Violencia de género en el Poder Judicial: el caso Arlette Contreras

Cerramos una semana llena de sorpresas, algunas buenas, otras malas. Entre éstas últimas, sin duda se encuentra los fallos emitidos por nuestros magistrados, que ponen en el ojo público la violencia de género. Si es que podemos sacar algo bueno de estos fallos, quizá sea esto.

Los casos a los que nos referimos son los de Adriano Pozo y Arlette Contreras; y el de Lady Guillén y Rony García.  Ambos casos nefastos, donde se practica la violencia física, sexual y psicológica. Paradójicamente, esta violencia no solo viene de los agresores Adriano Pozo y Rony García, sino también de los jueces.

Es este el punto central de nuestro análisis, ¿qué tan culpables resultan los jueces? , ¿la violencia solo viene de quién agrede directamente a la mujer? A partir de la presente editorial, analizaremos el fallo emitido por el caso Adriano Pozo y Arlette Contreras; dado a los argumentos y comunicados emitidos en estos días.

Los hechos: la agresión  

Hace aproximadamente un año, los noticieros mostraron un video en el cual un hombre desnudo, arrastraba de los pelos a una mujer en un hotel. Ella trataba de huir; sin embargo, no lograba zafarse de él. Éste intentaba regresar a la habitación en la que se encontraban.

Ese hombre desnudo se llama Adriano Pozo Arias y la mujer arrastrada- literalmente arrastrada- por el piso del hotel a manos de Adriano, Arlette Contreras.

Si bien hemos tratado de ser lo más gráficos posibles, los invitamos a ver las imágenes, pues éstas hablan mejor por sí solas: https://www.youtube.com/watch?v=_sYGrVsX3oM

ayacucho

Los argumentos del fallo

Perú21 tuvo acceso al expediente que absuelve a Adriano Pozo, cuyos argumentos procedemos a citar:

  1. “ha actuado llevado por los celos que sintió al advertir que la agraviada chateaba aparentemente con otra persona”.
  2. “no pudo controlarse y, al tener impulsos –conforme a las pericias psicológicas– y al reclamar dicho accionar en el hotel Las Terrazas, es que ha agredido físicamente luego de un forcejeo mutuo, hecho que motivó que el acusado actúe de esta manera”
  3. “solo se tuvo la sindicación de la agraviada, relato que no fue uniforme, coherente y que, incluso, tuvo muchas contradicciones”. Este argumento es respecto a la “presunta violación sexual”.

Pues bien, estos argumentos a simple vista pareciera que fueran planteados por los abogados de Adriano; es decir, del acusado; sin embargo, estos fueron planteados por los jueces. Ello debido a que todos tienden a justificar  la agresión. Así pues , en el primer argumento, se señala que po cuestiones de “celos” y que la agraviada “chateaba”; osea, Adriano se puso celoso por culpa de Arlette. Arlette tiene la culpa.

En el segundo argumento, en pro de reclamar la actitud –muy mala- de Arlette, Adriano forcejeó con ella.

En el tercer argumento, la acusación de violación sexual solo fue sindicada por la agraviada. Claramente, para los jueces, la persona más autorizada para declarar ello no es Arlette; sino quizás un tercero o el mismo Adriano, el acusado.

Violencia de género: Adriano no solo es el agresor

El presente caso pone de nuevo en el tapete la violencia de género. ¿Qué debemos entender por ello?  Debemos partir de lo que se entiende por “género” y por “violencia”, ya que ambos en conjunto, dan respuesta a nuestra interrogante.

De acuerdo a Marisol Fernández, el género es la construcción cultural basada en el sexo[1]. Lo cual implica que existan una serie de valoraciones respecto al, valga la redundancia, sexo. Así pues, se le asigna un determinado comportamiento a lo masculino y femenino; expresándose explícitamente en tres ámbitos: roles, espacios de actuación y atributos.[2]

Es en ese sentido que, se funge una relación causa-efecto entre el género y la violenica: debido a tales construcciones valorativas respecto a los femenino y masculino, es que se producen los actos de violencia.

Evidentemente, para los jueces Adriano, al ser hombre, no pudo controlar sus celos, por lo cual, reaccionó así frente a Arlette. Ella, no debía estar chateando, porque le dio un motivo a Adriano para perder los papeles. Así pues, el hombre termina siendo impulsivo lo cual no está mal; siendo más bien obligación de la mujer el actuar cautelosamente para no provocar al hombre que pierda el control de sí mismo. Por todo ello, Adriano agredió a Arlette, arrastrándola a lo largo y ancho del hotel. Queda clara la causa-efecto.

La violencia de género puede expresarse en resultado real o posible: físico, psicológico y sexual; ello incluye a su vez la coerción privativa de la libertad.

