Eleanor Roosevelt y la Declaración Universal de los Derechos Humanos
 
Tras largos periodos de constantes violaciones a los derechos humanos producto de guerras interminables y masacres humanas, el reconocimiento universal y la declaración de los derechos humanos significó un gran paso para su respaldo. El comité encargado para el bosquejo fue presidido por Eleanor  Roosevelt junto con miembros de 18 países; redactada por John Peters Humphrey y posterior revisión por René Cassin, de tal forma, la tercera Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos el 10 de diciembre de 1948 en la ciudad París, contando con el respaldo unánime de hasta 56 miembros de la ONU, salvo Sudáfrica, Arabia Saudita y la Unión Soviética, pues se abstuvieron.

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Los servicios ecosistémicos forestales de almacenamiento de carbono (REDD +) en el Perú

Los servicios ambientales o ecosistémicos no son otra cosa que los beneficios que proporcionan a los seres humanos las funciones de los ecosistemas y demás componentes del ambiente, sea porque le proveen de bienes y condiciones necesarios para el desarrollo de su vida o porque impiden eventos que la ponen en riesgo o disminuyen su calidad[1].

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Comentarios a la Ley regula el uso Medicinal y Terapéutico del Cannabis y sus derivados

«La ilegalidad del cannabis es escandalosa, es un impedimento para la plena utilización de una droga que ayuda a producir la serenidad, el conocimiento, la sensibilidad y el compañerismo que tanto se necesitan en este mundo cada vez más loco y peligroso».[CARL SAGAN][2]

Hace unos días, con fecha 19 de octubre de 2017, el Pleno del Congreso de la República del Perú aprobó por mayoría (64 votos a favor, 4 en contra y 3 abstenciones) el uso medicinal del cannabis.

En las siguientes líneas, ofreceremos nuestra opinión jurídica sobre algunos aspectos legales de la Ley que regula el uso medicinal y terapéutico del cannabis y sus derivados; específicamente, la finalidad de la ley, las autoridades competentes, los registros, el derecho de acceso a la información, el protocolo de tratamiento médico, el procedimiento administrativo sancionador y la modificación del artículo 296-A.

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Si Perú va al mundial, ¿Qué oportunidades se abren para los emprendedores?

El presente artículo parte de una premisa: que Perú está cerca de ir a un Mundial. Si bien nos preocupa (y apena) a todos la suspensión de Paolo Guerrero, el líder indiscutido de este proceso, somos optimistas y creemos que tendremos un resultado positivo en el repechaje frente a Nueva Zelanda. A partir de ello, evalúa las oportunidades de negocio que se abren para los emprendedores. Además, el artículo motiva al lector a identificar oportunidades de hacer dinero.

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La posesión precaria en el Pleno Jurisdiccional Distrital Civil de Huánuco: ¿más de lo mismo?

Era usual que en los procesos de desalojo el demandado se defendiera presentando un título que en apariencia le otorgaba el derecho a poseer (un arrendamiento, una compraventa o una donación), cuando en realidad se trataba de un documento adulterado que contenía un acto nulo. Cuando el demandante hacía notar ello, el demandado se defendía señalando que dicha cuestión (la nulidad del título) debía ser vista en un proceso de conocimiento y no dentro del desalojo. Frecuentemente, los jueces admitían este argumento y desestimaban la demanda, obligando al demandante a iniciar un proceso de nulidad de acto jurídico o una reivindicación en donde se pudiera discutir la validez del título posesorio del demandado.

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Vestigios de una tarea pendiente: la protección de portadores de las manifestaciones del Patrimonio Cultural Inmaterial en el Perú

Cuando oigo la interrogante de por qué es el Patrimonio Cultural jurídicamente importante, se me ocurre una respuesta simple: porque representa en esencia un medio de garantía de derechos fundamentales. Asimismo, si de importancia hablamos, podemos afirmar que el Patrimonio Cultural Inmaterial ha tomado mayor importancia en la discusión a nivel internacional recién a inicios del siglo XXI con la promulgación de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Esto se debe principalmente a la globalización y a la época de conectividad por la cual estamos atravesando.

