Bicameralismo ciego y representación territorial: ¿una oportunidad perdida? Visualizando posibles problemas de unidad territorial en el Perú

El Presidente de la República, Martín Vizcarra, ha manifestado su posición en contra de la reforma sobre la bicameralidad propuesta por el Congreso de la República. Entiende que su propuesta inicial ha sido desnaturalizada[1]. Por ello, sostiene su posición en contra de dicha reforma.

Consideramos que el debate previo –y posterior– en torno a la reforma bicameral –tanto el reciente como el de años antes- es deficiente en torno a su enfoque. En efecto, la cuestión a discutir que siempre se plantea es sobre si el país necesita bicameralismo. Consideramos dicho enfoque errado, pues la pregunta a responder tendría que ser qué tipo de bicameralismo necesita nuestro país.

El primer enfoque, centrado únicamente en si es conveniente o no un parlamento bicameral, parece obviar que existen distintos tipos de sistemas bicamerales. Más aún, parece ser que quienes abogan, ciegamente, a favor del sistema bicameral asumen que existe un solo modelo bicameral idóneo para el país ¿cuál? ¿cuáles son los otros modelos bicameralistas? ¿este modelo defendido ciegamente es realmente idóneo?

En el presente breve texto se buscará dar respuesta a dichas preguntas.

Los tipos de sistema bicameral

Como bien indicamos previamente, existen distintos tipos de sistemas bicamerales que se caracterizan en base a qué representan o qué funciones cumple el Senado o la “Cámara Alta”. Así, existe una clasificación[2] según la cual se sostiene que existen modelos bicamerales en los cuales las segundas Cámaras pueden ser políticas o económicas. Dentro de las políticas encontramos la segunda cámara aristocrática, la federal y la democrática (o de simple revisión y control[3]). Por otro lado, las segundas cámaras económicas se pueden dividir en fascistas o socialistas. Sobre esta clasificación desarrollaremos brevemente las segundas cámaras políticas, por cuestiones de extensión y porque es la que más sobresale en el debate en torno al bicameralismo peruano.

  1. Segunda cámara aristocrática: Esta tiene su origen en el carácter estamental de la sociedad en la cual se origina. Un clásico ejemplo de ella es el la Cámara de los Lores inglesa. En dicha sociedad, se distingue entre nobles (miembros de la Cámara Alta) y plebeyos (el resto de ciudadanos, parte de la cámara baja). Este tipo de bicameralismo va, pues, de la mano (aunque no necesariamente) con concepciones monárquicas de sociedades en donde existe un grupo que cuenta con derechos, privilegios e intereses distintos del común de las personas. Así la Cámara de los Lores (o Cámara Alta) implicaría un freno conservador de la nobleza británica al radicalismo de la cámara de los Comunes[4].

Dicho bicameralismo, contrario al principio republicano democrático de igualdad, se mantiene por una cuestión de tradición histórica. Por lo tanto, “si algún día se llega a abolir la monarquía, también se abolirá la nobleza y, con ella, la Cámara de los Lores”[5].

  1. Segunda cámara federal –o territorial–: Este segundo tipo de cámara representa la unión de los Estados que conformen una federación y tiene como finalidad garantizar esta unidad, en condiciones de igualdad entre dichos Estados. Así, en la primera cámara se representa al pueblo y, en la segunda, se representa a los estados miembros de dicha federación. Un ejemplo de este sistema bicameral es el de los Estados Unidos de Norteamérica, en el que, independientemente del tamaño de su extensión, población o economía, cada Estado miembro cuenta con dos representantes en el Senado[6].

La idea del mencionado tipo de bicameralismo es el de brindar representación a las subunidades territoriales de un Estado. Por ello, dicho modelo no es exclusivo de Estados federales, sino que existen Estados unitarios (como España) que adoptan este tipo de segunda cámara. En el caso del mencionado país se brinda representación a las subunidades territoriales conocidas como Comunidades Autónomas. Por ello, este tipo de segunda cámara podría llamarse también territorial.

  1. Segunda cámara revisora o de control –o democráticas–: Este tipo de segunda cámara se suele dar en países unitarios y/o repúblicas que buscan dar la justificación a la existencia de una segunda cámara. Así, descartada la posibilidad de un senado aristocrático o federal, se opta por contar con uno cuya supuesta finalidad sería el garantizar la “calidad” en las leyes y controlar la cámara de diputados.

