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Algoritmos y pluralidad informativa ¿Internet atacando la democracia?

Les invito a abordar el presente artículo realizando un breve ejercicio previo. De las 20 últimas noticias que nos enteramos, ¿Cuántas provinieron de Internet (redes sociales, Google News, correo electrónico, etc.? ¿Cuántas de la televisión? ¿Cuántas de la radio? Es muy probable que, antes de leer este artículo, usted se haya enterado de alguna noticia previa a partir de tu feed de Facebook.

Cuando decidimos informamos a través de los medios “tradicionales”, sentimos que tenemos el poder de elegir qué ver o qué medio consumir. Así, en ejercicio de nuestra libertad de expresión e información, decidimos si comprar tal o cual periódico; o si ver el canal 4 o el canal 9; o qué emisora sintonizar. Sin embargo, ¿Nos hemos puesto a pensar sobre si tenemos algún nivel de control respecto de las noticias e informaciones que recibimos a través de Internet y, más específico, redes sociales? ¿Por qué tal o cual vídeo me aparece en las recomendaciones de YouTube o por qué tal o cual noticia aparece en Facebook? ¿Qué implicancias tiene ello para nuestras libertades informativas? ¿Ello puede poner en riesgo nuestro sistema democrático? En el presente artículo abordaremos dichas preguntas y plantearemos problemáticas al respecto.

 
  1. Sobre algoritmos, burbujas y redes sociales

Las noticias e informaciones que aparecen cuando usamos Google News, o cuando entramos a Facebook, Twitter o YouTube, son recomendadas a través de algoritmos diseñados por los programadores de cada respectiva red social. “Los algoritmos son conjuntos de reglas para  realizar operaciones”[2]. De manera muy sencilla, podemos definir a los algoritmos como una “serie de instrucciones sencillas que se llevan a cabo para solventar un problema (…) un [c]onjunto de reglas que, aplicadas sistemáticamente a unos datos de entrada apropiados, resuelven un problema en un número  finito de pasos elementales”[3].

Tal vez sea más sencillo aprehender dicho concepto a partir de un ejemplo: el famoso algoritmo de Facebook. Para que Facebook decida qué información mostrarte en tu página de inicio, usa un algoritmo que, a partir del análisis de miles de datos, te ofrece una noticia. Es decir, toma en cuenta tus interacciones, las noticias que leíste previamente, tu ubicación geográfica, tus contactos, etcétera. A partir de dicha información, el algoritmo decide qué contenido se te presenta y el orden del mismo. Lo mismo hace el predictor de textos de tu celular cuando estas escribiendo un mensaje.

En este orden de ideas, es sabido que los algoritmos que se usan en redes sociales (por ejemplo, para identificar qué video aparece como recomendado o que posts aparecen en las búsquedas de Instagram) “no son neutrales ya que trabajan sobre la base de búsquedas y preferencias anteriores; el algoritmo selecciona información que cree que agradará y evita la que no”[4]. En efecto, la información que se nos enseña es la que va de acuerdo a nuestras preferencias y gustos, los cuales son deducidos a partir de nuestro actuar previo en Internet.

Esta intención, la de proveer al usuario la información que se considere más “relevante” para él, es decir, la de enseñar todo aquello que le parezca más agradable de acuerdo a sus gustos, es, en principio, inofensiva[5] y está orientada a brindar una mejor experiencia al usuario de la red social. En efecto, muy pocas personas usarían una red social si la información o contenidos que se le proporcionan resultan desagradables u ofensivos.

No obstante, esta propuesta, en principio buena, puede generar distorsiones en torno a cómo nos informamos y cómo vamos percibiendo la realidad. “Los algoritmos generan ecosistemas virtuales que reflejan opiniones afines, en muchos casos generando que la gente se crea su propia verdad”[6]. Así, estos tienden a agrupar a quienes piensan igual y, a la larga, genera que una persona solo termine consumiendo información que va de acuerdo a sus opiniones y pareceres (reforzando, tal vez, sus sesgos y prejuicios).

