Matrimonio Igualitario y Registro: ¿Calificación homofóbica? Pensando en voz alta a partir de las Resoluciones N°s 230 y 1868-2016-SUNARP-TR-L

A MANERA DE INTRODUCCIÓN.

El derecho no crea realidad, solo regula la existente y la posible; y en la medida que los operadores del derecho hagamos ojos ciegos a una realidad más que evidente, y oídos sordos a los reclamos de una minoría existente, estaremos fracasando en nuestro rol de hombres -y mujeres- de derecho.

El matrimonio igualitario, es decir, de parejas conformadas por personas del mismo sexo, es ya una realidad debidamente regulada en más de un país. En la sociedad peruana, se viene negando su regulación básicamente por razones morales o religiosas. Nonos engañemos, así es, sino revisemos las noticias y veamos quienes opinan cerradamente en contra de su incorporación en nuestro ordenamiento jurídico.

El problema con esta miopía y/o sordera es que no resuelve absolutamente nada. Solo busca postergar la solución al reclamo de un sector de nuestra ciudadanía que, si bien es minoritario, no los convierte en ciudadanos de segundo orden.

Hay personas del mismo sexo que se gustan, se atraen y/o se aman, y tienen derecho, a partir de esa premisa, a la posibilidad de hacer vida en común al amparo de un ordenamiento jurídico que regule esa vida en común.

Ya no se trata de si nos gusta o no nos gusta, de si estamos a favor o en contra, de si estas uniones son contrarías a nuestra fe o no. Tengo una opinión personal al respecto, al margen de mi formación jurídica, pero me la reservaré, porque en este caso concreto, mi opinión como no abogado no importa. En este caso, lo que importa es opinar como operadores del derecho.

El hecho es que todos somos iguales ante la ley y para poder ejercer esa igualdad de forma igualitaria debemos procurar que el derecho no solo cubra la realidad existente, sino todos los supuestos posibles.

Ahora, el problema con las uniones de hecho igualitarias que aspiran a unión legal, es que no son una posibilidad, sino que ya son una realidad y; por lo tanto, el ordenamiento jurídico debe recogerlas en su ámbito de acción; sino ocurrirá lo que ya empezó a ocurrir: la realidad llegará a nuestros escritorios, y tendremos que resolver con lo mucho que deberíamos tener y no tenemos, y con lo poco que encontremos en nuestro ordenamiento jurídico.

Eso es, creo, lo que ocurrió con una compra-venta que llegó al Registro y terminó generando las Resoluciones N°s 230 y 1868-2016-SUNARP-TR-L.

♪♪  LLAMAN A LA PUERTA ♫♫

Una mañana cualquiera, un colega registrador del Registro de Predios llegó a la oficina, y cuando se disponía a trabajar se encontró que la realidad llamó a su puerta; con el pequeño inconveniente de que esa realidad, como ya se dijo, no se encuentra regulada en nuestro ordenamiento jurídico.

Las Resoluciones N°s 230 y 1868-2016-SUNARP-TR-L se dan porque dos varones casados entre sí en Flerón, Lieja, Bélgica –donde se encuentra debidamente regulado el matrimonio igualitario- presentaron para su inscripción la compra que hicieron de dos unidades inmobiliarias (un departamento y su respectiva cochera-depósito).

¡AY! … ¡QUEMA, QUEMA!

Como casi siempre ocurre, la cotidianeidad suele amodorrarnos; nos acoge en sus brazos y nos mece en una rutina que muchas veces nos conduce, sin que nos demos cuenta, a la automatización de esa rutina. A veces todo es tan predecible, que comenzamos a actuar casi automáticamente.

Esto ocurre en todos los aspectos de nuestras vidas; y ocurre también, que a veces llevamos esta automatización a nuestra rutina laboral, más aun con la especialización impuesta por la administración del Registro.

En la actualidad, en una oficina tan grande como la del Registro de Predios de Lima, un Registrador tiene muy bien acotados los actos que califica a diario, con el consecuente accionar autómata del que hablamos, pero ocurre que de cuando en cuando, un título nos saca de los parámetros de esa automatización. Eso ocurrió con la compra-venta que da origen a estos apuntes.

Dos varones casados entre sí con todas las de la ley, no la nuestra por supuesto, sino la del Reino de Bélgica, vienen al Perú y compran dos unidades inmobiliarias, compareciendo ante Notario Público y generando el correspondiente título inscribible, el que es presentado al registro y amanece una mañana en el escritorio del registrador.

De seguro que en un principio el registrador no le prestó ninguna atención especial; pero es seguro también que cuando ese mismo registrador cayó en cuenta que quienes compraban eran dos integrantes de un matrimonio igualitario, empezó a sentir que “la temperatura” de ese título era diferente a la del resto de los que vinieron con el paquete.

¿CALIFICACIÓN HOMOFÓBICA?

Como ya lo dijimos, esta compra-venta dio origen a dos resoluciones del Tribunal Registral: la 230 y la 1868-2016-SUNARP-TR-L, pero para efectos de los presentes apuntes, solo nos circunscribiremos a la última de las mencionadas, en tanto esta contiene casi todo lo expuesto en la primera.

Salvadas todas las observaciones de orden formal formuladas por el Registrador, solo hay una de fondo (y relevante) que tuvo que resolver el Tribunal Registral:

¿Un matrimonio igualitario celebrado en el extranjero puede comprar inmuebles en el Perú?

Ocurre que el registrador fundamentó su observación señalando que al no encontrarse aprobado el matrimonio igualitario en nuestro ordenamiento jurídico, esto hacía imposible la validación de la norma extranjera- en este caso belga- en nuestro país, por cuanto este (el matrimonio igualitario celebrado en Bélgica), al contrariar principios básicos del derecho peruano, lo hacía incompatible con el orden público internacional.

