Criminología de la delincuencia económica: Un breve repaso a la teoría de Sutherland a propósito del fenómeno de la criminalidad económica y su conexión con la corrupción en el Perú

I. Introducción

Todavía no acabábamos de despertar de la resaca que nos dejó el caso Lava Jato con el destape de una macroestructura de corrupción y lavado de dinero que involucraba a una serie de empresas privadas y estatales, así como a altos funcionarios de gobierno, cuando, nuevamente, éramos testigos de otro escándalo que amenazaba el Estado de Derecho y la democracia en el Perú; esta vez, una filtración de audios por el portal periodístico IDL-Reportero, al estilo WikiLeaks, ponía en evidencia todo un sistema de corrupción y tráfico de influencias en las más altas cúpulas de la administración de justicia.

La censura a estos hechos no se hizo esperar, iniciándose un debate mediático sobre el fenómeno de la corrupción, sus graves consecuencias sociales y económicas, y la necesidad de buscar alternativas para hacerle frente, en tanto, la política criminal adoptada hasta el momento no parecía haber dado resultados alentadores en la prevención y disminución de un flagelo que ha acompañado al Perú a lo largo de su historia republicana.

Ante esta situación, conviene reflexionar sobre el escaso conocimiento empírico de la delincuencia económica y la corrupción en el Perú, al respecto, solo basta con remitirnos a los pocos datos oficiales de criminalidad [Observatorio de la Criminalidad del Ministerio Público, INEI, INPE, etc], para advertir la inexistencia de un registro unificado que proporcione datos estadísticos sobre la incidencia de esta tipología delictiva, y es que, en efecto, no existe un monitoreo continuo de los delitos ligados a la corrupción, mucho menos se conoce su evolución histórica y las características sociodemográficas de sus autores, todos estos aspectos criminológicos que imposibilitan el desarrollo de estrategias eficaces para su prevención.

En esta línea, como afirmaba VON LISZT [citado en Cid & Larrauri, 2001] la importancia de la criminología como disciplina empírica, radica en que esta proporciona el conocimiento sobre la realidad del delito, en base a la cual se elaboran los programas de política criminal, por lo que su estudio sigue siendo trascendental para comprender el fenómeno delictual, las causas que lo originan, y de esta manera, diseñar políticas criminales más eficaces.

Al respecto, en el devenir de la ciencia criminológica, se han desarrollado grandes teorías sobre la génesis de la delincuencia; siendo trascendental en el plano de la criminalidad económica, los aportes de la Escuela de Chicago, al ser pionera en el estudio de la delincuencia de las clases sociales altas que ostentan poder político y económico.

En las siguientes líneas, se propone un repaso de los principales planteamientos de la teoría desarrollada por Sutherland, uno de los más grandes exponentes de la Escuela de Chicago, con el fin de  aproximar al lector a una de las primeras explicaciones criminológicas de la delincuencia económica, que le ayuden a comprender la etiología de esta tipología delictiva en la que se ven inmersos muchos actos de corrupción.

II.-El origen del planteamiento de Sutherland: La Escuela de Chicago

En el primer tercio del siglo XX, el proceso de industrialización de Norteamérica convertiría a una pequeña Chicago en una ciudad de más de 3 000 000  habitantes, ello debido al gran flujo migratorio de la zona rural a la urbe, donde empezaron a concentrarse las grandes industrias, en este contexto histórico se origina la Escuela de Chicago, conocida por centrar su estudio en ciertas formas de organización social que facilitaban la comisión de delitos; así, para sus principales exponentes, las características de ciertos espacios urbanos, como los suburbios o guetos concentrados en las zonas céntricas de las ciudades, cuyas características eran la pobreza y la heterogeneidad cultural, generaban en las personas sentimientos de desorganización social, facilitando una desintegración de la vida moral y por ende el comportamiento delictivo.

III.-La teoría de la asociación diferencial

Sutherland, sociólogo norteamericano y profesor de la Universidad de Illinois, siguiendo los postulados de la Escuela de Chicago, a la que pertenecía, y con el fin de construir una teoría general para todo tipo de delincuencia, plantea la teoría de la asociación diferencial [1924], partiendo de la idea de que el comportamiento desviado puede ser aprendido a través de la interacción con otros individuos [Cid & Larrauri, 2001]. Para este autor este aprendizaje no solo contempla las técnicas para la realización de delitos, sino también, la motivación para su realización y las justificaciones para el quebrantamiento de la norma.

Así dentro de la organización social, se forman grupos cuyos valores difieren de los convencionales, adoptándose en su seno modelos de conducta delictual, que son transmitidos en forma de valores mediante la interacción entre sus miembros, por lo que el comportamiento desviado de un individuo está determinado por la  cultura de la organización a la que se inserta; comúnmente el individuo busca establecer conexiones con personas que presentan sus mismas características y necesidades, o con las cuales comparte objetivos en común, lo que facilita su interacción.

