¿Qué hacemos los peruanos después de la resaca?: qué viene después de la fiesta popular del último Referéndum

El escenario político en nuestro país hace mucho ha superado cualquier película de drama y acción, hemos tenido -y tenemos- desde congresistas con apelativos extraños (comepollo, robacable, come oro, etc.) hasta un expresidente prófugo de la justicia y varios investigados. Y si bien estos son pocas menciones de los muchos álgidos acontecimientos que se ha presenciado nuestra narrativa política, el año pasado, los expuestos actos de corrupción (que parece han sido muy normales y frecuentes en la historia de nuestra República[1]) nos han llevado al punto de celebrar un Referéndum, el cual además de reformar la Constitución de 1993 quiere hacer un contrapeso adecuado para todos los problemas que estamos afrontando.

Con referencia a los hechos más recientes cabe precisar que el 9 de diciembre del año pasado, con un Ejecutivo fuerte, representado por el presidente Vizcarra, y con un Legislativo desprestigiado y casi totalmente desaprobado por la ciudadanía peruana[2], se emprendió la reforma política con la que pretendemos enfrentar y combatir los escándalos de corrupción y crisis de representatividad.

La población peruana acudió a las urnas para responder 4 preguntas que alterarían disposiciones constitucionales de nuestro Estado, es decir, que cambiarían la forma en que funciona nuestro sistema jurídico y político. Al respecto, se aprobó la reforma constitucional sobre la conformación y funciones de la Junta Nacional de Justicia, antes Consejo Nacional de la Magistratura; la reforma que regula el financiamiento de organizaciones políticas; la prohibición de reelección inmediata de parlamentarios de la República y se desaprobó la reforma constitucional sobre bicameralidad en el Congreso de la República.

En ese sentido, el presente editorial procederá a explicar qué sucede después de este Referéndum y por qué debe ser entendido como proceso, pues: ¿acaso luego de escuchar los resultados de la voluntad popular y celebrar este hecho histórico terminó nuestro rol ciudadano?, es decir, ¿votamos, se aprueban las reformas del referéndum, celebramos y es todo?: Efectivamente, no.

 

El referéndum en la Constitución del 93’

¿Qué es un referéndum? Un referéndum es un mecanismo de participación ciudadana directa, es decir, un medio por el cual la población expresa su opinión sobre asuntos trascendentales para el desarrollo del país, la cual tiene efecto sobre todo el ordenamiento. Según el politólogo Altman, es “una institución públicamente reconocida en la que ciudadanos deciden o emiten su opinión acerca de distintos asuntos directamente a través del sufragio universal y secreto”[3].

¿Bajo qué circunstancias se da? “[U]n referéndum suele promoverse cuando se considera que el sistema político e institucional no está preparado para tomar una decisión sobre un tema urgente y que influye de manera directa en la vida de la población”[4].

Ahora bien, nuestra base-dispositiva constitucional y legitimadora de esta institución se presenta en los siguientes artículos de nuestra Constitución Política del Perú: antes del preámbulo (cuando el Congreso Constituyente da la Constitución de 1993), en el inciso 17 del artículo 2°, en los artículos 3°, 31°, 32°, 45°, 176°, 178°, 181°, 184°, 185°, 190°, 206° y en la decimocuarta disposición final y transitoria. No obstante, debido a que este editorial no pretende abordar un estudio exhaustivo sobre la institución, nos limitaremos a profundizar sobre algunas de ellas.

En primer lugar el inciso 17 del artículo 2° señala que toda persona tiene derecho “a participar, en forma individual o asociada, en la vida política, económica, social y cultural de la Nación. Los ciudadanos tienen conforme a ley, los derechos de elección, de remoción o de revocación de autoridades, de iniciativa legislativa y de referéndum”.

En segundo lugar, el artículo 3° señala que la enumeración de los derechos establecidos en aquel capítulo de nuestra Constitución no excluye “otros de naturaleza análoga o que se fundan en la dignidad del hombre, o en los principios de soberanía del pueblo, del Estado democrático y de la forma republicana de gobierno”.

Y, finalmente, para complementar, el artículo 45° estipula que “el poder del Estado emana del pueblo. Quienes lo ejercen lo hacen con las limitaciones y responsabilidades que la Constitución y las leyes establecen”.

Al respecto, se entiende que la base legitimadora del referéndum subyace, principalmente, en el principio de la soberanía popular, es decir, en el poder que el Constituyente le ha reconocido a la población peruana para poder participar directamente en los asuntos que a todos compete el desarrollo de nuestro país, y si bien no suele recurrirse a este mecanismo dada su especial naturaleza, gran poder y a sus gigantescos efectos, es una ventana siempre abierta.