Esta situación es conocida como las filter bubbles (burbujas de filtro o burbujas de información). Estas filter bubbles, “como su nombre lo dice, dejan a los usuarios inmersos en una burbuja, donde ven o leen sólo lo que está de acuerdo con su punto de vista”[7].  Las burbujas informativas son, pues, consecuencia de

(…) los algoritmos que consideran las preferencias de cada usuario, para finalmente dejarlo inmerso en una burbuja, donde tiene acceso sólo a lo que está de acuerdo con sus gustos y opiniones, sin nada que lo contradiga. Éstas sólo permiten que se refuercen las creencias personales de quienes se informan por redes sociales e Internet, donde también las noticias falsas -sin importar su procedencia- logran credibilidad, ya que son “informaciones” que fortalecen los puntos de vista ya adquiridos y no una perspectiva diferente del tema.[8]

Esta situación, en la que una persona solo recibe o le es suministrada un determinado tipo de corriente de información o un único parecer político sobre determinado tema  puede resultar, como veremos, problemático para nuestro sistema democrático. En efecto, ¿no es la formación de una opinión libre en base a una pluralidad informativa un componente esencial de nuestro sistema constitucional? Analizaremos este aspecto (el de la pluralidad informativa) que resulta problemático hoy en día en redes sociales, sin entrar a analizar a fondo un problema constitucional que suele ir de la mano y que puede ser aún más grave: el de la difusión de las noticias falsas (fake news).

Sobre esto último, vale decir que, si ya de por sí es poco deseable que una persona reciba un único tipo de información, es aún más problemático que la información que esta persona reciba sea información falsa o no contrastada. Un ejemplo de esta burbuja de desinformación que terminó incidiendo en el futuro de un país es, y también el primer caso, lo sucedido con el Brexit de Reino Unido (otro ejemplo es lo sucedido con las elecciones presidenciales en las que ganó Donald Trump). Las noticias falsas, enmarcadas dentro de esta burbuja, lo que generaron es reforzar creencias y posiciones políticas: “con tantas fake news circulando, más que entregar informaciones con un punto de vista distinto que abriera el debate y la reflexión, sólo reforzaron las opiniones de los usuarios de Facebook a favor o en contra de un determinado candidato”[9].

Ahora bien, pasemos al punto de reflexión del presente texto: el pluralismo informativo.

 
  1. Libertad informativa y pluralismo informativo en el Perú

Antes de analizar nuestro marco constitucional en torno a las libertades informativas y su papel en nuestra democracia, creemos que es importante, con cifras, analizar cuánto de nuestro sistema constitucional se puede ver afectado.

En Perú, el 80% de los peruanos tenemos acceso a Internet[10] (ya sea por teléfono móvil, Internet fijo, cabinas, etcétera). Ahora bien, de ese 80%, el 93% usa Internet (redes sociales) para buscar información de interés o noticias[11]. Es decir, aproximadamente el 74% de peruanos usa Internet y redes sociales para informarse. Por lo tanto, cómo influye Internet (y las redes sociales) en el proceso informativo de los peruanos es trascendente, ya que siete de cada diez peruanos se informa a través de medios digitales.

Decimos que esto es trascendente también para nuestro sistema constitucional porque el recibir información es parte de la libertad de información y, tal como lo indica el Tribunal Constitucional peruano:

(…) las libertades de expresión e información, "tienen el carácter de derechos constitutivos por antonomasia para la democracia. Constituyen el fundamento jurídico de un proceso abierto de formación de la opinión y de la voluntad políticas, que hace posible la participación de todos y que es imprescindible para la referencia de la democracia a la libertad”. (cfr. Böckenforde, Erns Wolfgang, Estudios sobre el Estado de Derecho y la democracia, Trotta, Madrid, 2000, p. 67)[12].

