de acuerdo o no con estas realidades, debemos reconocer que al final de la vida resulta muy difícil tomar este tipo de decisiones por lo que merecen de toda nuestra atención.

En ese sentido, las siguientes líneas tienen por finalidad establecer, de manera sucinta, las diferencias entre ambas figuras pues es usual confundirlas pero como veremos al final del texto no son lo mismo y, por ende, la regulación y consecuencias legales de las mismas son distintas. Así mismo, plantearemos un estado actual de la cuestión en nuestro ordenamiento jurídico y en el derecho comparado.

II. Para contextualizar, algunos casos que hicieron historia

En este punto reseñaremos algunos casos que al hacerse conocidos dejaron huella en el mundo al avivar el debate en torno a la eutanasia y suicidio asistido, los mismos nos serán de utilidad para establecer las diferencias y así poder entender en qué consiste cada una de estas figuras.

      2.1. Sigmund Freud (1939)

En 1939, tras una lucha contra el cáncer durante dieciséis años y luego de treinta y tres operaciones, murió en Londres. Freud solicitó a su médico de cabecera que le allanara el camino diciéndole: “Mi querido Schur, creo que recordarás nuestra primera conversación. Me prometiste entonces tu ayuda cuando yo no pudiese aguantar más. Pues bien, esto es una tortura que ya no tiene sentido”. Cuenta Ernest Jones [1], biógrafo de Freud, que a la mañana siguiente de dicho relato Max Schurle suministró un tercio de gramo de morfina, dándose de esa forma cumplimiento a lo requerido por Freud.

      2.2. Ramón Sampedro (1994)

El español Ramón Sampedro a los veinticinco años de edad sufrió un accidente: cayó al mar desde una roca y chocó contra el fondo, justo cuando el mar se retiraba. Las consecuencias del mismo fue la fractura de la séptima vértebra cervical que lo dejó en un estado clínico de tetraplejia irreversible, esto es, parálisis total de brazos y piernas. En 1994, luego de soportar veintinueve años de una vida que a consideración de Ramón era indigna, solicitó que no sean castigados quienes colaboraran con él en su muerte. Finalmente, en enero de 1998, con la ayuda de amigos ingirió cianuro potásico y murió.

      2.3. Diane Pretty (2001)

Diane padecía de ELA (esclerosis lateral amiotrófica), enfermedad neurodegenerativa progresiva e incurable que afecta a las neuronas motrices del interior del sistema nervioso central y provoca una alteración gradual de las células que hacen funcionar a los músculos voluntarios del cuerpo por lo que, generalmente, la muerte llega por asfixia o neumonía. A razón de ello Diane tenía miedo de morir trágicamente y con sufrimiento, por eso solicitó al Director de la Fiscalía Pública del Reino Unido no perseguir penalmente a su esposo, quien sería el que la ayudaría a poner fin a su vida. En diciembre de 2001, estando paralizada de cuello a pies, Diane acudió al Tribunal Europeo de Derechos Humanos y este resolvió no amparar lo solicitado ya que consideró que el Convenio Europeo sobre Derechos Humanos no prevé el derecho a morir. Diane Pretty, en mayo de 2012, debido a dificultades respiratorias propias de su enfermedad entró en coma y falleció.

      2.4. Brittany Lauren Maynard (2014)

Brittany era una norteamericana de 29 años que padecía de cáncer cerebral terminal, el pronóstico que le dieron los médicos fue 6 meses de vida acompañados muy probablemente de dolores agudos. Enterada de ello, decidió vivir esos últimos días conforma a su filosofía de vida: valorando a las personas, no a las cosas, por eso se trasladó de California hasta Oregon para concluir con su vida bajo la Ley de Muerte Digna de dicho estado. El 01 de noviembre de 2014 ingirió un medicamento recetado por su médico y falleció.

       2.5. Ovidio Gonzáles (2015)

En el 2010, el señor Ovidio Gonzáles Correa fue diagnosticado de cáncer de boca y recibió como tratamiento cirugía, quimioterapia y radioterapia; creyendo que había derrotado el cáncer continuó criando sus vacas y caballos en su chacra. Lastimosamente, en el 2015, el cáncer regresó en el mismo lugar donde se había realizado la cirugía, por lo que los oncólogos señalaron que dicho cáncer era incurable y lo que correspondía eran cuidados paliativos. En esta oportunidad el cáncer fue más agresivo, le produjo deformidad en la cara, heridas cancerosas en la boca que no se curaban, se infectaban y producían pus con fuerte hedor, al no poder alimentarse bajó de 81 a 48 kilos. Siendo consciente de lo que se venía, Don Ovidio le dijo a su hijo “quiero la eutanasia, yo sé para dónde voy y no quiero ser un guiñapo en una cama” y así fue, el 04 de junio de 2015 don Ovidio solicitó la eutanasia.

