El feminismo en el derecho constitucional y la enseñanza del derecho

Como muchos de ustedes saben, cada vez está más presente la demanda por participación igualitaria de las mujeres en diversos ámbitos sociales entre los cuales se encuentra el académico, lo cual es una buena noticia. Demanda que se hace sentir cuando se pide que los paneles académicos de discusión estén formados por igual número de hombres y mujeres.
Con el ánimo de que ese impulso vaya consolidándose y sobre todo creciendo en sus aspiraciones, quisiera dedicar este artículo a reflexionar sobre la enseñanza del derecho en relación íntima con su carácter androcéntrico.

1) Decir que el positivismo en su versión más formalista es preponderante en la enseñanza del derecho no es a estas alturas ninguna novedad. Diversos estudios en el Perú muestran que los abogadxs son formadxs centralmente en el conocimiento del derecho como un conjunto de normas jurídicas, desconociendo que las instituciones sociales y la cultura son piezas centrales de la interpretación y aplicación de dichas normas. Luis Pásara hablaría de la forma en que se vive el derecho de manera habitual[2].
Resulta interesante mostrar la manera en que dicho paradigma jurídico se articula a las formas de dominación social vigentes y en particular al sistema de control de la sexualidad y de los cuerpos de las mujeres. Eso para plantear seguidamente propuestas de transformación en la enseñanza del derecho orientada a la consecución de una sociedad libre e igualitaria.
El orden que me gustaría seguir es el siguiente: en primer lugar, nos referiremos al positivismo en la enseñanza del derecho y su articulación con el androcentrismo como sistema de opresión contra las mujeres; luego, desarrollaré su relación con nuestra cultura jurídica, en particular con la ligada a la práctica constitucional; finalmente, compartiré lo que creo que pueden ser los caminos hacia una enseñanza emancipatoria del derecho.
2) Como se ha dicho en otras ocasiones, el positivismo ortodoxo parte de la suposición de que el derecho es un sistema completo y coherente, de que los conceptos jurídicos guardan una lógica interna y de que es posible prescindir totalmente de elementos extrajurídicos, entre otras características. La consecuencia de esta concepción es que se dota al derecho de un halo de neutralidad, objetividad, se construye una ética neutral que las consagra como virtudes del derecho.
Sin embargo, desde la teoría feminista se ha señalado que precisamente esos rasgos muestran su naturaleza androcéntrica. Para hablar del derecho constitucional que conozco mejor, éste toma como referencia un sujeto de derechos cuyo individuo es varón, “blanco”, hispanohablante, entre otras características hegemónicas. Excluye a las mujeres por ejemplo a través del escaso o nulo reconocimiento de derechos sexuales y reproductivos en el texto de las normas constitucionales. Las mujeres ocupan una posición subalterna en nuestras sociedades y el derecho constitucional la refuerza de muchas maneras. Pienso que el constitucionalismo debe reinventarse desde el conocimiento crítico de la historia y sus diversas formas de producción[3].
No puede pues comprenderse nuestro derecho desligado de su historicidad específica, es decir de su carácter colonial, entendido como el proceso que inició con la conquista y que permanece hasta el día de hoy pese a su casi desaparición como fenómeno político y jurídico. El derecho colonial creó una legalidad cuyo fundamento central era la exclusión social de grupos en función de su raza, indios y negros principalmente. Esta legalidad no ha fenecido, pervive y se reproduce en el tiempo a través de nuestras instituciones y nuestra cultura en un proceso que algunos autores como Aníbal Quijano denominan colonialidad del poder[4].
Si se entrecruzan las categorías de raza y género para evaluar al derecho constitucional, bajo la premisa de una constitución viva, puede darse cuenta cuán excluida se encuentra la mujer indígena en nuestro estado nación. No son acaso mujeres indígenas las que son víctimas de trata en Madre de Dios, no son las mujeres awajún las que padecen el VIH sin acceso a ningún tratamiento, no son 5000 las mujeres campesinas que fueron abusadas impunemente por las fuerzas armadas en décadas recientes, las mismas que luego fueron esterilizadas forzosamente y otra vez impunemente. Si desde el texto de la Constitución no se reconocen derechos específicos a estos grupos, si los mecanismos de acceso a la justicia no están especialmente diseñados para ellas, si la forma en que se vive la constitución frente al funcionario de a pie las excluye sistemáticamente, entonces tenemos un constitucionalismo estéril en el proceso hacia la liberación del ser humano que es la promesa de la modernidad, fundante del estado nación. No tiene sentido hablar de estado constitucional en este contexto.
Una forma particularmente importante como se vive el derecho es el proceso de su enseñanza y aprendizaje en las facultades de derecho. Quisiera ir a eso en los próximos minutos.