La pregunta que surge ahora es cuáles son los derechos fundamentales que se garantizan con la protección del Patrimonio Cultural Inmaterial. Si hablamos del particular caso peruano, tenemos los que se mencionan a continuación:

  1. Derecho a participar de actividades culturales[1]: Por medio de la participación en actividades del Patrimonio Cultural, se garantiza el derecho a la participación en forma individual o asociada, en la vida política, económica, social y cultural de la sociedad.
  2. Derecho de acceso a la cultura[2]: Por medio de la participación de actividades relativas al Patrimonio Cultural, las personas ejercen su derecho fundamental a la libertad de creación intelectual, artística, técnica y científica, así como a la propiedad sobre dichas creaciones y a su producto (propiedad intelectual). Asimismo, el Estado es un garante del acceso a la cultura, y por lo cual es el principal responsable de fomentar su desarrollo y difusión.
  3. Derecho a la identidad étnica y cultural[3]: La identidad étnica puede entenderse como aquella individualización que generan determinadas prácticas culturales y costumbres de una sociedad. Todos nos hemos identificado alguna vez con alguna costumbre intangible de nuestro país: la música, la comida, el idioma, el deporte, etc. Esa identidad es reconocida y debe ser protegida por el Estado, y demuestra la existencia de una pluralidad étnica y cultural en nuestro país.
  4. Libre desarrollo de la personalidad[4]: Mediante la participación en actividades culturales relativas al Patrimonio Cultural Inmaterial, se hace posible ejercer nuestra autonomía para decidir en los asuntos que sólo le atañen a cada uno como individualidad racional. La práctica de actividades culturales nos conecta con nuestra autoconcepción y nos reafirma en nuestras propias decisiones.

Asimismo, la protección del Patrimonio Cultural asegura valores constitucionales como la diversidad[5], en la medida que el Patrimonio Cultural Inmaterial es un medio para que todas las personas desarrollen libremente y sin impedimentos sus ideas y costumbres. Al reconocer el Estado una manifestación de Patrimonio Cultural Inmaterial, reconoce a su vez la existencia de ciudadanos que la portan y practican, por lo cual se hace responsable directo de garantizar sus derechos.

Dicho todo lo anterior, es necesario apagarnos la sonrisa y observar que, a pesar que hay garantías constitucionales que amparan al Patrimonio Cultural Inmaterial y a quienes ejecutan sus manifestaciones, aún no podemos decir que la batalla ha sido ganada. Por hablar de números, en Perú solo el 1.58% de actividades que contribuyen al PBI son actividades culturales. Por otra parte, solo el 4.3% de empleos en nuestro país tiene una base cultural, y una gran cantidad de estos tienen una condición deficiente e inestable, lo cual nos coloca en un lamentable panorama de precariedad para el empleo cultural.

Y si hablamos de aspectos puramente normativos, es indispensable mencionar que nuestro país no cuenta con una regulación de la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Nuestra ley de Patrimonio Cultural de la Nación y su Reglamento tienen a penas una escueta definición del Patrimonio Cultural Inmaterial y, por si esto fuera suficiente, la mayoría de la reglamentación se encarga de tratar el Patrimonio Cultural Material, y realiza un incisivo realce en el Patrimonio Arqueológico. Esta situación, además de ponernos en una clara posición de incertidumbre normativa, nos demuestra una vez más que para la Administración Pública, la “cultura” solo es la historia, mas no el presente, hecho que nos merecería una discusión más profunda, pero para no excedernos, seguiremos.

Ahora bien, si hablamos de Patrimonio Cultural Inmaterial es necesario hablar de los “portadores”. Este término es una jerga para antropólogos, sociólogos, comunicadores y gestores culturales, pero curiosamente no es conocida por nuestras normas, por lo que menos aún por nuestros legisladores y por los operadores del derecho en general. Un portador de las manifestaciones de Patrimonio Cultural Inmaterial se define entonces  como aquella persona que “porta” o “ejecuta” una determinada manifestación. Es básicamente aquel individuo mediante el cual se manifiesta el Patrimonio Cultural Inmaterial, es por ello que se hace imprescindible para su existencia. Por poner algunos ejemplos: para un idioma, el portador es el hablante; para una danza, el portador es el bailarín, el coreógrafo y quien fabrica su traje; para un estilo de música, el portador es quien elabora el o los instrumentos, quien  ejecuta la melodía y quien la compone. No es posible hablar de una manifestación de Patrimonio Cultural Inmaterial si no hablamos de sus portadores.

La pregunta que sigue a continuación es ¿quién protege a estos portadores? Un constitucionalista dirá optimista “la Constitución”, un civilista dirá segurísimo “el régimen jurídico privado”. Lo cierto es que al día de hoy, no hay ningún régimen normativo que habilite políticas públicas de protección a los portadores de manifestaciones culturales, más allá que lo dispuesto por nuestra Constitución.

Para poner sobre la mesa un ejemplo que contextualice esta problemática, comentaré una situación cuasi personal. La Festividad de la Virgen de la Candelaria tiene como locación la ciudad de Puno en el mes de febrero y es por muchas razones uno de los carnavales más grandes en el sur andino peruano. Congrega a más de 100,000 danzarines, músicos, bordadores y turistas en solo dos semanas y en el 2014 ha sido reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Cada nuevo año que pasa, es posible observar que la cantidad de portadores de esta manifestación se multiplica. Deseo hacer especial énfasis en aquellos portadores de esta manifestación que no residen en la ciudad de Puno y que, año a año, ahorran sin retribución a cambio su dinero para poder viajar y ser parte de la festividad. En ese sentido, es claro observar que tanto los hospedajes como los medios de transporte para llegar al destino colapsan en estas épocas. Como debería ser lógico, a la par de este aumento de demanda por las fiestas, la oferta de servicios tendría que crecer, no obstante, esto no sucede así.

