Redirigiendo el debate “Con mis hijos no te metas”: El currículo nacional y la búsqueda de igualdad de género. Combatiendo las brechas salariales

El día de ayer se realizó la marcha “ Con mis hijos no te metas” , marcha que surge en el contexto de un acalorado debate originado, nada más y nada menos que por la simple palabra “Género”.  Sucede que la currícula nacional, realizada por el Ministerio de Educación -en adelante MINEDU- incluyó dentro del material escolar el término “Identidad de género”. A raíz de ello; grupos católicos, evangélicos, entre otros; han denunciado la profanación de una supuesta “ideología de género”. Así, se acusa al MINEDU de “interferir” en la construcción de la identidad de sus hijxs, de incentivar la homosexualidad, entre otros puntos.

Sin embargo, este debate se ha visto empañado por falacias e ideas vagas que ha dirigido el mismo en el sentido erróneo puesto que, perse, todo debate no es odioso, siempre y cuando exista un punto de discusión central que logre plasmar la divergencia de ideas y logre enriquecer el punto de conflicto. Así pues, es necesario aclarar ciertos mitos respecto a la supuesta “ideología de género” y a su vez, centrarnos en el real objetivo del Currículo Nacional y la inclusión del término “identidad de género”. En función de ello, en las siguientes líneas, buscaremos aclarar los “controvertidos” términos protagonistas de este épico debate y, a su vez, desarrollar un problema que busca solucionar -progresivamente- el MINEDU a través del currículo: las brechas salariales. Cabe resaltar que este no es el único problema de fondo; también se encuentra el problema de acceso al empleo, equidad de oportunidades, el no uso de estereotipos, etc.

Aclarando mitos: La Identidad de género no es Ideología de género

El debate generado por el currículo surgió a raíz de la palabra “género”. Lo cual concatenó una serie de términos: Identidad de género fue entendido como “género”, y el “género” llevó a la conclusión de que se trataba de una “ideología de género”. Entonces, la cadena es así: Identidad de género – Género – Ideología de género.

De acuerdo al texto escolar elaborado por el MINEDU, la identidad de género es “la forma como entendemos lo que significa ser varón o mujer y cómo nos comportamos según las características socialmente esperadas. Es la idea, valoración y sensaciones que uno ha adquirido a lo largo de los años respecto de lo que deben ser y hacer los varones y las mujeres (…)”. Es decir, se habla de una identidad que se construye socialmente a partir de modelos o enseñanzas recibidos; que incluye factores tales como creencias, religión, crianza, etc.

Por su parte, se entiende por “género” a la construcción sociocultural que establece los roles entre hombres y mujeres. Así pues, el género es un reflejo de la sociedad. En ese sentido, un rol de género podría ser el hecho de que las mujeres sean las encargadas de hacer el aseo del hogar; siendo la misma sociedad quien establece dicho rol. Basta ver los anuncios comerciales de detergentes, donde no vemos a algún actor lavando ropa; siendo siempre mujeres quienes protagonizan dichos comerciales.

En cuanto a “ideología de género”, resulta un tanto difícil definirlo. Y es que, si se googlea dicho término, el buscador arroja como resultado páginas web católicas o evangélicas que se encargan de definirlas. Por ende, es necesario adoptar la definición de alguna autoridad de dicho sector. De acuerdo al portavoz de “Con mis hijos no te metas”[1], resulta una “ideología de género” el currículo debido a que no está basado en hechos. Así pues, alega que es un hecho la existencia de varón y mujer y que, por ende, no debe incluirse término como “género” ya que, de tal manera, se “adoctrina” a los niños y niñas.