Al final, el tribunal resolvió señalando que sí es posible que los integrantes de un matrimonio igualitario celebrado en el extranjero puedan comprar en el Perú, y que este tipo de matrimonios no pueden ser incompatibles con el orden público internacional, pues el mismo está permitido en innumerables países; y ordenó su inscripción, previo pago de los derechos registrales que correspondan.

Sin embargo, después de leer las referidas resoluciones (y los invito a hacerlo también; ambas se encuentran debidamente publicadas en la página web de la SUNARP[1]), me permito plantear una interrogante que me parece relevante:

¿Era necesario calificar el matrimonio igualitario celebrado en el extranjero, más aun si ese matrimonio había optado por el régimen de separación de patrimonios, y por ende ambos estaban comprando en calidad de copropietarios?

No olvidemos que la única relevancia del estado civil y del régimen patrimonial del matrimonio, de los compradores en el Registro de Predios es la de establecer la calidad del bien click here que se adquiere: vale decir, si el bien será registrado como propio o social.

Ahora, en el presente caso, si bien estábamos frente a un matrimonio igualitario celebrado en el extranjero, no es menos cierto que era un matrimonio que había optado por el régimen patrimonial de separación de patrimonios.

Partiendo de este hecho, no había ninguna razón para pronunciarse sobre el matrimonio igualitario, en tanto era como si compraran dos solteros, dos viudos o dos divorciados; era exactamente lo mismo.

El problema es que al pronunciarse sobre el matrimonio igualitario, y señalar que “(…) en el ordenamiento interno peruano no se aprueba el matrimonio homosexual (…)” dio lugar a que en la apelación se argumentara que el pronunciamiento de la primera instancia registral había incurrido en discriminación, y cito textualmente por considerarlo relevante:

“La negativa del registrador a la inscripción es un acto inconstitucional, esto por ser un acto discriminatorio contra todas las personas que siendo del mismo sexo han optado por el matrimonio.

Es discriminatorio porque para la inscripción registral de una compra de inmuebles se hace distinción entre matrimonios heterosexuales y matrimonios entre personas del mismo sexo.

(…)

Es discriminatorio porque las personas lícitamente casadas con otra del mismo sexo en sus respectivos países no tendrán en el Perú derecho a comprar ni vender inmuebles, es decir, formará parte de la calificación registral la opción sexual de los compradores, porque lo que se cuestiona el registrador no es el matrimonio, sino que esté compuesto por personas del mismo sexo”

O sea, la referida observación dio pie a que se dejara entrever que había un pequeño tufillo homofóbico en el pronunciamiento de la primera instancia registral.

Estoy completamente seguro que esto no es así. Lo que puede haber ocurrido es que el registrador se haya sentido desamparado por el propio ordenamiento jurídico frente a un tema bastante sensible y ampliamente opinable. Y es que en el Derecho todo es debatible cuando el marco legal no pone las cosas claras y en orden.

Y en pleno siglo XXI, nuestro ordenamiento jurídico ya debería regular el matrimonio igualitario, es decir, de parejas conformadas por personas del mismo sexo, porque si no seguirá ocurriendo lo que ocurrió con esta compra-venta, y recientemente con una resolución en el RENIEC, denegando la inscripción de un matrimonio de esta naturaleza, celebrado con todas las de la ley, pero mexicana, cuando pudo celebrarse también bajo leyes peruanas.

Nuestros legisladores deben entender (en realidad debemos entenderlo todos como sociedad) que las parejas peruanas conformadas por personas del mismo sexo no van a dejar de serlo porque las iglesias o los colectivos civiles lo dicen; y tampoco van a dejar de contraer matrimonio.

Lo que ocurrirá es lo que ya viene ocurriendo; se irán al extranjero, se casarán y vendrán al Perú a que se reconozca su matrimonio legalmente celebrado; y también contrataran y exigirán que se respeten esos contratos. Entonces, los funcionarios públicos nos veremos obligados a resolver, porque no podemos dejar de hacerlo, como ya lo dijimos, con lo mucho que deberíamos tener y no tenemos, y con lo poco que encontremos en nuestro ordenamiento jurídico.

¿Y LA OVEJA NEGRA?

En toda familia siempre hay una oveja negra. Ese o esa que no quiere seguir el camino predeterminado y se rebela al status quo, y hace su propio camino, disonando con el resto, sin importarle lo que diga ese resto.

Eso faltó en la Primera Sala del Tribunal Registral al momento de resolver esa apelación, una voz disonante que enriqueciera el tema; sobre todo teniendo en cuenta que no era un tema cualquiera: el matrimonio igualitario había llegado al registro, y esto merecía una resolución con opiniones encontradas, que no la mostraran como un cuadro lineal, monótono, feo y aburrido.

Hubiera sido interesante un voto en discordia, sobre cualquier arista del tema; ya sea peleando por la no inscripción o por el no pronunciamiento sobre la calificación del matrimonio, porque en realidad no era relevante. En resumidas cuentas, esto recién empieza; sin duda alguna, hay mucho camino por recorrer y muchos matrimonios por reconocer.


[1] https://www.sunarp.gob.pe/busqueda/index.asp

Escrito por Walter Recalde Morales

Walter Recalde Morales

Walter Recalde Morales, abogado por la UNMSM, Registrador Público Titular del Registro de Predios de Lima, con Maestría en Derecho Registral y Notarial de la Universidad de San Martín de Porres. Egresado del curso de Especialización Avanzada en Derecho Civil Patrimonial de la PUCP.

¿Qué opinas del artículo?

comentarios