Así, las libertades de expresión e información se constituyen en “piedra angular en la existencia misma de una sociedad democrática.  Es  indispensable para la formación de la opinión pública. Es también conditio sine qua non para que los partidos políticos, los  sindicatos, las sociedades científicas y culturales, y en general quienes deseen influir sobre la colectividad, puedan desarrollarse plenamente.  Es, en fin, condición para que la comunidad, a la hora de ejercer sus opciones, esté suficientemente informada.  Por ende, es posible afirmar que una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre”[13]. De esta manera, bien ha hecho el Tribunal Constitucional peruano al afirmar que “(…) libertades informativas son, al tiempo que derechos subjetivos, garantías institucionales del sistema democrático constitucional”[14].

Es importante, pues, para el Estado constitucional, que la formación de la opinión sea libre y, para ello, es necesario garantizar que todas las informaciones y opiniones circulen libremente. Así, es la propia persona quien va formando su parecer en base a las distintas fuentes de información que se encuentran a disposición (los distintos medios de prensa escrita, de televisión o de radio). De esta manera, para que esta opinión esté libremente formada, se requiere cierto nivel de pluralismo en torno a las fuentes de información que la persona puede acceder.

(….) no existe democracia sin pluralismo. El libre desarrollo de la personalidad y las libertades de conciencia, opinión y expresión, son las vertientes subjetivas a través de las cuales se garantiza el pluralismo como valor democrático. La garantía del pluralismo es la manera cómo las sociedades democráticas se ponen a buen recaudo de la aparición de algo así como una “tiranía de los valores”, conforme a la cual una mayoría poderosa, bajo el argumento de haber descubierto una supuesta verdad dogmática, sojuzga el pensamiento y la acción de una minoría que se aparta de ella, la cual, por vías pacíficas y democráticas, busca canalizar sus dudas hacia esa verdad aparente, tentando su reexamen en una relación dialógica.[15]

Dicho pluralismo está garantizando constitucionalmente en sus diversas manifestaciones: pluralismo cultural, étnico, religioso, político, etcétera. Dentro de estos, nos interesa resaltar uno: el pluralismo informativo, el cual está recogido, a parecer del Tribunal Constitucional, en el artículo 61° de la Constitución:

El Estado facilita y vigila la libre competencia. Combate toda práctica que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley ni concertación puede autorizar ni establecer monopolios. La prensa, la radio, la televisión y los demás medios de expresión y comunicación social; y, en general, las empresas, los bienes y servicios relacionados con la libertad de expresión y de comunicación, no pueden ser objeto de exclusividad, monopolio ni acaparamiento, directa ni indirectamente, por parte del Estado ni de particulares.

Ahora bien, llegados a este punto, cabe retomar lo expresado líneas atrás: ¿los algoritmos en redes sociales y las burbujas de filtro informativo permiten que una persona reciba información plural? Como sabemos, los algoritmos generan que un usuario de redes sociales solo reciba información que le es agradable o que refuerce sus ideas/creencias previas. ¿Le es posible a Ud. recordar la última vez que leyó una noticia o que le apareció una columna de opinión o un post en Facebook que sea totalmente contrario a lo que cree? Seguro que los hay, pero son los menos.

Es importante preguntarnos, pues, si esta situación (la de los algoritmos que personalizan la información que uno recibe) es contraria al pluralismo informativo constitucionalmente garantizado.

Para el Tribunal Constitucional, el pluralismo informativo tiene su principal concreción en “la prohibición dirigida al Estado y a los particulares, de monopolizar o acaparar los medios de comunicación social”[16]. Esta disposición se desprende del artículo 61° enunciado previamente. Dicha protección de la pluralidad informativa es tan trascendente que incluso la libre competencia (y demás libertades económicas) deben ceder ante el valor de protección del libre y plural flujo de ideas y hechos noticiosos, flujo que es llevado a cabo a través de los distintos medios de comunicación social[17]. En buena cuenta, el pluralismo informativo implica que “[n]i los medios de comunicación, ni, en general, los bienes o servicios relacionados con ellos, pueden ser objeto de monopolio o acaparamiento por parte del Estado o de particulares”[18].