La Cámara Baja (o de Diputados) sería la Cámara política o joven, mientras que la segunda es más reflexiva y experimentada. De esta manera, la Cámara Alta puede corregir los excesos de la Cámara de diputados y ejercería una especie de control intraorgánico de la actividad del Parlamento[7]. Tal como lo pone en relieve CILLÁN Y GARCÍA DE ITURROSPE[8] esta segunda Cámara responde al deseo de mantener un órgano conservador dentro del sistema.

¿Qué tipo de sistema bicameral es el idealizado y defendido en nuestro país?

Ahora bien, explicado los tipos de bicameralismo existentes, cabe determinar sobre qué tipo de bicameralismo se discute cada vez que el tema es tratado en nuestro país. En la medida en que la discusión suele ser sobre si es conveniente o no el bicameralismo, antes que discutir sobre qué tipo de bicameralismo es conveniente, se puede llegar a la conclusión que existe un tipo específico que es sobreentendido como el ideal.

Los muchos proyectos legislativos de reforma bicameral[9] (distintos al presentado por el Presidente Vizcarra), las opiniones brindadas en medios de comunicación y las opiniones vertidas recientemente en la Comisión de Constitución y Reglamento del Congreso dan muestra que el modelo bicameral por el cual se aboga es uno de segunda cámara revisora o de control. Esto, en la medida que nuestro país es una república unitaria (con niveles de descentralización), se deja de lado, en principio, la posibilidad de contar con una segunda cámara aristocrática o federal y se opta por la revisora.

Más allá de las supuestas bondades del sistema bicameral revisor (las mismas que ya fueron cuestionadas por SALCEDO[10]), lo cierto es que el problema, a nuestro parecer, no giraría tanto en torno a qué funciones cumple la segunda cámara, sino a qué o quienes representa. Las principales propuestas de reforma bicameral en nuestro país, salvo excepciones, además de ser bicameral-revisora, cuentan con las siguientes características: a) el requisito para ser Senador es de 10 años mayor que para ser Diputado -35 años frente a 25-, y b) proponen que sean electos por distrito electoral único.

  • Respecto a la primera característica, se sostiene que la edad (el ser 10 años mayor) garantiza la probidad y sobriedad en las decisiones a tomar. Así, la función de calidad revisora se ve garantizada al elevar la edad para poder ser parte del Senado. Como lo indica SALCEDO[11], ¿es la edad garantía de mejores decisiones? ¿acaso nuestros parlamentarios más polémicos no suelen ser los de mayor edad? Como la edad no parece ser suficiente, se añaden argumentos referidos a que los miembros del Senado deben de ser “técnicos”, “de amplio reconocimiento y trayectoria”, etcétera.

Pareciese ser que todo ello, la necesidad de contar con una segunda cámara revisora, intenta imitar o es rezago de un criterio bicameral aristocrático. Esto, en la medida que se busca que un grupo privilegiado o de élite de la sociedad ponga freno al actuar del común del pueblo. Si bien podemos dejar de lado la idea de una segunda cámara aristocrática, en tanto visualización de un sistema de castas (nobleza y comunes), podemos, al menos, entender a este tipo de bicameralismo como uno oligárquico: una élite política y/o económica que controla el actuar de los “comunes”.

  • La segunda característica es la que encontramos como la más problemática[12]. Bajo dicho criterio de distrito único nacional se duplicaría un mismo criterio de representación. Nos explicamos: a día de hoy, el Congreso (lo que sería la Cámara Baja) es elegido a través de un sistema electoral proporcional con circunscripciones plurinominales[13]. Esto significa, entre otros, que la cantidad de escaños en el Congreso es distribuido de acuerdo al tamaño de la población de un determinado distrito electoral[14]. Siendo esto así, se otorga a Lima Metropolitana alrededor de 1/3 de los escaños en el Congreso[15].

La elección en la Cámara de Senadores a partir del distrito electoral único nos llevaría a un criterio de elección proporcional a la población similar al de la Cámara de Diputados. Si entre todo el país se eligieran a los senadores, alrededor de 1/3 de los votos provendrán de Lima metropolitana[16]. Así, con un distrito electoral único, alrededor de 1/3 de los votos a senadores vendrían de una única circunscripción territorial (Lima metropolitana), lo que generaría que lleguen al Senado los candidatos que más campaña hacen o más conocidos son en Lima, dejándose así a los líderes regionales/provinciales sin mucha popularidad en la capital fuera de la Cámara Alta[17].

