Reflexiones en torno a la importancia de un voto informado

A poco tiempo de que se lleven a cabo las elecciones presidenciales en nuestro país, muchos peruanos aún no tienen definido a quién le otorgarán su voto. Sin lugar a dudas el hecho de tener muchos candidatos (19) ya es un indicador de que hay mucha pugna, ya sea por el poder, por gobernar o porque realmente existe el deseo de trabajar por un Perú mejor. Un país en el que quien sea elegido como presidente no cumpla únicamente el papel de gobernante, sino que se convierta en un verdadero representante y defensor de los intereses de la nación, alguien que se identifique plenamente en los sucesos, hechos y problemas de la sociedad que lo eligió.

Hay mucho que pensar por parte de los peruanos ante las opciones y propuestas presentadas. Mucho se dice y discute, también existe mucha competencia y día a día los noticieros reportan multitudinarios mítines y otras variadas formas que emplean los candidatos para ganar la confianza del pueblo peruano. Sin embargo, las semanas siguen transcurriendo y el tiempo es cada vez más corto. Nos encontramos pues ante una situación en la que si deseamos realmente hacer historia y enrumbar a nuestro país a que este realmente sea más grande –no solo en cuanto a crecimiento económico–, un Perú con valores, con educación, un país con representantes que desarrollen las políticas correctas en los momentos correctos, en el que cada vez la corrupción, uno de los más graves problemas de nuestra sociedad, se convierta en un tema del pasado y se logre apuntar como peruanos y como sociedad a un mismo fin.

Dado ello, no debemos dejar de lado la importancia de un voto informado. Debemos votar pensando en que cada voto efectuado tiene que ser un voto convencido, no solo por la simpatía, no solo por el verso, no solo por el poder de convencimiento que se pueda encontrar en cada palabra dicha, sino realmente por propuestas que tengan una base sólida y realista, a propuestas que tomen en cuenta la coyuntura del país y el mundo.

Por ejemplo, se vive actualmente en un mundo en el que el dólar va aumentando en su valor y esto, sin lugar a dudas, influye en nuestra economía como en las diversas economías no solo de la región sino del mundo, por ende, resulta lógico que el tema de la economía deba ser uno de los ejes centrales en todo plan de gobierno en relación no solo al progreso económico, sino también a otros puntos, como la inclusión de varios sectores de nuestra sociedad que han sido relegados históricamente y cuya situación debe cambiar para lograr un verdadero avance.

No podemos vivir siempre a la expectativa de descubrir si las propuestas serán efectivamente cumplido o si estas tienen como fin máximo el obtener un voto y no existe una intención real de lograr una mejora en el país, sobre todo si tomamos consciencia de que vivimos en un Perú que necesita de una inyección de nuevas ideas, nuevas políticas de estado y económicas. Ahora pues, al tener una gran cantidad de candidatos hay que detenernos un momento y preguntarnos si realmente nos sentimos representados por cada uno de ellos.

En ese sentido, ¿qué significa ser representados? Según la doctrina, “La representación política moderna es la representación popular que surge de las elecciones libres gracias al cual el ciudadano puede elegir a sus legítimos gobernantes”[1]; además hay que mencionar que ello refiere también a “el procedimiento electoral en un contexto histórico social libre, de tolerancia y transparencia, convencidos de que los elegidos realizarán el bien general, pongan en práctica el programa, la doctrina, los principios de la organización política difundidos en las campañas electorales. Allí está en juego el principio de la responsabilidad política” [2] .

Entonces, si partimos de la premisa de que nuestro voto influirá en que se realice el bien general, el bienestar de todo un colectivo, de todo un país, en el que click here el verso, la teoría se haga realidad y las promesas se lleguen a materializar en prácticas que solucionen los principales problemas del país de forma paulatina; en el que el índice de la pobreza sea cada vez menor, en el que la formalidad por fin venza a la informalidad, y en el que caminar en las calles sea realmente un placer y podamos gozar del ornato y la plena seguridad de regresar a nuestra casa sin temor a la delincuencia que nos aqueja hoy en día. Si mantenemos los problemas que hoy por hoy reconocemos y nos enfocamos en encontrar a quien tenga las capacidades para resolverlos, si buscamos encontrar a quien de verdad pueda hacerlo, estaremos contribuyendo a la formación de un país mejor.

Por lo mencionado, vale la pena hacer una introspección y preguntarnos: ¿los peruanos realmente por quiénes votamos? ¿Votamos por el mal menor, por la simpatía o realmente por las propuestas?  Una respuesta a estas preguntas puede mostrarnos el viraje que debemos darle a nuestras decisiones en caso de que efectivamente necesiten uno. Este 10 de abril del 2016 y, dado que existen altas probabilidades de que se llegue a una segunda vuelta de elecciones presidenciales, tendremos dos oportunidades en las que por medio de una “X” podremos cambiar el rumbo del país hacia un crecimiento que vaya acorde a la evolución del mundo que nos rodea, un mundo que nos impulsa a buscar políticas que podrían significar un viraje total de la manera en que vivimos. Detengámonos unos minutos y revisemos cada propuesta de cada candidato, ya que será uno de ellos quien nos gobernará por los próximos 5 años. Está en nuestras manos el futuro del país.


Redactado por David Yáñez Alva

[1] http://constitucionalrobles.blogspot.pe/2008/08/la-representacion-politica-y-la.html. Fecha de Consulta 22.01.16

[2] http://constitucionalrobles.blogspot.pe/2008/08/la-representacion-politica-y-la.html. Fecha de consulta 22.01.16

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