Para la Corte Interamericana de Derechos Humanos, los medios de comunicación social son necesarios para materializar la libertad de expresión

Para ello es indispensable, inter alia, la pluralidad de medios, la prohibición de todo monopolio respecto de ellos, cualquiera sea la forma que pretenda adoptar, y la garantía de protección a la libertad e independencia de los periodistas (…). [N]o sería admisible que, sobre la base del derecho a difundir informaciones e ideas, se constituyeran monopolios públicos o privados sobre los medios de comunicación para intentar moldear la opinión pública según un solo punto de vista.[19]

Así, pues, esta prohibición establecida tanto por la Constitución como por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (la cual interpreta la Convención Americana sobre Derechos Humanos), “resulta fundamental para garantizar el pluralismo informativo, y, consecuente, las libertades de expresión e información, imprescindibles para garantizar una sociedad democrática”[20].

 
  1. ¿Afectación del pluralismo informativo en la era digital?

Expuesto el pluralismo informativo y los mandatos y prohibiciones que este implica, podemos responder la pregunta planteada previamente sobre si los algoritmos en redes sociales afectan dicho valor constitucional. Creemos que, en principio, no lo afectan (o al menos no en cómo está protegido el pluralismo informativo en nuestra Constitución).

En efecto, el pluralismo informativo, tal como está concebido, está orientado a que no exista concentración (ni en el Estado ni en los particulares) de medios de comunicación (mecanismo a través del cual se hace efectivo, en gran medida, las libertades de expresión e información). Así, lo que se prohíbe es el monopolio de la información. Dicha situación es comprobable en los hechos: se da cuando un solo grupo empresarial concentra la gran mayoría de medios de comunicación (radiales, escritos, televisivos) o cuando el Estado monopoliza los medios de comunicación, constituyéndose este en el único medio informativo.

No obstante, la problemática que abordamos en el presente texto tiene otro supuesto. No es que exista solo una fuente de información (el Estado o una empresa) que nos ofrezca hechos u opiniones, quitándonos la libertad de elegir entre las distintas ofertas informativas en el mercado. En este caso, sigue manteniéndose la pluralidad de fuentes de información. Lo que los algoritmos hacen es ofrecernos cierto tipo de información. La pluralidad informativa (tal como está formulada en la Constitución) se mantiene, lo que sucede en este caso es que existe un algoritmo que selecciona la información por y para nosotros (en base a nuestros gustos y preferencias) en determinada plataforma o red social.

Como vemos se mantiene la pluralidad de fuentes informativas y, de hecho, gracias a Internet, se amplían de manera exponencial. Lo que cambia es que el algoritmo de la plataforma en la que nos encontremos nos recomienda cierta información que no tiende a ser plural: nos da a consumir información que va de acuerdo a lo que pensamos. ¿Es esto una sustitución de nuestra libertad de elegir qué información consumir por parte de la plataforma –Facebook o Twitter- a través de sus algoritmos? Pero, acaso, ¿No somos nosotros mismos quienes brindamos de datos e información al algoritmo para que nos recomiende algo? Son todas interrogantes cuya respuesta excede la extensión del presente texto.

No obstante, llegados a este punto, cabe afirmar lo siguiente: somos nosotros, en principio, quienes generamos esta burbuja informativa. Nuestros gustos, preferencias e interacciones indican al algoritmo qué publicación/hecho/opinión/información ofrecernos, y nosotros no rechazamos ello porque tendemos a consumir con mayor agrado aquella información que reafirme nuestras posiciones, creencias, ideas o prejuicios. Ahora bien, esto no implica, ni mucho menos, que la situación antes descrita no constituya una amenaza a nuestro sistema constitucional.