Directa o indirectamente, tanto los miembros de la Cámara de Diputados como la de Senadores representarían los intereses de nuestra capital en la medida que en Lima metropolitana está concentrada 1/3 de la población de nuestro país. De un lado, 1/3 de los escaños serían asignados a los representantes de Lima (Cámara Baja); y, por otro lado, al menos 1/3 de los senadores representarían a la capital al ser estos elegidos por 1/3 de nuestra población.

En resumidas cuentas, de lo expuesto previamente, se puede concluir que, en nuestro país, el bicameralismo de Senado revisor elegido por distrito electoral único es un bicameralismo oligárquico y centralista (ya que representa, doblemente –tanto en la Cámara Baja o en la Cámara Alta-, al menos en 1/3, a la capital –la cual históricamente ha representado los intereses del gobierno central).

Dicho esto, en las siguientes líneas pasaremos a profundizar en las problemáticas que trae consigo una visión de Senado de representación poblacional proporcional y sostendremos por qué el contar  con un Senado territorial es lo realmente necesario en nuestro Estado.

Problemas con un Senado de distrito electoral único (Constitución de 1979)

Quienes abogan por el restablecimiento del Senado tienen como punto de referencia la “historia constitucional” peruana y, más cercanamente, la Constitución de 1979. Ahora bien, justo es reconocer que dicha Constitución establecía, por el contrario, un sistema bicameral de corte territorial –o descentralista-. En efecto, en su artículo 165 establecía que “[e]l Senado es elegido por las regiones, de conformidad con la ley”[18].

No obstante dicha disposición normativa, los Senados elegidos para los períodos 1980-1985, 1985-1990 y 1990-1992 fueron elegidos bajo distrito electoral único[19]. Este sistema de elección desembocó en que, en dichos períodos, el 68%, 65% y 75%, respectivamente, sean parlamentarios de origen limeño. En ese entonces, si no era un retroceso, sí una paralización en el proceso de descentralización iniciado con la Constitución de 1979.

En resumidas cuentas, un Senado de distrito único propicia reforzar el centralismo limeño (al menos en criterios representativos). Al respecto, se ha argumentado que un Senado de distrito electoral único reforzaría la visión de unidad e identidad nacional. Sin embargo, cabe preguntarnos: ¿Qué visión “nacional” se representaría? ¿De quién? Obviamente, sería la visión que tiene Lima (o los representantes y votantes de Lima) del Perú. La visión “nacional” que se buscaría generar y reforzar sería la visión que tiene la capital sobre el país.

Además, si sumamos a ello argumentos tales como que “[e]n Lima se encuentra la mayor parte de la población con educación superior y en actividad formal (…) [y], [p]or eso, es más probable que sus electores apoyen candidatos más preparados y que lleven a la modernización del país”[20], caemos en cuenta que un Senado de distrito electoral único responde a una visión con rezagos coloniales de nuestro país. Una perspectiva según la cual la metrópoli, “más desarrollada y educada”, debe llevar al desarrollo al resto del país, atrasado y sin educación. Esto es, un desarrollo desde el cual Lima civilizará al resto del país [colonia].

En conclusión, un bicameralismo de Senado revisor elegido por distrito electoral único es un Senado (o bicameralismo) oligárquico y centralista con rezagos coloniales. Y es justamente esta visión la que se encuentra implícita en torno a los debates que intentan responder la pregunta simple de si nuestro país necesita o no bicameralismo.

Por otro lado, creemos que la pregunta a responder y en torno a la cual debería girar el debate de la bicameralidad es ¿Qué tipo de bicameralismo necesita nuestro país? A dicha pregunta, sostenemos que la respuesta es la siguiente: nuestro país necesita un sistema bicameral territorial. Explicaremos ello a continuación.

¿Por qué necesitamos de bicameralismo territorial?

Debido a la naturaleza de la extensión del presente texto, expondremos, con cargo a un posterior desarrollo, algunos argumentos a favor de concebir un sistema bicameral territorial. Entendemos como bicameralismo territorial a aquel en el cual en el Senado se representan a las subdivisiones territoriales del país. Así, en nuestro país, con un Senado territorial, las regiones –departamentos-[21] gozarían de representación igualitaria independientemente del tamaño de su población, poder económico o expansión.