La Cuarta Conferencia Mundial sobre la mujer[3], en su informe, señala que una manifestación de violencia de la mujer, es la ejercida por los Estados.  Un claro ejemplo de esto es el caso de las esterilizaciones forzadas y, en un panorama amplio, el presente caso. En este cuarto informe, se hace mención a la relación que tiene la mujer y el Estado, donde muchas veces es afectada por las decisiones que se toma que las involucran de manera directa. En este caso, los jueces, operadores de la justicia, forman parte del mismo y sus decisiones forman parte de ésta manifestación de violencia.

Entre las diversas comunicaciones dadas por el Poder Judicial- en adelante PJ- figuran las siguientes:

“Añade que dichas informaciones se sustentan en la versión de la agraviada, las cuales pretenden mellar su imagen y trayectoria profesional, que se ha caracterizado por el irrestricto respeto a la click here independencia judicial y su total rechazo a todo tipo de violencia de género”

 “Cabe precisar que el fallo de primera instancia dada a conocer la semana pasada, por el cual se condena a Pozo Arias a un año de prisión suspendida por el presunto delito de lesiones leves, no es una decisión definitiva del Poder Judicial.”[4]

Estas son algunas de las  comunicaciones emitidas en la página “Poder Judicial del Perú- Corte suprema de Justicia”. Parece que el PJ no entiende el trasfondo de sus decisiones. Nadie cuestiona la autonomía que poseen los jueces ni la naturaleza de un fallo en primera instancia. No se necesita una aclaración al respecto, puesto que no hay un problema de forma ni nos encontramos en una clase de Introducción a las Ciencias Jurídicas. Evidentemente, un fallo en primera instancia puede apelarse. El problema aquí son las justificaciones de la decisión. Un juez se ve obligado a argumentar, a justificar sus fallos. Claro, entendiéndolo de una mera racional, justa, lógica; sin basarse en argumentos basados en sexistas.

Así pues, entendamos la sexualización de la siguiente manera: Supongamos que existe el bando A y el bando B. El bando A es de los racionales, de los fuertes, de los poderosos, de los cultos y; el lado B, es de los débiles, de los incultos, de los irracionales, de los pasivos, etc. Como se evidencia, hay una constante oposición entre A y B, siendo A el lado por el cual se les identifica a los hombres y el lado B a las mujeres.  En el caso, dentro de los argumentos señalados en párrafos anteriores, los jueces señalan que Adriano se encontraba fuera de sí, al ser muy impulsivo; y que Arlette se encontraba chateando con otra persona, lo cual hizo que desembocara en toda la agresión ya conocida. Para los jueces, Arlette debe ser pasiva, debe ser cautelosa, debe actuar “bien” para que así Adriano no reaccione mal. Adriano claramente es racional, él no actuaría así de no ser por Arlette.

Ante esto, no resulta que aceptemos jerarquías y no sexualización; sino que, nos ceñimos al análisis de los argumentos dados por los jueces.

Por todo ello, consideramos que Adriano no solo es el agresor de Arlette; sino también los jueces que emitieron el fallo.

Reflexiones finales

Resulta preocupante el saber que, donde creías podrías encontrar justicia y amparar tus derechos, encuentre justicia que normaliza la violencia de la mujer. Una justicia repleta de argumentos machistas, sexistas, y todos los calificativos que puedan describir este penoso fallo.

Preocupa también el mensaje a las demás Arlettes del país. Pórtate bien, no le des motivos a tu pareja para que actúe “fuera de sí”. No chatees con otro hombre, ten relaciones sexuales cuando él quiera, sé una buena mujer.

La violencia de género está en los hogares, en las conversaciones con amigos, en el Poder Judicial. Sin embargo, el panorama puede ser menos fatal empezando desde uno mismo, haciendo que lo “normal” deje de ser “normal”. Dejando que lo “silencioso” sea “ruidoso”. Haciendo que lo “invisible” sea “visible”. Ni una menos.


( * ) Artículo redactado por Ana Haydeé Lino

[1] FERNÁNDEZ REVOREDO, Marisol. “Violencia de género y acoso sexual; ¿qué se puede hacer desde el derecho de interés público? En Ensayos de Interés público. Fondo Editorial: Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima,2002, p. 139.

[2] Íbidem

[3] Para ver los demás argumento de la Cuarta conferencia, ingresar al siguiente link: http://www.un.org/womenwatch/daw/beijing/pdf/Beijing%20full%20report%20S.pdf

[4] Comunicado emitido el 18 de Julio de 2016 por el Poder Judicial: https://www.pj.gob.pe/wps/wcm/connect/cortesuprema/s_cortes_suprema_home/as_inicio/as_enlaces_destacados/as_imagen_prensa/as_notas_noticias/2016/cs_n_presidenta_corte_ayacucho_solicita_intervencion_ocma_18072016

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