Para ello, como muestra, lo siguiente:

  1. Es sabido el rol que jugaron las fake news en las elecciones de Donald Trump, en el referéndum del Brexit y, más recientemente, en la elección de Jair Bolsonaro en Brasil y en parte de las elecciones Municipales en Lima. Si la información que el algoritmo me presentará no solo no es plural y solo refuerza mis creencias, sino que puede ser información falsa, la opinión política que una persona se puede formar estaría construida sobre premisas falsas y, por tanto, la decisión política que tome no será necesariamente la más correcta.
  1. Las burbujas de filtros de información fragmentan a la sociedad e impiden la formación de opinión plural que permita el debate y la deliberación, ambos componentes esenciales del sistema democrático. En efecto, en la medida que nos vemos abrumados por unas cantidades de información y opiniones que únicamente refuerzan nuestras ideas, las posiciones políticas tienden a fragmentarse más al no tener acceso a la opinión del otro.

Pensemos en uno de los temas que más dividen a la sociedad peruana actualmente: el enfoque de género. Pongámonos en los zapatos de quienes creen en la “ideología de género” y que esta va a “homosexualizar” a los niños. Realmente ¿Cuánta información plural reciben? ¿Se les ofrece fuentes de información, opiniones o hechos que sean distintos a su parecer? Si el 74% de peruanos se informa a través de las redes sociales, ¿La información a la que tienen acceso es plural? ¿Los algoritmos favorecen que uno conozca puntos de vista distintos?

Esta situación de fragmentación impide un debate democrático real. Cada cual llega con sus opiniones o sesgos y recibe, una y otra vez, el mismo tipo de información que va a reforzar estas posturas. Así, se constituyen verdades dogmáticas que fragmentan a la sociedad y la libertad de información no cumple su objetivo: formar una opinión pública libre.

Internet y las redes sociales, pues, paradójicamente, a la vez que potenciaron infinitamente las libertades de expresión e información, también tienden a debitarlas al no ofrecer información plural al usuario. Así, sin información plural, el sistema democrático no se ve realmente garantizado.

 

Reflexiones finales

Finalmente, es menester aclarar que cuando se redactó la Constitución no se tenía en cuenta ni la dimensión ni las implicancias de la era digital, de las redes sociales y mucho menos de los algoritmos en la formación de la opinión pública. En base a ello, ¿cabe reinterpretar la pluralidad informativa y sus alcances en base a la era digital? Si esto es así, ¿Qué mandatos o prohibiciones se pueden generar? ¿Se puede obligar que los diseñadores de algoritmos o las plataformas de redes sociales busquen que estos algoritmos no segreguen tanto la información y sean más plurales? ¿Qué se puede exigir frente a la difusión de información falsa –fake news-? ¿Qué nivel de responsabilidad tienen las plataformas?

Por lo pronto, el Tribunal Constitucional, en una reciente sentencia[21] ha establecido los deberes del Estado frente a las libertades comunicativas. Así, entre estas, indicó que existe el deber, durante el proceso comunicativo, de “garantizar que no exista interferencia ni coacción de ninguna naturaleza contra quienes ejercen legítimamente las libertades comunicativas”[22]. ¿Podríamos entender que los algoritmos –o las plataformas que los implementan- representan una interferencia en el proceso comunicativo (entre la persona y el medio de comunicación)? De ser así, ¿Esta sería una interferencia legítima o ilegítima? ¿Si es legítima, qué exigencias se pueden establecer en base a ello? ¿Si es ilegítima, lo es porque el algoritmo “reemplaza” nuestra libertad de elección? Las problemáticas que generan dicha situación están planteadas y por la extensión del presente texto no es posible abordarlas ahora. Sin embargo, quedan puestas para futuras investigaciones de quienes, como el que escribe, están interesados en la irrupción del mundo digital en los sistemas constitucionales.

En tanto, ¿qué podemos hacer nosotros? Creemos que siempre es bueno recurrir a fuentes de información y leer posiciones o pareceres que sean contrarios a los nuestros o que incluso nos puedan resultar ofensivos. Ya sea por hate reading o porque uno busca confrontar posiciones o por pura curiosidad intelectual, siempre es bueno conocer qué piensa el otro(a), por qué lo hace y cómo ello puede reforzar nuestra posición o, en todo caso, matizarla o cambiarla. La mentalidad abierta a distintas ideas es pilar esencial y garantía de un debate democrático en un Estado constitucional.