De esta manera, Arequipa, Iquitos, La Libertad, Cusco, Puno, Ucayali, Loreto, etcétera, contarían con un mismo número de representantes independientemente de su tamaño. Lo que se busca es dar voz y otorgar cuotas de poder a todas las circunscripciones territoriales por igual. Además, en la medida que estamos en un Estado unitario, también podríamos llamar a dicho sistema como un “bicameralismo descentralista” porque busca  transferir cuotas de representación y poder del Gobierno Nacional –o Central- a los distintas circunscripciones territoriales subnacionales.

Un bicameralismo que no sea territorial incrementa el centralismo. Como se pudo apreciar de lo desarrollado en el presente texto, un Senado cuyo origen sea distinto del que se defiende en las presentes líneas, acentuaría el centralismo y otorgaría cuotas de poder adicionales a los representantes (o electores) de Lima.

Un senado de origen territorial no es contrario al concepto de Estado unitario. Hay quienes sostienen[22] que un Senado territorial no es viable porque nuestro Estado es unitario. De más está decir que existen Estados unitarios (con niveles de descentralización, como el nuestro) que incorporan este tipo de Segunda Cámara (como España o Italia). Por ello, un Senado con representación territorial no solo no es contrario a la forma de Estado unitario, sino que reforzaría nuestro ya alicaído proceso de descentralización.

No implementar un Senado territorial implica desconocer el carácter multicultural y diverso de nuestro país[23]. Una representación en el Senado basada en la idea de una persona un voto es más propia de Estado homogéneos, donde existe uniformidad cultural, lingüística, religiosa, etcétera. Así, diríamos que dicho criterio parte de un concepto de igualdad formal en la que todos los miembros del Estado son políticamente iguales, sin reconocer las diferencias existentes dentro del Estado: obvia dichas diferencias y desconoce la necesidad de representación efectiva y real de esta variedad (igualdad material).

Así, puede existir un grupo humano dentro de un Estado que pueda necesitar de una representación real que un criterio de igualdad formal no podría brindar. Pensemos, por ejemplo, en las regiones menos pobladas y alejadas de la capital de nuestro país: guiándonos por el principio de igualdad click here material cabría brindarles cuotas de poder y participación en la toma de decisiones. En países con diversidad regional, como el Perú, la adopción del sistema una persona un voto es insuficiente para representar la diversidad social y no forma una representación “del mayor número posible”.

Un Senado de distrito nacional único es más propio de Estados con un territorio pequeño. Nuestro país es el sexto país más grande de América y número veinte a nivel mundial. Con un país tan extenso, territorialmente hablando, si no se cuenta con una representación territorial lo que se genera es que la política nacional sea la política de las grandes metrópolis o de la capital. Así, las áreas “periféricas” al Centro quedan al margen en la toma de decisiones (como efectivamente sucede a hoy en día).

Un Senado territorial llevaría la política de Lima a las regiones. Quienes quisiesen ser senadores dejarían de hacer campaña únicamente en Lima. En efecto, siendo que en un sistema de distrito electoral único Lima otorgaría alrededor de un 1/3 de los votos, bastaría con hacer campaña en la capital para poder obtener algún escaño. Así, el desarrollo político y de campañas electorales se concentraría en Lima (todos los políticos o gran parte de ellos optarían por la comodidad de hacer campaña en Lima). Por el contrario, si se brinda la posibilidad de otorgar la misma cantidad de escaños a Lima que a cualquier otra región, la política, o el hacer política se descentralizaría también. Más aún si este Senado otorga un número reducido de escaños a cada región por igual, los votos en Lima ya no serían deseados debido a su amplia población: se buscaría conseguir los votos de regiones porque un voto en región tendría mayor peso que un voto en Lima (por la baja población de estas en comparación a Lima). Así, se lleva la política (o los político de alcance nacional) de Lima a las regiones –provincias-.

La sobrerrepresentación más que perniciosa se torna necesaria. Se sostiene, y no sin razón, que un sistema territorial brindaría sobrerrepresentación (en términos poblaciones) a zonas con poca cantidad de población. Sin embargo, existen situaciones, como las de nuestro país, en las que sobrerrepresentar es necesario para lograr una descentralización efectiva y brindar voz y cuotas de poder a quienes no la tienen. En estos supuestos, la sobrerrepresentación funge como un mecanismo de compensación de la desventaja relativa en la toma de decisiones y, por consiguiente, de la desigualdad en la participación y en el poder.