3) Tengo algunos datos que recogí del portal Sofía del Instituto de Estudios Peruanos[5]. En la investigación económica y social en el Perú, solo aproximadamente el 25% de la producción académica se debe a mujeres. Entre los años 2009 y 2014, la participación de mujeres en eventos académicos vinculados a las ciencias sociales fue duplicada por la de sus pares hombres. Según datos del Censo Nacional Universitario 2010, menos de un tercio del total de docentes universitarios en el Perú eran mujeres. Finalmente, también la mirada interseccional nos deja saber que la población indígena analfabeta tiene rostro de mujer (75,67%). Y del total de población indígena que no cuenta con ningún nivel educativo, los datos arrojan que el 81% son mujeres.
De esta manera, no sorprende que la mayor parte de los paneles jurídicos de eventos académicos sean conformados por hombres. Paula Siverino advierte al respecto:
“Más de la mitad de la matrícula de derecho son mujeres, las alumnas más destacadas, son mujeres, sacan mejores notas y se interesan más en la investigación. Pero representan menos del veinte por ciento de la plana docente y al momento de invitar a profesionales destacados, las docentes e investigadoras están ausentes o subrepresentadas.
Y esta situación, lejos de parecer anómala, pasa totalmente desapercibida para la gran mayoría de alumnos, docentes, investigadores y patrocinadores de eventos académicos. Y sin embargo es muy grave. ¿Por qué? Porque cada evento en el cual las mujeres quedan fuera – o entran de refilón- está diciendo algo tan simple como “no hay mujeres capaces””[6].
4) Como vemos, la academia del Derecho (podría hablarse en general también) es un campo social donde se reproduce este mismo patrón de dominación de género. ¿A qué se debe que las mujeres se encuentren sub representadas en la academia jurídica tanto como lo están en la sociedad? En pocas palabras, a que el derecho también es patriarcal y ya que el derecho es la forma en que se enseña y aprende, es decir la manera en que se transmite entre generaciones, conviene prestarle atención.
Como muestra Marisol Fernández[7], los feminismos aportan mucho al derecho. Critican los tratos desiguales en el derecho y fomentan la prohibición de tratos discriminatorios y las acciones afirmativas. Critican que el género es un factor de opresión para las mujeres y denuncian que el derecho a través de la regulación de las relaciones familiares, del trabajo doméstico y la maternidad mantiene la división sexual del trabajo. Por ejemplo, el ineficaz sistema de justicia para recibir denuncias de agresiones contra las mujeres (debido a prejuicios o estereotipos de los funcionarios al escuchar denuncias), la idea extendida de que ciertas libertades deben ser recortadas para mantener la “unidad familiar” e incluso que las leyes que otorgan mayor periodo de descanso materno a las mujeres para que se encarguen de la crianza del recién nacido durante los primeros meses. Dan cuenta de los tipos de sensibilidad moral que desarrollan las mujeres a diferencia de hombres en relación a la ética del cuidado y la ética de la justicia.
“Los principios de imparcialidad, neutralidad y objetividad son considerados principios masculinos desarrollados con el objetivo de ocultar la parcialidad de la ley, su preferencia por los varones y su visión del mundo. El modelo adversarial y su organización jerárquica muestran también su androcentrismo”[8].
El feminismo contribuye también estudiando el modo en que el derecho controla el cuerpo y la sexualidad de las mujeres. De este modo abre un campo para la investigación sobre fenómenos de estudio invisibilizados como la pornografía, la prostitución, la violación y el acoso sexual[9] y a través de metodologías donde lo neutral, lo objetivo, es puesto en cuestión desde la mirada parcial y subalterna de las mujeres. A propósito de la campaña #NiUnaMenos, tendríamos que preguntarnos cómo enriquecería la propia lectura académica del delito de violación sexual y del feminicidio si se hace desde las propias experiencias de las mujeres, cuánto favorecería a la interpretación de los jueces que penetren en el proceso las emociones de quienes padecen esos crímenes, las propias instituciones procesales tendrían que flexibilizarse, rehacerse, poniéndose al servicio de esas vulneraciones.
Puedo resumir la idea, dejando de lado esa separación tajante entre teoría y metodología, señalando que el feminismo aporta al derecho un nuevo marco de referencias, una otra epistemología.
click here arial, helvetica, sans-serif;">Antes de ir a ello quisiera completar el panorama mostrando cómo el género no se incluye como teoría o como metodología en la enseñanza-aprendizaje del derecho. Como dice Julieta Lemaitre[10], el género no se toma en cuenta en el diseño de currículo en la carrera de derecho, y propone la necesidad de crear 1) cursos enfocados al estudio del status de las mujeres y reformar cursos tradicionales para integrarlos a la perspectiva feminista 2) ambientes educativos propicios para una verdadera participación de las mujeres (nuevos métodos de enseñanza y sanción a la discriminación y acoso sexual) 3) la presencia de la mujeres debe ser igualitaria, en los espacios de toma de decisiones como en los espacios de prestigio.