Habiendo definido los términos en cuestión, surge uno nuevo que resalta la diferencia entre la Identidad de género y la ideología de género. Y es que el enfoque de género, uno de los siete enfoques que tiene el currículo, tiene un objetivo central: la igualdad de género. De acuerdo a un reciente informe de la UNESCO, se entiende por igualdad de género a:

 “la existencia de una igualdad de oportunidades y de derechos entre las mujeres y los hombres en las esferas privada y pública que les brinde y garantice la posibilidad de realizar la vida que deseen. Actualmente, se reconoce a nivel internacional que la igualdad de género es una pieza clave del desarrollo sostenible.” [2]

En ese sentido, lo que busca el currículo nacional es fomentar la igualdad de oportunidades  (no negando la existencia de ambos sexos: masculino y femenino), que ambos reciban el mismo respeto y, sobre todo, que puedan desarrollarse plenamente sin interferencia de estereotipos. De esta manera, lo que se busca enseñar a los niños y niñas es el respeto y la no discriminación; partiendo de un preocupante contexto, donde, por ejemplo, el bullying escolar ha aumentado. [3] Así pues, el bullying evidencia una discriminación que se debe a factores por el color de piel, por creencias, por religión o por el solo hecho de ser diferente.

Dicho esto, queda claro que la identidad de género, que tiene como objetivo lograr la igualdad de género, es totalmente distinto a la supuesta “ideología de género”. En ningún momento el currículo parte de negar la existencia del sexo masculino y femenino; es más, lo incluye explícitamente en el párrafo incluido en el texto escolar que citamos en líneas arribas, mencionando explícitamente “varón y mujer”, por lo cual no se estaría intentando “negar” dicha “realidad” como acusan los miembros de Con mis hijos no te metas. Por el contrario, lo que busca mediante la inclusión del enfoque de género, es lograr rebatir dichas enseñanzas culturales que calan en los ciudadanos, enseñanzas muchas veces negativas que nos establecen roles que nosotros, de hecho, creemos que son propias por el solo hecho de ser mujer u hombre. Que se deje de lado el decirle “machona” a una niña por gustarle jugar con carritos, que se deje esa preocupación por la aparente feminidad que tiene su hijo al gustarle tejer, bordar o jugar con muñecas, que se deje de decirles a los niños que ellos no pueden llorar porque “los hombres no lloran”, entre otros. Estos son solo ejemplos pequeños pero básicos que el currículo intenta cambiar. Lo que se busca es que el sexo no sea la variante determinante para oportunidades, para ejercer derechos, o para desarrollarse uno plenamente.

Igualdad de género y la lucha por eliminar las brechas salariales de género

Muchos habremos oído hablar del llamado “milagro peruano”, que surgió hace 10 años aproximadamente, donde nuestra “economía” creció de manera notable.

Sin embargo, dicho crecimiento no se dio a la par click here de la generación de empleos o de la disminución de las brechas salarias. De acuerdo al IPE, la brecha salarial en promedio a nivel nacional, es de 27,8%; variando; siendo aún más fuerte en distintas regiones como la de Moquegua, con un 49.7% o Arequipa, con 43.7%.[4] Por otro lado, de acuerdo a una investigación realizada por Juan Manuel del Pozo, se supo que el 66% de las mujeres son parte de la PEA; pero que, sin embargo, la desigualdad persisten en cuanto a beneficios laborales tales como CTS, seguros médicos, etc; en relación a los hombres.[5]

Como ya explicamos en extenso, el enfoque de género intenta otorgar una igualdad de oportunidades, ejercicio de derechos y demás, independientemente del sexo. Así pues, el sexo es una cuestión biológica; sin embargo, el género es una construcción social que nos establece roles de acuerdo a la cultura o sociedad en cuestión. Dichos roles se ven expresados de múltiples maneras; desde cuestiones más “cotidianas” como el hecho de quién asea la casa o los juguetes específicos para niño o niña, hasta las oportunidades y sus matices en el ámbito laboral. Esta vez nos centraremos en las “brechas salariales entre hombres y mujeres”.

Las brechas salariales son las diferencias en cuanto a la remuneración que reciben hombres y mujeres cuando no hay una justificación de por medio. Es decir, no se trata de que no deba existir diferencias de salarios, sino que, éstos no deben basarse en motivos prohibidos o discriminatorios.[6]  Así pues, supongamos que Juan tenga como remuneración S/ 2000 soles y que, por su parte, María reciba S/ 15000 ; desempeñando ambos los mismos cargos y funciones.