Hasta hace unos años, en el aeropuerto Inca Manco Capac de la ciudad de Juliaca –el único en el departamento de Puno- era posible encontrar de tres a cuatro empresas que ofrecían la ruta directa Lima – Juliaca. No obstante, al día de hoy solo existen dos aerolíneas y los precios en las fechas de fiesta están más caros que un vuelo Lima – Santiago de Chile. ¿En qué afecta esta situación a un portador? Un danzarín portador de esta manifestación de Patrimonio Cultural Inmaterial -reconocida por el Estado y la UNESCO- está totalmente desprotegido y a la merced de precios altísimos, que dificultan cumplir con su objetivo de participar en esta festividad, lo cual afecta también derechos culturales en la medida que se dificulta el acceso a estas actividades. Y, lo que es peor, no hay a quien acudir.

Es necesario que el Estado no solo se preocupe por las manifestaciones de Patrimonio Cultural Inmaterial reconociéndolas, difundiéndolas y estudiándolas, sino que se encargue de proteger a quienes están detrás de la existencia de éstas. Recordemos que el Patrimonio Cultural Inmaterial es defendible en la medida que mediante esta acción se protegen derechos fundamentales reconocidos por nuestra Constitución. Es por esta razón que aún hay mucho por hacer.


(*) Fuente de Imagen: Orlando Gonzales Gamarra

[1] Artículo 2°, numeral 13 de la Constitución Peruana.

[2] Artículo 2°, numeral 8 de la Constitución Peruana.

[3] Artículo 2° numeral 19 de la Constitución Peruana.

[4] Artículo 2° numeral 1 de la Constitución Peruana.

[5] Artículo 17.- Obligatoriedad de la educación inicial, primaria y secundaria (…)El Estado garantiza la erradicación del analfabetismo. Asimismo fomenta la educación bilingüe e intercultural, según las características de cada zona. Preserva las diversas manifestaciones culturales y lingüísticas del país. Promueve la integración nacional.

Daniel Alomía Robles: célebre compositor de “El cóndor pasa”
final
Daniel Alomía Robles fue un reconocido compositor y musicólogo peruano, de honda raigambre andina. Sin lugar a dudas, fue el primer compositor peruano que basó su trabajo de constructor musical en la investigación y estudio constante de los materiales sonoros nativos, específicamente, andinos. Su trabajo creativo encontró en los géneros populares, en la canción y en las breves piezas pianísticas efectivos canales de expresión mezclados en sencillas y espontáneas estructuras formales.
Daniel Alomía Robles es autor de la célebre composición musical “El cóndor pasa”, cuyo libreto es obra del dramaturgo limeño Julio Baudouin. El 16 de marzo de 2004, mediante Resolución 219/INC del Instituto Nacional de Cultura, “El cóndor pasa” fue declarado como Patrimonio Cultural de la Nación por contener conceptos originales de música, estar dedicada a fortalecer nuestra identidad cultural y contribuir al desarrollo de temas clásicos del folklore nacional. La misma resolución, también, declaró de interés cultural la vasta obra de Daniel Alomía Robles, quien produjo un aproximado de 900 creaciones musicales.
La melodía de “El Cóndor pasa” es una zarzuela dramática, de ritmo lento a manera de pasacalle, melodía folk o fox-incaico (canto andino), que al final termina con una fuga parecido al huayno. Además, la obra relata los abusos de una clase extranjera dominante sobre un grupo de indígenas, que son explotados en las minas de la región andina de Cerro de Pasco, en el centro de Perú, y cómo estos últimos se levantan y se liberan de la opresión. El vuelo de un cóndor sobre el poblado, al final de la obra, es una metáfora de la libertad.

 

Claves para salvaguardar el patrimonio cultural inmaterial de los pueblos indígenas

  1. Alcances generales

Los conocimientos tradicionales están referidos a los conocimientos, innovaciones, y prácticas tradicionales relacionadas a los saberes que poseen los pueblos indígenas sobre las relaciones y prácticas sobre su entorno, los cuales son transmitidos de generación en generación de manera oral (De la Cruz y otros 2005:11). En ese sentido, los saberes y las prácticas de los pueblos indígenas están relacionadas a las aplicaciones de la biodiversidad en general[1], lo cual marca la diferencia con las manifestaciones culturales referidas al folclore propio de estas comunidades como las danzas, las formas de artesanía y los rituales que practican.

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