Finalmente, Ovidio, luego de idas y vueltas pese a existir en Colombia legislación que permite la eutanasia, falleció el 03 de julio de 2015, convirtiéndose en el primer caso de eutanasia en América Latina; esto es así ya que, en 1997, Colombia fue el primer país en Latinoamérica en despenalizar la eutanasia a través de la sentencia de la Corte Constitucional C-239-97.

        2.6. Valentina (2015)

En febrero de 2015 era noticia en diversos medios de prensa que Valentina Maureira, de 14 años, solicitaba a la presidenta Michelle Bachelet autorización para morir. Fue noticia de relevancia internacional pues Chile, como la mayoría de países en el mundo, penaliza la eutanasia y el suicidio asistido, y también por la corta edad que tenía quien solicitaba eutanasia.

Valentina padecía de fibrosis quística, enfermedad hereditaria e incurable que afecta diversos órganos, y estaba cansada de luchar y siempre ver el mismo resultado; le afectó tremendamente la muerte su amigo y compañero de sala, así como que su hermano mayor muriese a los seis años por la misma dolencia. Murió el 14 de mayo de 2015 por complicaciones de la fibrosis quística.

III. ¿Eutanasia activa, pasiva, suicidio asistido? ¿De qué estamos hablando?

La importancia de explicar en qué consisten conductas como la eutanasia activa, suicidio asistido, la mal llamada eutanasia pasiva o para algunos suicidio lentificado, etcétera,   radica en poder distinguir aquellas situaciones en las que estamos ante una conducta ilegal y punible de aquellas en las que realizamos el ejercicio legítimo de un derecho.

Autores como Santos Cifuentes [2], Óscar Garay [3] y Carlos Gherardi [4], por citar algunos, consideran que la eutanasia activa es aquella conducta que realiza el médico a solicitud del enfermo para provocar la muerte y así poner fin a su sufrimiento. De distinto parecer es Diego Valadés [5], quien considera que es aquella acción de terceras personas, no necesariamente médico o profesional de la salud, que, a solicitud del propio paciente, auxilian, o de manera directa, ponen fin a la vida del enfermo en estado crónico o terminal.

Sin embargo, cuando intervienen en el análisis de la figura otros elementos como quién es la persona que lo pide, si se lleva a cabo por acción u omisión, etcétera, es que se diversifica lo que se ha de entender por eutanasia y surge una variada terminología: eutanasia voluntaria, eutanasia involuntaria, eutanasia pasiva, eutanasia indirecta, eutanasia directa, distanasia, ortotanasia, etcétera. Y en estas circunstancias es que estas diversas calificaciones contribuyen a una confusión y, por lo tanto, desconocimiento e incomprensión del tema.

Es por ello que, como nos propone Fernando Rey [6], debemos comprender que eutanasia es el acto de un tercero, independientemente de su especialidad o no en el tema, mediante el cual se pone fin a la vida de una persona, quien lo solicita voluntariamente, de manera informada y competente para ello, con salud gravemente deteriorada por causa de una enfermedad terminal; en ese sentido, solo cabe hablar de click here eutanasia como aquella conducta activa y directa.

De los casos reseñados en el punto anterior, los de Sigmund Freud y Ovidio González son de eutanasia.

Respecto al suicidio (medicamente) asistido, si bien comparte con la eutanasia la característica de ser ambos actos deliberados que buscan poner fin a la vida del paciente que lo solicita, se diferencian el uno del otro por el agente que lo realiza. Es por esta razón que podrían ser agrupadas bajo el nombre de muerte medicamente asistida pero en ningún caso ser superpuestas.

Entonces, de manera puntual, en el caso del suicidio asistido, un tercero, que puede ser médico o no, a solicitud del paciente, facilita, colabora o auxilia con los medios requeridos para que este realice la acción última que produce la muerte. Esto fue lo que sucedió con Ramón Sampedro y Brittany Lauren Maynard.

IV.  La eutanasia y suicidio asistido en el Perú

El código penal, en sus artículos 112° y 113°, regula la eutanasia y suicidio asistido, respectivamente, prohibiéndolas de la siguiente manera:

“Artículo 112°.- El que, por piedad, mata a un enfermo incurable que le solicita de manera expresa y consciente para poner fin a sus intolerables dolores, será reprimido con pena privativa de libertad no mayor de tres años.

Artículo 113°.- El que instiga a otro al suicidio o lo ayuda a cometerlo, será reprimido, si el suicidio se ha consumado o intentado, con pena privativa de libertad no menor de uno ni  mayor de cuatro años.

La pena será no menor de dos ni mayor de cinco años, si el agente actuó por un móvil egoísta.”

