Lo que esperamos y a dónde vamos: el papel como enemigo

¿El gran cambio llegó y no lo notamos?

Los avances tecnológicos continúan en evolución y los abogados nos quedamos atrás. Damos pasos lentos y continuamos temerosos de cambiar las formas básicas en las que hemos desarrollado nuestra labor cuando el resto del mundo ha conseguido adaptarse de manera mucho más rápida. Pero esta lucha no está perdida, ciertamente han habido momentos definitivos en la historia en las que nos hemos visto forzados a cambios notables: dejamos los manuscritos por documentos hechos en máquinas de escribir, y de estas pasamos, no sin sufrir, al uso de computadoras y al ahora eterno compañero “Microsoft Word” que no ha hecho más que agilizar el tiempo en el que eran reproducidos estos interminables documentos. Pero desde entonces los cambios no se han percibido a gran escala o al menos a un nivel notable que nos obligue a reeducarnos y adaptarnos o desaparecer. Puede que la brecha tecnológica entre la máquina de escribir y el ordenador parezca injusta al exigir un nuevo salto tecnológico de utilidad en nuestra carrera, pero ¿es que acaso no tenemos ya las herramientas para cambiar?

En verdad a nuestra carrera, como a otras, las nuevas tecnologías la han forzado a reinventarse una y otra vez. Solo como ejemplo podemos mencionar el Internet y su vital importancia. Los medios publicitarios ayudaron a nivelar la competencia entre estudios grandes y pequeños, al mismo tiempo que nos brindaron la posibilidad de acceder e intercambiar rápidamente  información que de otra manera tardaría precioso tiempo. La lista de cambios es tan larga como beneficiosa, por lo que al respecto recomiendo leer a Beatriz Boza (1) en “Abogacía: Profesión o empresa” donde además de tratar la evolución del ejercicio de la carrera engloba la creciente importancia del Internet como una prueba de la globalización de la que es parte Perú. Todos estos cambios han sido beneficiosos de alguna forma; sin embargo, y, debo precisar, estos  no son solo favorables para los abogados, sino también para los clientes. No solo cambió la forma en la que nos desenvolvemos,  o encontramos información, sino también nuestras expectativas de lo que es la eficacia.  Y ello es algo que los clientes no saben perdonar, significa que nuestra responsabilidad de tener resultados más rápidos, mejores e inmediatos se hace más apremiante cada vez; y, por cómo va la tendencia, todo parece indicar que ello seguirá aumentando.

El verdadero enemigo

¿A dónde vamos? Los grandes cambios que experimentaron nuestros padres y maestros parecen no surgir ya y se han visto reemplazados por ligeras mejoras o variantes de métodos que lo único que consiguen es agilizar la forma en la que escribimos y presentamos nuestras propuestas, pero que no han dejado de alimentar al mayor enemigo de los abogados: el papel.

Menciono el papel ya que hay algo particular con él y cómo los abogados hemos evolucionado de forma parcial solo alrededor de este elemento. En perspectiva, es curioso notar que con todos los avances tecnológicos aun necesitemos imprimir documentos; que todos los nuevos programas que usamos sirven para crear documentos virtuales cuyo fin será ser impreso en la mayoría de casos y que incluso con documentos que no tendrán este fin, usamos las mismas formalidades que usaríamos si tuviéramos el documento en físico. Los hipervínculos existen desde hace ya bastante tiempo, pero aun no encontramos la forma de integrarlos a los contratos en reemplazo de los anexos o referencias. Y ese retraso concluye en la suma de más hojas adheridas debido a que la entera construcción del documento debe estar hecha como si estuviera en físico, en papel.

click here style="text-align: justify;">Nos hemos centrado en un concepto erróneo de eficacia, ya que solo impulsamos el uso de nuevas tecnologías que satisfagan nuestro uso del papel. Para ser realmente eficaces (en términos de sacar provecho a la tecnología) debemos cambiar el paradigma de cómo representar mejor aquello que puede ser físico a cómo representar de forma cada vez más simple lo que demandamos. Para ello propongo la diversificación de los contratos digitales o “smart contracts” (2), que pueden ser validados legalmente para luego ser vistos en cualquier ordenador. Como ejemplo podemos observar los “términos y condiciones” de Facebook que consta de una sola página bien organizada con “Links” que llevan a documentos conjuntos, pero que siguen siendo parte del mismo. Su uso por ahora es muy limitado, pero eso no significa que no pueda ampliarse a casos más cotidianos. Su relevancia dependerá también de nosotros y de nuestro deseo de innovación. Como incentivo podemos observar algunos de los beneficios más inmediatos que obtendríamos:

  • Presentaciones más simples y ordenadas de los “documentos” produce un alivio en la carga de trabajo y tiempo para cualquiera de las partes involucradas.
  • Transporte y espacio de documentación reducido a cero
  • Ahorro potencial de dinero y el factor ecológico son también de vital importancia, considerando que un gran porcentaje del papel usado en las oficinas acaban desechados.

Considero los contratos digitales como uno de los desarrollos más prometedores para correr junto a los cambios tecnológicos. Por lo pronto debo reafirmar que no existe una única forma en la que podamos hacer uso de la tecnología y ciertamente no debería ser alrededor del uso del papel. Si no queremos vernos abrumados y cambiar junto a los nuevos avances, así como lo hacen en otros oficios, debemos empezar por cambiar nosotros mismos y dejar de exigirnos la conservación de estos métodos destinados a morir.


(1) BOZA DIBÓS, Beatriz. La abogacía : ¿profesión o empresa?, nuevos desafíos para el ejercicio profesional del abogado. 2004.

(2) Mayor información en: http://about.smartcontract.com/#defining-a-smart-contract

Escrito por Rubén Taipe Chávez

Miembro de la comisión de Actualidad Jurídica de la Asociación Civil Foro Académico. Alumno de séptimo ciclo de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

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