Murió pobre y abandonado

“San Martín murió pobre y abandonado”.

“Bolívar murió pobre y abandonado”.

“Colón…”.

Morir pobre y abandonado (lo primero parece acarrear lo segundo) era el colofón habitual de las enciclopedias escolares de antaño.

Y aunque algunos historiadores han salido a desmentir los casos de Bolívar y Colón, con San Martín no hay duda: murió empobrecido. Ahora bien, este no es un problema centrado en estas latitudes: personajes ilustres como el ingenioso escritor Miguel Cervantes y el afamado inventor Nicolás Tesla, murieron en condiciones de pobreza.

¿A qué puede deberse esto?

Posiblemente a múltiples factores, más aún cuando la historia suele ser nítida en el éxito y borrosa en la desgracia.

Sin embargo, en algo asemejan Cervantes, San Martín y Tesla: fueron longevos en sus respectivas épocas. La muerte, pues, les llegó tarde. Cervantes a los 69 (1616), San Martín murió a los 72 años (1850), Tesla a los 86 (1943).

Así las cosas, ¿qué consecuencias tiene la longevidad para nuestras finanzas y qué debemos hacer al respecto?

La vejez es el período de la vida humana que sigue a la madurez. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la vejez se inicia a los sesenta años de edad (60)[1]. Ello guarda concordancia con la regulación en nuestro país, que considera adulto mayor a la persona de 60 o más años de edad[2], es por ello que si bien la edad de jubilación es 65 años de edad, existen opciones como la jubilación anticipada[3].

La vejez acarrea, progresivamente, la pérdida de la capacidad productiva, situación que afecta en mayor medida a las personas longevas, es decir, a aquellas que se aproximan a la esperanza de vida[4]. Ante ello, la previsión social busca sustituir la remuneración que deja de percibir una persona, debido a una pérdida sustancial en su capacidad de trabajo. Esa es la solución: ahorrar para la vejez.

La solución, sin embargo, solo es para unos pocos. En nuestro país, existe baja cobertura previsional. Cobertura provisional es brindar un soporte económico a la población cuando ingrese a su etapa de jubilación[5].

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Sobre el particular, existe un déficit inocultable: “solo la mitad de los adultos mayores del país cuenta con una pensión. En el Perú, aproximadamente 2 millones de personas, son mayores de 65 años. De estos, cerca de la mitad (43%) no cuentan con una entrada de dinero mensual para su vejez, un 27% recibe una pensión del sistema nacional contributivo (SNP), un 23% recibe una pensión del sistema nacional no contributivo (Pensión 65) y solo un 7% recibe una pensión del sistema privado de pensiones SPP”[6].

Estando así las cosas, resulta imperioso que el Estado y las empresas privadas realicen acciones de educación y orientación para que más personas conozcan la importancia de aportar en la juventud para tener un respaldo frente a la vejez. Ello, en un país como el nuestro, donde la informalidad es mayor que la formalidad, implica lograr que los jóvenes asuman voluntariamente la consigna de ser previsores y que opten por invertir con miras a su vejez[7]. Asimismo, se debe reforzar el mensaje de que un mayor nivel de pensión, está asociado a la realización de más aportes. Finalmente, esta vez mirando a los pensionistas, que tengan cuidado con opciones que pueden desfinanciarlos en el futuro, como por ejemplo hacer mal uso del retiro del 95.5 % de los fondos de pensiones[8].

Cambiemos el “…murió pobre y click here abandonado” por un “hasta el final de sus días gozó de una pensión que le dio tranquilidad”. Podemos aspirar a eso.


[1] http://www.who.int/topics/ageing/es/

[2] Ley N° 28803. Ley de las personas adultas mayores.

[3] Se trata de una modalidad de jubilación para menores de 65 años, siempre que cumplan determinados requisitos.

[4] El Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) anunció en el año 2015 que los peruanos y las peruanas vivirán, en promedio, 74,6 años (72,0 años los hombres y 77,3 las mujeres).

[5] MORÓN, Eduardo. Resolviendo el problema de cobertura en el Perú Sistema privado de pensiones—Perú. Disponible en: http://hdl.handle.net/11354/339.

[6] Extraído de la web de la Asociación de AFP. Disponible en: http://www.asociacionafp.com.pe/wp-content/uploads/140926AAFP_SDR_4_29042015.pdf

[7] Ser trabajador dependiente no es la única forma de pertenecer a un sistema previsional. El sistema privado de pensiones faculta a sus afiliados a realizar aportes voluntarios con fin previsional. Es decir, puedes ser trabajador independiente, o incluso estar desempleado, y realizar aportes.

[8] El 07 de julio de 2017, la Asociación de AFPs reveló que “solo 5% de jubilados de AFP opta ahora por una pensión”. El siguiente cuadro revela la distribución actual de las decisiones de las personas que pensionan:

95% Retira el 95.5% total del fondo de su pensión bajo la Ley 30425 y sus modificatorias.

 

Para recordarlo mejor: “El 95 % se lleva el 95.5%”.

5% 1% Contrata la clásica pensión en retiro programado o vitalicia

 

4% Opta por una modalidad mixta (retiro de fondo más pensión).

Escrito por Jorge Antonio Machuca Vilchez

Jorge Antonio Machuca Vilchez

Magíster en Derecho Bancario y Financiero (PUCP). Diplomado en Derecho de Consumo por la Universidad de Castilla – La Mancha. Docente en la Escuela de Postgrado de la Universidad Pacífico, Universidad Privada del Norte (UPN) y en el IFB. Actual Director de Iuris Dictio (2016 – a la fecha).

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