Nos equivocamos todos en Colombia

Es muy sencillo empezar hablando sobre las bondades de tu país, y más de uno como el mío, Colombia. ¿Y por qué? Considero que siempre queremos mostrar lo bueno, y más la generación nacida en los años 90’s, a la cual pertenezco, que ha vivido la guerra en todas sus formas desde el narcotráfico hasta la guerrilla. Desafortunadamente, hemos quedado como el “mal vecino” latinoamericano después de lo ocurrido el 2 de octubre de 2016, día en el que se realizó el plebiscito por la paz; así como se lee, ese fue el mecanismo constitucional elegido por el gobierno actual colombiano y la guerrilla de las FARC para refrendar el acuerdo de paz al que se había llegado, pero ganó el “NO” de los ciudadanos colombianos para apoyar los acuerdos realizados.

Para empezar, describamos quiénes son las partes involucradas en los acuerdos: por un lado, se encuentra el grupo guerrillero más viejo de América Latina y con mayor fuerza en Colombia llamado Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo o como se identifican con sus siglas FARC-EP,  grupo alzado en armas que nació en los años 60’s por campesinos que se  cansaron de la desidia del Estado y la desigualdad social, que vieron como única alternativa tomar las armas para hacerse sentir cometiendo atropellos durante años con crímenes atroces en contra de políticos y ciudadanos del común, como secuestro, narcotráfico, asesinato, etcétera. Fue este panorama en el que nací y crecí, junto a otros muchos, viendo como en el año de 1998 secuestraron a una candidata a la presidencia: sí, fue la guerrilla de las FARC-EP quienes secuestraron a Ingrid Betancourt en plena campaña presidencial y quienes asesinaban a los campesinos sin contemplación alguna.

Por el otro lado de la negociación estuvo Juan Manuel Santos Calderón, Presidente de la República de Colombia, quien fue electo en el año 2010 y reelecto para el periodo 2014-2018, quien ha sido figura política colombiana ocupando cargos ministeriales entre otros en los diferentes gobiernos de turno, quien como política de estado tomó la alternativa de dialogar con la guerrilla para llegar a un acuerdo que beneficiara las partes, política y actitud vista con extrañeza, pues él se desempeñó como ministro de defensa en el periodo del expresidente Álvaro Uribe Vélez, caracterizado por su estilo guerrerista y combativo en contra de la guerrilla. Un hecho para recordar es que el presidente actual era el ministro de defensa cuando ocurrió la invasión de territorio a Ecuador por parte del ejército colombiano.

Ahora, respecto al plebiscito, sumariamente se dirá que es un mecanismo que se encuentra en la Constitución Política de Colombia de 1991, en donde se realiza un control político por parte de la ciudadanía en ejercicio de la soberanía a una ley o a un asunto de relevante importancia para el estado colombiano en donde es necesaria la toma por parte de los votantes de la decisión que se crea adecuada.

Entrando en materia y sin más preámbulos, informo que mi voto, a pesar de ser secreto, fue por la paz, es decir, voté por el sí. Mi argumento es sencillo, lo importante de los diálogos de paz ocurridos en la Habana-Cuba era la desmovilización y entrega de armas por parte de las FARC-EP, pues eso conlleva a que los integrantes dejen de cometer delitos atroces contra los trabajadores de la tierra, contra los ciudadanos del común que sin mayores recursos luchan para vivir; también con ello se acabaría el narcotráfico como fuente de financiación de la guerrilla. Siguiendo con mi argumento, y en contraposición de los que votaron por el no, los demás acuerdos, como la inclusión a la política del grupo guerrillero o la reforma agraria, podían ser discutidos y modificados con posterioridad, aquí solo se buscana una finalidad: ¡ACABAR LA GUERRA! Y sí, en mayúscula para que se crea que lo estoy gritando.

A pesar que, como ya les conté, mi voto fue por el sí, debo admitir que yo fui uno de los confiados que dije que ganaba sobradamente el voto afirmativo de los colombianos, pues desde que salió a la luz pública que los Acuerdos de la Habana iban a ser refrendados por medio de la figura constitucional del plebiscito, se notaba un ánimo en los medios de comunicación y en las calles colombianas que instaba a pensar de manera optimista.

Sin embargo, si puedo señalar una momento en que todo comenzó a cambiar en mí, esa sería el primero (1) de octubre del presente año, cuando me encontraba reunido con otras 5 personas hablando sobre la cotidianidad de nuestras vidas, hasta que llegó el tema espinoso de la paz y su plebiscito, si ese mismo tema que divide tanto en sus argumentos, nos dividió en dos bandos los del sí y los del no, dando lugar a una batalla campal de discusiones sobre los motivos de nuestros votos, en ese momento me di cuenta que el proceso de paz hizo lo peor de Colombia, dividirla en dos bandos estigmatizados, pues los del sí en nuestro concepto éramos los defensores de la paz, pero para el otro bando éramos guerrilleros, en cambio los del no para mi grupo eran unos guerreristas que solo querían el conflicto armado y ellos se veían como los defensores de la paz que no querían entregar el país de cualquier forma.