Un bicameralismo territorial garantiza la unidad territorial. En Estados federales se introdujo la segunda cámara federal para evitar que los Estados con mayor población dominen a los de menos población. Así, al garantizar su participación igualitaria, también se garantiza la unidad territorial puesto que todas las unidades territoriales gozaban de igual poder. En un Estado unitario descentralizado, un Senado territorial evitará que los intereses de Lima se impongan sobre los de las demás regiones. Así la política nacional se convierte en una arena de todas las subunidades estatales, de todas las regiones, independientemente de su población, riqueza o expansión. Caso contrario, se mantiene una situación de desarrollo desigual de las regiones que pondría desembocar en problemas de unidad territorial.

El Senado territorial reconoce igualdad en los grupos que componen el Estado. En la medida que cada región contaría con representación, independientemente de su tamaño demográfico, se genera que los ancashinos sean tan iguales que los limeños al momento de decidir. Otorgando iguales cuotas de representación por región se genera que los cusqueños, como grupo social perteneciente a un determinado ámbito geográfico, sean tan iguales en la toma de decisiones que los ciudadanos limeños, arequipeños, piuranos, tacneños, liberteños, loretanos, etcétera.

Bicameralismo territorial permite superar el dilema de representación población/territorio propio de países grandes y diversos. REYNOSO[24] identifica una dicotomía que gira en torno a representar a la población y representar al territorio. Nosotros creemos que representar a la población de manera proporcional es necesario. No obstante, ello no es suficiente para garantizar que todas las regiones de nuestro país tengan cuotas de poder en la toma de decisiones. Un Senado de origen territorial permitiría equilibrar y balancear los problemas que se generan en una Cámara Baja territorial que representa a un país fuertemente centralizado.

La oportunidad perdida e indicios de posible fragmentación política (y, tal vez, territorial) en el Perú

El Presidente Vizcarra propuso el establecimiento de un sistema bicameral territorial. Esto, pues se otorgaba misma cantidad de representantes a las distintas regiones de nuestro país, independientemente del tamaño de su población. Consideramos que dicha propuesta era buena porque buscaba solucionar dos problemas propios de nuestro país: el de la regionalización y el de la descentralización.

Por un lado, se buscaba iniciar el proceso de regionalización al agrupar regiones (departamentos) en (macro)distritos electorales. Así, se pretendía ir formando identidades políticas regionales, reconociendo que dichas identidades existen ya en cierta manera (el Sur del Perú, el Norte peruano, la región amazónica, el Centro del Perú, etcétera).

Los opositores a dicha propuesta sostenían que era inviable porque a) el proceso de regionalización iniciado con la Constitución de 1979 (y truncado con el golpe de Estado de Fujimori) se mostró inviable; y, b) el referéndum de regionalización del año 2005 fue un fracaso. Al respecto, cabe anotar que no es lo mismo la unidad administrativa, económica y política que se genera de un proceso de creación de regiones (como fue lo sucedido en el año 1979) que crear circunscripciones o distritos electorales. Esto último busca brindar representación a un determinado grupo y no generar unidad administrativa/política/económica al agrupar dos o más regiones. Por otro lado, respecto del rechazado proceso de regionalización del año 2005, cabe señalar que lo que justamente se buscaba en la propuesta del Presidente Vizcarra era empezar a generar identidad regionales políticas para que, en un futuro, se puedan generar verdaderas y viables regiones.

Si bien es cierto que tal vez el Proyecto de Ley de Reforma Constitucional pecaba de muy detallista, lo cierto es que no garantizar a nivel constitucional una bicameralidad territorial daba posibilidad a que se genere un Senado elegido por distrito electoral único (con todos los problemas ya expuestos que ello traería). Al respecto, queremos resaltar el dictamen en minoría de la Bancada Nuevo Perú[25] del referido Proyecto de Ley. En el mismo se consagraba, sin otorgar demasiada especificidad a la Constitución, los principios que orientarían el sistema bicameral:

Artículo 90°.- El Poder Legislativo reside en el Parlamento Nacional de la República, el cual consta de dos cámaras: La Cámara de Senadores y la Cámara de Diputados. La composición de estas dos cámaras garantiza los principios de igualdad, representatividad y territorialidad. (resaltado nuestro)

En resumidas cuentas, un Senado territorial se torna necesario si es que se quiere empezar a generar una visión nacional de desarrollo. A través de dicha Cámara se lograría incluir las distintas posiciones políticas existentes en nuestras regiones en el proceso deliberativo nacional.