Sin embargo, no debemos limitarnos a que las brechas salariales solo se dan respecto a trabajos iguales, siendo el ejemplo más ilustrativo el de líneas arriba. También las brechas salariales se evidencian en trabajos distintos. Así, mediante la teoría del valor comparable, podemos comparar trabajos distintos, pero de igual valor. Aquí radica la importancia de esta herramienta, ya que, precisamente, debido a roles de género, existen trabajos feminizados; lo cual nos otorga un universo más grande para permitir compararlos respecto a los trabajos “masculinizados”. Aún más importante, de esta manera, se permite combatir la segregación ocupacional.[7] Un claro ejemplo son las labores de cuidado no remuneradas, trabajo orientado a la reproducción social; que se manifiesta en bienes y servicios de personas, así como en el hogar.[8] De esta manera, se evidencia cómo la madre de familia cocina, plancha, lava, y mantiene en orden el hogar y; sin embargo, no recibe un sol por dicha ardua labor.

Así pues, lo que se busca no es limitar la libertad de empresa del empleador o generar incentivos perversos, sino que las diferencias se encuentren justificadas y no sean arbitrarias o basadas en algún motivo prohibido. Ello basado en el principio de igualdad, que prohíbe precisamente las diferenciaciones arbitrarias, más sí acepta las diferencias razonables.

De tal manera que, están permitidas las diferencias basadas en antigüedad, mérito, escasez de mano calificada, Red Circling y costo de vida.

A manera de reflexión

Hace tan solo unos días, la ONU felicitó al Estado peruano por el Currículo Nacional Escolar y su enfoque basado en el respeto por los Derechos Humanos.  Resulta preocupante todo lo que deja atrás el ya “controvertido” currículo: Un ex ministro censurado, un debate compuesto por falacias, y un periodista con aire matonesco:

“ A la ministra mentirosa hay que botarla (…) otra culpable es Fujimori porque puede botarla, tiene como botar a la ministra,  la puede interpelar (…) Para que un niño sea trans, debe tener un problema gravísimo de identidad sexual”.[9]

Los derechos no se ponen en tela de juicio; por lo tanto, la igualdad y la no discriminación tampoco. El currículo nacional busca formar ciudadanos que respeten a los otros, que no discriminen, que tengan igualdad de oportunidades y que éstos no sean punto de cuestionamiento por su sexo. Como bien señaló la Ministra Martens: La homosexualidad no se enseña, la homofobia sí.  


* Artículo redactado por Ana Haydeé Lino Suárez

[1] Declaración extraída de Diario Perú 21  http://peru21.pe/actualidad/ideologia-genero-que-no-debes-tenerle-miedo-2263826

[2] Informe Igualdad de Género: http://es.unesco.org/creativity/sites/creativity/files/digital-library/cdis/Iguldad%20de%20genero.pdf

[3] En el año 2016, de acuerdo a Síseve del Ministerio de Educación, se registraron 3,982 denuncias de violencia escolar, de las cuales 1,109 corresponden a bullying. Fuente: http://peru21.pe/actualidad/denuncias-bullying-crecen-atencion-aun-deficiente-2262100)

[4] Fuente: http://peru21.pe/economia/brecha-salarial-genero-278-2247825

[5] Resultados recogido del Diario Gestión http://gestion.pe/empleo-management/hombres-mujeres-quien-gana-mas-peru-2174542

[6] Blume Moore, Iván. Mejoras salariales, principio de igualdad y no discriminación entre trabajadores. En Ius Et Veritas, N° 42, p. 4.  

[7]  Ídem, p. 9.

[8] Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social. Brechas salariales en el uso del tiempo, p. 35.

[9] Extraído del video de la Marcha con mis hijos no te metas: https://www.youtube.com/watch?v=yAJ17p5kB9w

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