5) ¿Qué puede entonces aportar el feminismo a la enseñanza del derecho? Mucho. Como señalaba también Cristina Valega[11], uno de los efectos más perjudiciales de esta ausencia o sub-representación de las mujeres en el derecho es que disminuye y afecta el intercambio jurídico.
“Quizás no debería ser así y no debería importar si somos hombres o mujeres, pero la realidad muestra que aún se nos socializa de manera distinta y ello hace que aún tengamos experiencias de vida diferentes. Aquellas experiencias moldean nuestras formas de concebir el derecho, de teorizarlo, de aplicarlo y de crearlo. Y estimo que ello ocurre en las diferentes áreas y temáticas del derecho, también en las considerados más “duras” u “objetivas”[12]
El feminismo y otras teorías y proyectos contra-hegemónicos pueden enriquecer nuestra educación y el ejercicio del derecho hacia una sociedad más libre. La racionalidad científica eurocéntrica es el producto de una historia específica y responde a determinados intereses. Recuperar y revalorar las epistemologías subalternas e incorporarlas al intercambio de conocimientos y subjetividad es una labor necesaria para salir del entrampamiento en el que el derecho o la justicia constitucional se encuentran en la actualidad, cada vez más carentes de respuestas concretas a problemas concretos.
“Toda la construcción social de conocimiento científico, sustentada en ideales de neutralidad, objetividad, universalidad y racionalidad es androcéntrica, ya que subalterniza a epistemologías-otras que reivindican lo mundano, la parcialidad, el involucramiento, la improvisación y el error”[13].
La propuesta específica es que dejemos la pretensión de que la producción del conocimiento puede ser universal. Que ataquemos la neutralidad, la objetividad y la racionalidad del derecho desde lo mundano, la parcialidad, el involucramiento, la improvisación y el error.
Como señala Cabaluz Ducasse[14], experiencias pedagógicas feministas populares muestran tres dimensiones por explotar: Autoridad, experiencia y diferencia. i) Las pedagogías feministas problematizan las relaciones de poder, dominación y autoridad que se dan entre quien educa y quien es educado/a, convocando siempre al ejercicio de prácticas pedagógicas no autoritarias, dialogantes y horizontales. Para ello una línea de trabajo debería ser el cuestionamiento a los rankings de mejores abogados establecen un modelo de abogadx exitosx al que todxs deberíamos aspirar sin excepción, fomentan una competencia cuya única forma de comparación se basa en criterios dispuestos por el mercado; comprender profundamente manera las relaciones verticales entre profesorxs y alumnxs de derecho se reproducen luego en los ámbitos profesionales y en la propia aplicación de las normas, un derecho que se impone y no dialoga, que hace valer su autoridad en detrimento de su capacidad retórica en sentido fuerte.
  1. ii) Las pedagogías feministas han cuestionado las prácticas educativas que enfatizan en lo racional, en desmedro de lo experiencial y lo emotivo como fuentes relevantes de conocimiento. Desde dicho posicionamiento se ha reivindicado la experiencia personal, biográfica y colectiva. Las clínicas jurídicas, como recientemente he visto un ejemplo en la Facultad de Derecho PUCP, donde se hacen visitas de campo y se crean espacios de diálogo entre hombres y mujeres indígenas con estudiantes para comprender las dimensiones del problema desde la subjetividad y desde el terreno mismo.
Y en tercer lugar, las pedagogías feministas han reivindicado el concepto de diferencia sexual asignando relevancia al reconocimiento de lo subalternizado, lo excluido, lo heterogéneo, lo femenino. Esto debe llevar a plantear metodologías de trabajo diferenciado en función a las diversas formas de aprender que tienen los alumnxs, evitando homogeneizar el contenido, las evaluaciones y todas las formas de interacción entre profesorxs y alumnxs. También aquí reside su potencial articulador con otras formas de subalternidad particularmente presentes en nuestra sociedad como indígenas, LGBT, negrxs, etc.
El camino para conseguir esto debe ser de abajo hacia arriba pues del modo inverso opera la estructura en cuyo funcionamiento las autoridades se resisten al cambio por la tendencia a la conservación de privilegios. Con profesoxs y alumnxs produciendo su enseñanza y aprendizaje con autonomía, haciendo uso de teorías y prácticas críticas del derecho que permitan, parafraseando a Marisol Fernández, ver al derecho con otros ojos y hacer el derecho con otras manos.
Concluyo esta presentación señalando el lugar desde el que escribo, precisamente con el ánimo de situar el conocimiento. Escribo desde un entendimiento no experto en teoría feminista, desde un feminismo militante, político, en el que todavía tengo mucho que aprender pero del que en los últimos años, gracias especialmente a muchas compañeras, he aprendido y vengo aprendiendo mucho. Escribo finalmente con mis propias contradicciones como hombre en una sociedad donde las relaciones de dominación de género marcan nuestra socialización en el ámbito familiar, personal, profesional, entre otros.