De otro lado, en el 2009, mediante la Ley N° 29414, se modificó los artículos 15°, 23°, 29° y segundo párrafo del artículo 37° de la Ley N° 26842 “Ley General de Salud”. La ley en cuestión, titulada “Ley que establece los derechos de las personas usuarias de los servicios de salud”, estableció en literal e) del artículo 15.3 que toda persona tiene derecho “A que se respete el proceso natural de su muerte como consecuencia del estado terminal de la enfermedad. El Código Penal señala las acciones punibles que vulneren este derecho”. Ante ello cabe, legítimamente, preguntar ¿es acaso que esta disposición avala una situación de espera inexorablemente natural de la muerte sin importar en qué momento y forma llegue esta?, esto resulta aún más delicado en pacientes con condición de terminalidad. Así mismo, ¿qué debemos o quién define lo que es o implica una “muerte natural”? ¿Las medidas de soporte artificial habrán sido consideradas en ese requisito de naturalidad de la muerte?

Como vemos, si lo que se buscaba era zanjar el tema de la posibilidad o no de la eutanasia pues, aparentemente, se habría logrado todo lo contrario: el debate se mantiene aún más vigente, pues si hay algo que nos llega a todos, independientemente de nuestra condición social, económica, política o cultural, eso es la muerte.

V.  La eutanasia y suicidio asistido en el mundo

La eutanasia y el suicidio asistido son prácticas ilegales en la mayoría de los ordenamientos jurídicos del orbe.

En 1995, por primera vez en la historia, el Territorio del Norte de Australia al promulgar la “Ley de Derechos de los Enfermos Terminales” legalizó la eutanasia y suicidio asistido; no obstante, en 1997, el parlamento federal australiano derogó la ley y prohibió a las Asambleas Legislativas de los Estados dictar leyes que amparen cualquier forma de poner fin a la vida.

En el 2002, Holanda, con el antecedente australiano, legalizó la eutanasia y suicidio asistido mediante la “Ley de Verificación de la Terminación de la Vida a Petición Propia y Auxilio al Suicidio”. En el mismo año, Bélgica legalizó la eutanasia con la “Ley relativa a la Eutanasia”, pero a diferencia del caso holandés, esta ley no amparó el suicidio asistido.

En el 2008, con la aprobación de la “Ley sobre la eutanasia y la asistencia al suicidio” Luxemburgo legalizó la eutanasia y el suicidio asistido.

En EE.UU. en cinco estados el suicidio asistido es legal y no genera responsabilidad algunas para los profesionales de salud, estos son, Oregón, Washington, Montana, Vermont y California.

En junio de 2014 Quebec aprobó la “Ley sobre cuidados al final de la vida” y con ello se unió al grupo de ordenamientos jurídicos que permiten la eutanasia, en el caso la eutanasia es reconocida como un derecho fundamental expresión de la autonomía del paciente en estado terminal.

Finalmente, en América Latina, Colombia, el primer históricamente, junto a Argentina, desde el 2012, son los únicos países en los que la eutanasia es legal.

VI.  Colofón

La eutanasia es siempre un tópico que genera polémica porque toca las fibras más sensibles de todo ser humano, a todos –sea cual fuese nuestra condición– nos ha de llegar la muerte. En ese sentido, dado que es una conducta ilegal y penada en la mayoría de países resulta relevante su distinción de conductas que se configuran como el ejercicio legítimo de un derecho.


[1] ENGELHARDT, Hugo Tristam. Los fundamentos de la bioética. Barcelona: Paidós, p. 387–388.

[2] CIFUENTES. Santos. Derechos Personalísimos. Segunda edición. Buenos Aires: Astrea De Alfredo y Ricardo Depalma, 1995, p. 398.

[3] GARAY, Óscar. Derechos fundamentales de los pacientes. Buenos Aires: Ad-Hoc., 2003, p. 336.

[4] Gherardi manifiesta dicha posición en COHEN, Diana. ¿Qué piensan los que no piensan como yo? 10 Controversias Éticas. Buenos Aires: Sudamericana, 2008, p. 139.

[5] CARPIZO, Jorge y VALADÉS, Diego. Derechos Humanos, Aborto y Eutanasia. México: Universidad Nacional Autónoma de México. 2008, p. 88.

[6] REY, Fernando. Eutanasia y Derechos Fundamentales. Madrid: Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, p. 119.

Escrito por Gabriela Rojas Bellido

Gabriela Rojas Bellido

Me recibí de abogada con tesis calificada como sobresaliente en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Egresada del Doctorado Ciencia Sociales y Jurídicas de la Universidad de Jaén-España.
He sido docente adjunta en las cátedras de Temas de Derecho Civil: Bioética Jurídica, Civil I: Derecho de Personas y Seminario de Derecho Constitucional de la facultad de Derecho de la PUCP. Actualmente soy asesora legal de la Oficina General de Investigación y Transferencia Tecnológica del Instituto Nacional de Salud, entidad reguladora de ensayos clínicos en el país.

¿Qué opinas del artículo?

comentarios