Con este postulado Sutherland pretende rebatir los paradigmas de la escuela positivista, que explicaba la delincuencia en clave individual atendiendo a ciertos rasgos biológicos o psicológicos del delincuente; hasta aquí en la historia de la criminología solo se había estudiado la delincuencia convencional, relacionándola con las características individuales del ofensor o con fenómenos como la pobreza; sin embargo, las investigaciones que realizaría Sutherland en el marco de la delincuencia de cuello blanco “white collar crime”, evidenciaría que el delito también estaba presente en las altas capas de poder político y económico, las que habían escapado del control formal del Estado; por lo que los datos con los que había trabajado la criminología hasta ese entonces, estaban sesgados al no incluir a este grupo de sujetos en los estudios criminológicos.

IV.-La delincuencia de cuello blanco “White collar crime”, desde la teoría de la asociación diferencial

Con la idea clara de que la delincuencia estaba presente en todos los niveles de la sociedad, en un discurso presidencial en la reunión anual de la American Sociological Association [1939], titulado “The White Collar Criminal“, Sutherland expone por primera vez algunos puntos claves sobre la delincuencia de cuello blanco, término introducido por él, para referirse a las personas de clase socioeconómica superior que infringen la norma [Simpson & Weisburg, 2009].

Entre lo expuesto, el autor de la teoría de la asociación diferencial, resalto que tanto las personas de clase media y alta realizaban actividades delictuales cuyas consecuencias económicas eran más graves que la delincuencia convencional, y que estos actos eran realizados en el contexto de los negocios u ocupaciones de los poderosos, siendo más frecuente el delito de cuello blanco en algunas industrias más que en otras.

Además, precisó que esta clase de delincuencia al igual que la convencional, no podía ser explicada en atención a factores como la pobreza, o deficiencias psicológicas o de la personalidad del individuo, sino que todo comportamiento delictual, era aprendido a través del contacto con otros. Para este autor, una teoría general de la delincuencia no podía omitir la delincuencia cometida por personas con determinado estatus económico, social o político, por lo que en su opinión la teoría de la asociación diferencial, permitía explicar de mejor manera ambas formas de delincuencia, tanto la común como la delincuencia de cuello blanco [Cid & Larrauri, 2001].

Así Sutherland, parte de la premisa de que los hombres de negocios (personas con poder político, social y económico) tendrían un código de conducta socialmente admitido, y que este sería transmitido como una tradición entre ellos; hasta aquí, no parecería existir conflicto alguno; no obstante, el contenido de este código normativo sería contrario al orden legal imperante, es decir tendría una naturaleza criminal.

Estos códigos delictuales que prevalecían en los grupos de poder, según la teoría de Sutherland, emergían como resultado de una desorganización social en el mundo de la industria y los negocios, pues debido a la complejidad técnica de la sociedad, no existían normas claras que puedan señalar límites al comportamiento delictivo de las clases altas de poder, existiendo una especia de anomia.

Como se observa en el trabajo teórico y empírico del delito de cuello blanco, se acerca la mirada a la cultura organizacional como una variable causal de la delincuencia económica, pues se propone que en ciertos grupos económicos, existe un clima normativo que aprueba implícitamente la conducta ilegal y que explícitamente recompensan la violación de la ley [Apel & Paternoster, 2009], estas motivaciones se conocen como “definiciones favorables a la violación de la ley” que también click here son aprendidas.

De otro lado, en este clima normativo de los grupos de poder, también se apreciaría una escasez de definiciones favorables a respetar la ley; es decir, se crean técnicas de neutralización para hacer ver la conducta delictual como un comportamiento normal, siendo común frases como “todos lo hacen” o “con tantas leyes es imposible hacer negocios” [Cid & Larrauri, 2001]; esta forma de desproveer de contenido ilícito a este este tipo de conductas, pasa desapercibida por los códigos legales, políticos, aparatos de justicia y medios de comunicación.

Tal es la poca atención que se le presta a la conducta delictual de los hombres de poder, que Sutherland afirma que “si en vez de acogerse una definición normativa de delito (infracción de la norma penal) se adopta una definición reactiva (reacción social negativa) sería dudoso que el delito de cuello blanco fuese considerado un comportamiento delictivo” [Sutherland, citado en Cid & Larrauri, 2001, p.123].

Dicha falta de reacción o reproche de la sociedad a la conducta delictual de las clases altas, se debía a tres factores, -según Sutherland-, el primero, al nivel social de las personas que realizan estos delitos, cuyo poder político, económico y social, los convierte en intocables; en segundo lugar, el tratamiento de estos comportamientos por las normas y tribunales distintos de los penales, y finalmente una falta de conocimiento de la opinión pública sobre la magnitud de las consecuencias derivadas de estas conductas delictuales.

Con todo ello, el aporte de Sutherland marcó un antes y un después en el estudio del delito, ya que puso en evidencia la relación entre poder y criminalidad, dejando a la luz toda una serie de actos delictuales que cometían las altas clases sociales, que habían evadido durante años el control formal del Estado, manteniendo sus conductas en la impunidad.