Caso contrario, caemos en el riesgo de fracturar aún más la situación política de nuestro país. Las últimas elecciones regionales demuestran una preponderancia de los movimientos regionales sobre los partidos políticos nacionales[26]. Las visiones de desarrollo y de país, de los partidos políticos nacionales, no parecen concordar con los intereses o con la visión política de las regiones. Más aún, es posible observar una fragmentación total en torno a posiciones muy sensibles como el de la dictadura fujimorista. Si no se garantiza, en condiciones de igualdad, que estas distintas visiones políticas y de desarrollo participen en la formación de la política nacional, corremos el riesgo que la fragmentación pase de ser política, a ser social (si esta aún no ha empezado) y, finalmente, a ser territorial.

¿Cómo garantizar la unidad territorial de nuestra República si es que no se brinda igualdad política a las distintas regiones/departamentos de nuestro país? ¿Cómo lograr ello si las regiones de nuestro país no comparten las mismas cuotas de poder que la capital? Los movimientos independentistas de distintos países nos pueden brindar una idea de lo que se puede generar en nuestro país si es que no se atiende la fragmentación política y social existente en el Perú. Y es posible que Lima sola ya no pueda garantizar más la unidad territorial peruana.

Por todo lo expuesto, consideramos que existe un bicameralismo ciego cuando se formula la pregunta ¿Necesita nuestro país bicameralidad? Ante esto, consideramos que la correcta pregunta a realizar es ¿Qué tipo de bicameralismo necesita nuestro país? La respuesta: bicameralismo de Senado territorial.


Bibliografía:

[1] Sostuvo esto por tres motivos principales: la propuesta del Ejecutivo requería una declaración de intereses, la cual fue retirada por el Congreso; la paridad y alternancia en las listas en los candidatos también fue retirada; y, finalmente, que se pretendía introducir modificaciones a la cuestión de confianza en miras a limitar la facultad de disolución del Congreso. No obstante, creemos que también existió un factor que desnaturalizó su proyecto: se retiró la orientación territorial-descentralista de la propuesta. Esto, lo veremos más adelante

[2] CILLÁN Y GARCÍA DE ITURROSPE, María del Coro. “Sistema político y senado. Reflexiones en torno al bicameralismo”. Anuario de la Facultad de Derecho (Universidad de Extremadura), Núm. 8, p. 77, 1990.

<https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/819691.pdf>

[3] SALCEDO CUADROS, Carlo Magno. “¿Es necesario el bicameralismo peruano? Depende”. Cuestiones de la polis, 19 de junio de 2008.

<http://blog.pucp.edu.pe/blog/carlomagnosalcedo/2008/06/19/es-necesario-el-bicameralismo-en-el-parlamento-peruano-depende/>

[4] Íbidem.

[5] Íbidem.

[6] Íbidem.

[7] Íbidem.

[8] CILLÁN Y GARCÍA DE ITURROSPE, María del Coro. Loc. Cit.

[9] Una compilación de estos pueden ser revisados en el dictamen de la Comisión de Constitución y Reglamento recaído en los Proyectos de Ley 899/29016-CR, 1325/2016-PE, 1678/2016-CR, entre otros, de fecha 03.10.2018.

<http://www.leyes.congreso.gob.pe/Documentos/2016_2021/Dictamenes/Proyectos_de_Ley/00899DC04MAY20181003.pdf>

[10] SALCEDO CUADROS, Carlo Magno. “¿Unicameralidad o bicameralidad? Falsos dilemas en la discusión sobre la reforma del Parlamento peruano”. JUS Doctrina & Práctica, 7, 2007, pp. 271-283.

[11] Íbidem.

[12] Respecto a los problemas que genera el distrito electoral único, pero desde un enfoque en el Congreso peruano de los 90’s, revisar: TUESTA, Fernando. “No al distrito único”. Polítika, 1997.