De ello, precisamos que el principio de la soberanía popular no posee solo una naturaleza jurídica, sino, sobre todo, política, pues posee la capacidad de modificar la propia organización estatal – como se demostró en el último referéndum.

Sin embargo, a pesar del gran poder del referéndum como mecanismo de participación popular, este puede poseer puntos débiles y es que “solo” supone el primer paso de una gran reforma, pues es claro que ninguna reforma sucede y se acaba con un día de votación. Es así como, en los siguientes párrafos, se señalará una debilidad trascendental de la manifestación de la soberanía popular a través del referéndum en una sociedad inconstante en política como la nuestra.

 

click here style="text-align: justify;">Una reforma constitucional manipulable: ¿una voz sin ecos?

Como se ha mencionado, a continuación, se expondrá cómo el referéndum es solo el inicio o, en todo caso, una etapa intermedia:

Hace algunas semanas se precisó la diferencia entre una norma principio y una norma regla[5]; si bien no nos encontramos explicando la misma situación, podemos hacer una analogía para entender cómo el referéndum es solo un primer paso o, con mayor precisión, un punto de orientación para las subsiguientes disposiciones normativas que concretizarán la voluntad popular expresada en urnas.

Al respecto, una norma principio es un mandato de optimización que puede ser cumplido en diferente grado de intensidad, mientras que una norma regla es un mandato prescriptivo que puede ser cumplido o no. En ese sentido, podemos comparar y encontrar una semejanza entre las reformas aprobadas por referéndum y una norma principio.

En efecto, las reformas aprobadas pueden concebirse solo como mandatos de optimización y orientación de un nuevo modelo político en los distintos sectores en los que la población quiere cambios, ya que con este no se crean al mismo tiempo reglas definidas que regulen eficientemente la nueva organización que las reformas proponen, sino que, la forma en que se darán los cambios será trabajo de nuestro Congreso al desarrollar los dispositivos legales que guiarán la eficacia jurídica de las reformas constitucionales en nuestra sociedad.

Por ello, la voz popular que emprendió, legitimó y se manifestó en urnas a favor de las reformas expuestas líneas arriba, no debe abandonar esta campaña, sino que debe mantenerse alerta y estar al tanto de los proyectos de ley que nuestro Legislativo propone, pues es menester recordar que tales reformas se promovieron en un momento en que el Ejecutivo contaba con el apoyo de la población ante su falta de bancada oficial y si este apoyo (que no tiene que ser necesariamente para con el Ejecutivo, sino con las reformas) se esfuma, la voluntad expresada a través del Referéndum queda desprotegida a merced de la criollada de nuestro -hoy- desprestigiado Congreso y con posibilidades de que este “le saque la vuelta”. Este es el punto débil al que nos referimos, aquel en que la voz que apoyó esta campaña de reformas celebró una noche coreando la victoria de la soberanía popular para morir después de la resaca o desaparecer sin eco, y esfumarse en nuevos problemas que nunca dejan de aparecer en política.

Ahora bien, no quisiéramos terminar el presente articulo sin antes mencionar la reciente cuestión de confianza planteado por el presidente Vizcarra al Congreso de la República del Perú el cual claramente vendría a ser un nuevo paso en aras de la soberanía popular, sin embargo, nuestro panorama actual político está aún en un veremos.

¡No dejemos que ello suceda! la historia no se escribe en un solo día, continuemos construyéndola.

 


*Escrito por: Jesus Villanueva

Fuente de imagen: https://www.google.com/search?q=referendum+peru&rlz=1C5CHFA_enPE817PE817&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjLxp_Nu93iAhWjuVk

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Bibliografía:

[1] Al respeto, Hugo Neira (2012) ¿Qué es República? Lima: Fondo Editorial de la Universidad San Martín de Porres.

[2] En octubre de 2018, según una encuesta realizada por Ipsos, el Congreso de la República alcanzó un 77% de desaprobación; mientras que el Gobierno solo alcanzó el 47% de desaprobación tras la propuesta del referéndum; por otro lado, el Poder Judicial obtuvo un 70% de desaprobación. Fuente: América Noticias: https://www.americatv.com.pe/noticias/actualidad/desaprobacion-congreso-llego-al-77-octubre-segun-ipsos-n342741

[3] https://www.bcn.cl/observatorio/americas/noticias/mecanismos-de-democracia-directa-en-las-americas-cada-vez-mas-usados-en-una-amplia-variedad-de-formas

[4] https://www.gob.pe/862-presidencia-del-consejo-de-ministros-que-es-un-referendum

[5] http://www.parthenon.pe/diccionario-juridico/diferencia-entre-norma-regla-y-norma-principio/

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