En la actualidad, se puede decir que los delitos de cuello blanco, incluyen entre otros, los delitos económicos, cometidos por el uso de alguna combinación de fraude, engaño o colusión [Wheeler et. al.citado en Agnew, Piquero & Cullen, 2009], pero también, aquellos delitos cometidos por los altos funcionarios de gobierno, que anteponen sus intereses económicos  al bien común.

De esta manera, la teoría desarrollada por Sutherland, nos brinda un primer alcance de como algunas organizaciones sea dentro del aparato público o privado pueden devenir en criminógenas; al compartir en su seno un código de conducta criminal que es aprendido por sus miembros; así se transmiten actitudes favorables a la infracción de la ley; no obstante, la explicación de la delincuencia económica, no se reduce a una sola teoría, por el contrario su comprensión implica un análisis más extenso, existiendo otras teorías que pueden complementar la teoría de la asociación diferencial; tal es el caso de la teoría de las actividades rutinarias de Cohen [1979], que ve en el delincuente a un sujeto racional que actúa en base a los costos y beneficios que le ofrece la actividad delictual, o la teoría de la tensión de Merton [1938] que explica como ciertas tensiones como el bloqueo de objetivos económicos, entre otros son relevantes para la comisión de los delitos.

Así, podríamos seguir enumerando una infinidad de teorías que pueden acercarnos a una explicación criminológica de la delincuencia económica; no obstante, el mérito seguirá siendo para Sutherland, quien puso a la luz una zona de la delincuencia que durante años se había mantenido en la penumbra.

En el Perú, pareciera que esta oscuridad bajo la cual se esconden las conductas delictivas de los poderosos, todavía está presente, en tanto el delincuente de cuello blanco sigue gozando de impunidad, gracias a la influencia que ejerce sobre los órganos de la Administración de Justicia y otros poderes del Estado, tejiéndose una red criminal de corrupción, como se ha puesto en evidencia con el caso Lava Jato, o estas últimas semana con los audios de IDL Reportero.

Frente a esta situación cualquier Estado de Derecho, tiene la obligación moral de desplegar los recursos necesarios para combatir y prevenir esta clase de crímenes, que ponen en riesgo la estructura democrática del país; uno de esos recursos es precisamente la ciencia criminología, que puede proporcionar una comprensión del fenómeno de la corrupción, respecto a su origen, su complejidad, sus nexos con la criminalidad económica y criminalidad organizada, características de sus autores, entre otros, por lo que teorías como la planteada por Sutherland, pueden ser testadas y aplicadas a contextos como el peruano, en el que parecería existir una gama de organizaciones gubernamentales como privadas (grupos económicos), en cuyo seno se promueven conductas delictivas.

V.-Conclusiones

La delincuencia de cuello blanco, planteada por Sutherland rompe con los estereotipos que se tenían sobre la delincuencia convencional, esa a la cual se relacionaba con las clases sociales más desfavorecidas, o con individuos que presentaban deficiencias físicas o psicológica; de esta manera, se desvirtúan los postulados de las teorías clásicas, al no poder explicar la conducta delictiva en las altas clases sociales.

Los delitos de cuello blanco, que incluyen la criminalidad económica vinculada también a los actos de corrupción, son conductas sumamente gravosas para la sociedad, por lo que su estudio desde la óptica criminológica es más que necesario para hacerle frente, en tanto, el desconocimiento empírico de esta clase de delincuencia, solo conlleva a diseñar políticas criminales ineficaces.

Asimismo, en el país existe un escaso interés en el análisis criminológico de la corrupción y de los delitos que de ella derivan, delegándose en el derecho penal, toda la función de prevención de esta clase de conductas, lo que pone en riego la eficacia de la política criminal y de la propia norma penal.

En definitiva, la delincuencia económica, presente una complejidad particular, por lo que su abordaje no solo puede limitarse a la teoría planteada por Sutherland, sino que es necesario valerse de otras grandes teorías que permitan una mayor comprensión de sus causas, y características.


Bibliografía

  1. CID, J. & LARRAURI, E. [2001], Teorías Criminológicas, explicación y prevención de la delincuencia, Barcelona: Editorial Bosch.
  2. SIMPSON, S. & WEISBURD, D. [2009], The Criminology of White Collar – Crime, New York: Editorial Springer.
  3. APEL, R. & PATERNOSTER, R. [2009], Understanding “Criminogenic” Corporate Culture: What White-Collar Crime Researchers Can Learn from Studies of the Adolescent Employment–Crime Relationship; en SIMPSON, S. & WEISBURD, D. [2009],The Criminology of White Collar – Crime, New York: Editorial Springer.
  4. AGNEW, R., LEEPER, N., CULLEN, F., [2009] General- Strain Theory and White-Collar Crime; en SIMPSON, S. & WEISBURD, D. [2009], The Criminology of White Collar – Crime, New York: Editorial Springer.

Escrito por Diana Valer Vera

Abogada por la Universidad Inca Garcilaso de la Vega, Máster en Criminología y Ejecución Penal por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ha realizado estudios de Post Grado en Ciencias Penales en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, actualmente es Miembro del Taller de Derecho Penal Económico y de la Empresa de la UNMSM.

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