[1] Ponencia presentada en las II Jornadas de Discusión: Los retos del constitucionalismo contemporáneo, organizado por Constitucionalismo Crítico el día 26 de noviembre de 2016 en la Universidad del Pacífico – Lima.
[2] PÁSARA, Luis. Cómo se vive el derecho. Página web visitada el 15 de noviembre de 2016: http://www.revistaideele.com/ideele/content/c%C3%B3mo-se-vive-el-derecho
[3] ESQUEMBRE VALDÉZ, M. Derecho constitucional y género. Materiales y enseñanza crítica en teoría del estado y derecho constitucional. Págin web visitada el 10 de noviembre de 2016: https://web.ua.es/en/ice/jornadas-redes/documentos/2013-posters/334873.pdf
[4] Cfr. QUIJANO, Aníbal. Colonialidad del Poder y Clasificación Social” en Santiago Castro Gómez y Ramón Grossfogel. El giro decolonial. Reflexiones para una diversidad epistémicas más allá del capitalismo global. Siglo del Hombre Editores. Bogotá, 2007.
[5] Al que llego gracias al apoyo de mi colega y amiga Gabriela Camacho Garland.
[6] SIVERINO, Paula. ¡Anda a lavar los platos! Página visitada el 22 de noviembre de 2016: http://altavoz.pe/2016/11/24/19379/anda-a-lavar-los-platos-por-paula-siverino-bavio
[7] FERNÁNDEZ, Marisol. Usando el género para criticar el derecho, en Revista de Derecho PUCP, núm. 59. Lima: 2006.
[8] Ibíd., p. 361.
[9] Ibíd., p. 363.
[10] LEMAITRE, Julieta. El feminismo en la enseñanza del derecho en los Estados Unidos. Estrategias para América Latina. Academia. Revista sobre enseñanza del derecho de Buenos Aires, año 3, número 6, pp. 175 – 177.
[11] VALEGA, Cristina. #PanelesSoloDeHombres en el mundo del Derecho. Página visitada el 22 de noviembre del 2016: http://enfoquederecho.com/derecho-y-genero/panelessolodehombres-en-el-mundo-del-derecho/
[12] Op. Cit. VALEGA, Cristina.
[13] CABALUZ DUCASSE, Fabián. Entramando. Pedagogías críticas latinoamericanas. Santiago: CLACSO, 2015, pp. 77 – 78.
[14] Ibíd., 77 y ss.

Escrito por Jose Saldaña Cuba

Jose Saldaña Cuba

Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú con la tesis “Los votos singulares en el Tribunal Constitucional del Perú” (2012) obteniendo la mención sobresaliente. Trabaja e investiga en temas de derecho constitucional y derecho electoral. Profesor de la Facultad de Derecho – PUCP, y miembro del Centro de Estudios de Filosofía del Derecho y Teoría Constitucional.

¿Qué opinas del artículo?

comentarios