Esa es mi Colombia, la misma que volvió a caer en su historia, esa misma que siempre ha estado dividida desde el día en el que una turba aclamó a Simón Bolívar por liderar la independencia y a los años lo buscó para matarlo, esa misma que en el Bogotazo vio como moría Jorge Eliecer Gaitán y salió a buscar a quien lo mató, lo desnudó y lo arrastró por toda Bogotá sin contemplación alguna, esa misma que cuando vivía el narcotraficante Pablo Escobar lo aclamó y luego lo entregó, esa misma que cuando estaba el presidente Álvaro Uribe Vélez solo pensaba en acabar con la guerrilla de las FARC atacándolos con bombardeos y se sintió bien por que invadió el país vecino de Ecuador. Es por esto que el plebiscito solo click here nos dejó una división irrompible en Colombia, una división extraña pues de un lado estaba unida la guerrilla y el Estado, por cierto hecho nunca antes visto, y, por el otro, un sector grande de los políticos y ciudadanos que desde el principio estaban en desacuerdo de los acuerdos, llevando todo esto a mi primera conclusión, lo malo no fueron los acuerdos lo malo fue el mecanismo escogido para la refrendación de un tema tan importante para Colombia, y la solución que se debió dar desde el principio era sencilla, incluir en la mesa de dialogo a la parte que no estaba de acuerdo y conversar entre todos, llegar a unos acuerdos incluyentes de los sectores ciudadanos, así nos ahorrábamos ese tema de la votación y división de los ciudadanos.

Ahora, después de analizar los momentos antes de la votación y el mecanismo elegido para refrendar los acuerdos, seguiré con los resultados, llegando al tema más espinoso de todos, como es posible que la decisión más importante para el país tuviera una abstención de más del 62%, es decir de 35 millones de ciudadanos habilitados para votar, 21 millones dejó de hacerlo, la abstención fue grandísima, algo no entendible y sin mayor análisis verdaderamente pues los hechos hablan por sí solos. El otro análisis que se da es que la votación por la negativa de los acuerdos no fue contundente pues 54 mil votos de diferencia no es nada para un tema de tanta importancia, lo que confirma mi argumento de lo único logrado por la votación fue dividir a Colombia en 2 partes iguales, pero con enormes diferencias. Y por último el mapa electoral colombiano quedó dividido de una forma más extraña aun, pues en el centro del país ganó el no, pero en los límites (los mayores afectados por la guerra) y en el exterior de Colombia ganó el sí, lo que evidencia la desconexión entre las ciudades capitales y sus campos.

A pesar de todo, lo anteriormente expresado no es lo más sorprendente, dado que después de efectuadas las votaciones el director de la campaña por el no, confesó que ganó la votación realizando la publicidad con mentiras, sin hacer referencia a los acuerdos ni tampoco explicarlos, lo anterior se evidencia pues los de ese bando simplemente se dedicaron a decir que íbamos a perder soberanía y autonomía con los acuerdos de la Habana, que nos volveríamos Castrochavistas, que por cierto es un término inventado por el ex presidente Uribe Vélez para hacernos creer que Colombia quedaría en la misma situación de Cuba y Venezuela, que los pensionados iban a pagar los acuerdos, que los guerrilleros iban a ganar un millón y medio de pesos mensuales por su desmovilización, aquí también incluyo a los creyentes de unas religiones que se escudaron en la falta de Dios en los acuerdos o que se afectaba la integridad familiar como se encuentra estipulada en la Constitución, hecho insólito pues  eso no era tema de discusión, dando por sentado el juego sucio de los del no, pero los que votamos por el sí también nos equivocamos pues no hicimos nada para remediar la situación, solo nos dedicamos a marchar con camisetas blancas y a entregar flores sin explicarle a los demás que era lo discutido y que era lo que en verdad era dialogado en la habana, que por cierto la guerrilla se acordó de pedir perdón tarde, cuando ya se estaba ad portas de la votación.

En conclusión, el mecanismo de refrendación no fue el adecuado, ganamos un nobel y perdimos días de paz, pues estaríamos en el día veintiséis de desmovilización, pero tranquilos. El presidente se acordó que tenía un país y ahora se va a aprobar una reforma tributaria para pagar más impuestos; los que votamos por el sí no pensamos en el resto de Colombia, los que votaron por el no nunca pensaron en los que luchan día a día en la selva con un fusil en sus manos y lo querían dejar.  En fin, las conversaciones continúan, pero nos hubiéramos ahorrado mucho tiempo si se dialoga desde el principio desde todas los puntos de vista, la esperanza me queda y espero ver mi país sin guerrilla en un año, donde también se llegue a un fin productivo con la guerrilla del ELN. Y por cierto, esto a modo personal, por favor, señor presidente, cuando se llegue a un acuerdo, firme eso y no nos pregunte nada, los ciudadanos no somos irracionales pero sí pasionales, por lo que nos dejamos llevar por el momento.

Escrito por Juan Ricardo Muñoz

Juan Ricardo Muñoz

Abogado por la Universidad de Antioquia (Colombia) , con estudios de especialización en derecho comercial por la Universidad del Rosario.

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