<http://blog.pucp.edu.pe/blog/fernandotuesta/1997/04/17/no-al-distrito-unico/>

[13] HURTADO CRUZ, Virgilio Isaac. El sistema electoral para la elección del Congreso, p. 5

<https://portal.jne.gob.pe/portal_documentos/files/informacioninstitucional/escuelaelectoral/Martes%20Electorales%20-%20Exposiciones/ee2007/mar_12jun07.pdf>

[14] Los distritos electorales en nuestro país se sobreponen a las subunidades territoriales (Regiones, Lima provincias, Lima Metropolitana y el Callao). En primer lugar se distribuye un escaño a cada distrito electoral y luego procede proporcionalmente a la cantidad de electores (caso contrario, quedarían distritos sin  representación) (art. 21° de la Ley Orgánica de Elecciones).

[15] En efecto, se le otorga a Lima Metropolitana un total de 36 escaños de 130 (Resolución N.° 0287-2015-JNE)

[16] En efecto, según el último padrón electoral (para Elecciones Regionales y Municipales 2018), 5,902,175 de 19,595,300 electores procedían de Lima Metropolitana (el 30.12 % del total). <https://www.web.onpe.gob.pe/modPadron-Electoral/resumen_padron_x_distritos_ERM2010.xls>

[17] MELÉNDEZ, Carlos. “¿Un Senado para cholear?”. El Comercio.

<https://elcomercio.pe/opinion/rincon-del-autor/senado-cholear-bicameralidad-congreso-carlos-melendez-noticia-521126>

[18] Artículo que nunca fue aplicado por la Cuarta Disposición General y Transitoria de la mencionada Constitución: “Mientras se constituyen todas las regiones, el Senado se elige en distrito nacional único.”

[19] Comisión de Investigación Parlamentaria. Unicameralidad y Bicameralidad, p. 6. <http://www2.congreso.gob.pe/sicr/cendocbib/con2_uibd.nsf/2C168E8456DF61A1052577180062EA3D/$FILE/7_Ayuda.pdf>

[20] TORRES, Alfredo. “El valor del contrapeso”. El Comercio. <https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/bicameralidad-congreso-contrapeso-alfredo-torres-noticia-560540>

[21] Es discutible el sostener que contemos con verdaderas regiones puesto que las actuales se constituyen sobre las históricas provincias.

[22] TORRES, Alfredo. “Cuidado con el Senado”. El Comercio.

<https://elcomercio.pe/opinion/columnistas/cuidado-senado-alfredo-torres-160387>

[23] Los siguientes argumentos son extraídos de REYNOSO, Diego.Votos ponderados. Sistemas electorales y sobrerrepresentación distrital. Maporrua: México DF, 2004.

[24] Íbidem.

[25]<http://www.leyes.congreso.gob.pe/Documentos/2016_2021/Dictamenes/Proyectos_de_Ley/00899DC04MIN20181003.pdf>

[26] En las Elecciones Regionales y Municipales los partidos políticos nacionales solo obtuvieron 6 gobernaciones regionales (24% del total) de 25; y, en las gobernaciones locales provinciales, únicamente colocaron 23% de alcaldes frente al 73% que colocaron los movimientos regionales. NEYRA, Ana. Oportunidad de elecciones (ppt). Sistemas Electorales, 12-09-2018. “[E]n general, el conjunto de partidos políticos nacionales pasó de obtener 78,1 % de los votos regionales en 2002 al 35,4 % en 2014, mientras que los movimientos regionales pasaron del 21,9 % en 2002 a un 64,6% en 2014. Los partidos nacionales pasaron de elegir a 18 de los 25 presidentes regionales en 2002 a solo cinco en 2014, y los movimientos regionales de 7 a 20 en el mismo periodo. Si miramos el ámbito municipal provincial, encontramos una tendencia similar: el conjunto de partidos políticos nacionales pasó de obtener 71 % de los votos municipales provinciales en 2002 a 53,9 % en 2014, mientras que los movimientos regionales pasaron de 10,7 % en 2002 a 40,9 % en 2014. Si quitamos a Lima metropolitana de este cálculo, los partidos nacionales pasan de 64,2 % en 2002 a 36,5 % en 2014, y los movimientos regionales pasan de 16 % en 2002 a 61,1 % en 2014.” TANAKA, Martín. Personalismo e institucionalización. La reforma de los partidos políticos en el Perú. Lima: Krismar, p. 16, 2017. <http://www.kas.de/wf/doc/kas_48839-1522-4-30.pdf?170509192650>

Escrito por Dilmar Villena Fernandez Baca

Bachiller en Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Miembro de la Liga Juvenil de Defensa de Internet y de Perspectiva Constitucional. Ex director de la Comisión de Publicaciones de la Asociación Civil Foro Académico.

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