Fuente de imagen: https://www.google.com/search?q=las+filter+bubbles&rlz=1C1AZAA_enPE748PE748&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjLo-6nv-nhAhXMFLkGHawUBScQ_AUIDigB&biw=1680&bih=939#imgrc=eEGrTgwp1sMI5M: Bibliografía:

[1]* Bachiller en Derecho por la PUCP. Miembro del Equipo de Investigación de Gaceta Constitucional. Coordinador General de Perspectiva Constitucional. Ha sido Director de la Comisión de Publicación de la Asociación Civil Foro Académico.

[2] AZNAR, Federico. “Algunas reflexiones sobre la posverdad desde la perspectiva de la seguridad”. Boletín Electrónico Instituto Español de Estudios Estratégico, N°, 2018, p. 5.

<http://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2018/DIEEEA22-2018_Posverdad-SegNacional_FAFM.pdf>

[3] El País. “En realidad, ¿qué [...] es exactamente un algoritmo?”.

<https://retina.elpais.com/retina/2018/03/22/tendencias/1521745909_941081.html>

[4] AZAR, Fabricio. Loc. Cit.

[5] Técnica conocida también como microtargetting. Esta consiste en algoritmos estadísticos que “analiza[n], individualiza[n] y agrupa[n] a los usuarios según los deseos, creencias o expectativas manifestadas por estos, y ofrece de modo acorde bienes, objetos y servicios”. Íbidem.

[6] GOOCH, Anthony. “En pos de las verdades”. La era de la posverdad: realidad vs. percepción. Uno, p. 15, 2017.

<https://www.revista-uno.com/wp-content/uploads/2017/03/UNO_27.pdf>

[7] MUÑOZ, Priscilla. “Medios de comunicación y posverdad: Análisis de las noticias falsas en elecciones presidenciales de EEUU de 2016”. Trabajo Fin de Máster en Medios, Comunicación y Cultura, Universitat Autónoma de Barcelona, p. 45, 2017.

<https://ddd.uab.cat/pub/trerecpro/2017/hdl_2072_293813/TFM_Priscilla_Munoz.pdf>

[8] Íbidem.

[9] Íbid.

[10] El Comercio. “El consumo de Internet sigue creciendo en Perú”.

<https://elcomercio.pe/tecnologia/actualidad/consumo-internet-sigue-creciendo-peru-sergio-sicheri-noticia-576028>

[11] Gestión. “El 93% de peruanos usan las redes sociales para buscar noticias o información de interés”

<https://gestion.pe/tecnologia/93-peruanos-redes-sociales-buscar-noticias-informacion-interes-100277>

[12] STC Exp. 00015-2010-PI/TC, f.j. 17.

[13] Corte Interamericana de Derechos Humanos, La Colegiación Obligatoria de Periodistas (Arts. 13 y 19 Convención Americana sobre Derechos Humanos), Opinión Consultiva OC-5/85, párr. 47-48. Anexo A.

[14] STC Exp. 00015-2010-PI/TC, f.j. 18.

[15] STC Exp. 00015-2010-PI/TC, f.j. 20.

[16] STC Exp. 00015-2010-PI/TC, f.j. 21.

[17] STC Exp. 00015-2010-PI/TC, f.j. 23.

[18] Íbidem.

[19] Corte Interamericana de Derechos Humanos, Opinión Consultiva N.º 5/85, ob. cit., párr. 34.

[20] STC Exp. 00015-2010-PI/TC, f.j. 27.

[21] STC Exp 03079-2014-PA/TC, caso “El Gato SAC”.

[22] Íbid., f.j. 52.

Escrito por Dilmar Villena Fernandez Baca

Bachiller en Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Miembro de la Liga Juvenil de Defensa de Internet y de Perspectiva Constitucional. Ex director de la Comisión de Publicaciones de la Asociación Civil Foro Académico.