Pocahontas: Una mirada a la problemática indígena

Pocahontas es una película infantil de Disney estrenada en 1995 y dirigida por Mike Gabriel y Eric Goldberg. Los hechos de esta transcurren en el año 1607 y relata el romance entre Pocahontas, una princesa india Powhatan, y el inglés John Smith. Sin embargo, además de la historia de amor entre estos personajes, este largometraje refleja un escenario lamentable por el que vivían los pueblos originarios y que, desafortunadamente, en la actualidad, algunas de esas conductas se siguen reproduciendo.

En la película se visualiza que John Smith es el capitán que dirige las tropas del Gobernador John Ratcliffe, quien tiene la intención de colonizar “El Nuevo Mundo” en busca de gloria y riquezas. Después de un largo viaje en barco, arriban en Virginia y su llegada pone en alerta a los indios que habitaban esas tierras. Cuando desembarcan, Ratcliffe ordena a los tripulantes cavar las tierras con la finalidad de encontrar oro, y para ello era necesario invadir, talar árboles y utilizar explosivos, demostrando así el poco interés que tenían estos por las personas que habitaban esos territorios y la poca disposición de dialogar y llegar a un acuerdo. De manera frecuente, se escucha en la película como los ingleses califican de sanguinarios, salvajes y barbaros a los Powhatan e incluso solían entonar una canción cuya letra hacía referencia a la eliminación de estos, pues en lugar de percibirlos como personas que, al igual que ellos, poseían derechos, los veían como un obstáculo para el logro de sus objetivos.

Posteriormente, en una de las escenas de la película, Jhon Smith conoce a Pocahontas y él decide acercase a ella y entablan una conversación. Jhon describe como es Inglaterra y menciona que las tierras en donde ella vive pronto serán como su país, pues los ingleses planean construir edificios y puentes allí. Señala también que enseñarán a los Powhatan a cómo usar sus tierras apropiadamente y que construirán “casas decentes”. Finalmente menciona que ellos (los ingleses) tienen mucho que enseñarles y que anteriormente ya han mejorado la vida de otros salvajes, minimizando así, el estilo de vida de los pueblos indígenas, posicionando su cultura como la preponderante y exponiendo su pensamiento homogeneizador.

Debido a dichos comentarios Pocahontas se ofende y le refuta mencionando que él cree que ella y su gente son personas ignorantes y salvajes, pero que en realidad ellos solo son diferentes. También menciona que la tierra y las criaturas tiene alma y de esa manera le habla del estilo de vida que su pueblo mantiene, pues señala que en sus tierras tienen riquezas pero que no les importa el valor, que los animales son sus amigos y que la lluvia y los ríos son sus hermanos y es así como todos viven felices. Con todo ello, Pocahontas trata de demostrar que la idea sesgada que Jhon tiene sobre los pueblos indígenas, no es necesariamente la correcta y que, si bien, ambos poseen diferentes culturas, es necesario el respeto por las diferencias.

Luego de ello, Jhon comprende un poco más la visión indígena y acude con su gente para informar que los Powhatan eran personas pacíficas y que era mejor dialogar con ellos en lugar de atacarlos, sin embargo, el gobernador no está de acuerdo con él y señala que es necesario eliminar a los salvajes ya que ellos tienen la intención de robarles el oro y que no pueden esperar nada de ellos pues son unos animales, inhumanos cuyo aspecto y color son un horror, pues tienen una piel diabólica, demostrando así su pensamiento discriminador y sus prejuicios.

La historia termina cuando Pocahontas y Jhon impiden el conflicto entre los Powhatan y los ingleses y estos últimos deciden regresar a su país ya que Jhon fue herido por el Gobernador cuando trataba de proteger al líder de dicho pueblo.

La problemática de los pueblos indígenas

Actualmente, existen más de 5000 pueblos indígenas en el mundo y muchos de ellos tienen diferentes lenguas, culturas, tradiciones, etc, pero todos tienen una característica en común, pues a lo largo de la historia, estos fueron víctimas de discriminación, racismo y exclusión que se materializaba en la invasión y expulsión de sus tierras, en maltratos físicos e incluso en el intento de erradicar su forma de vida. Todo ello implicaba la vulneración de sus derechos humanos e impedía el ejercicio normal de los mismos. Así “Historiadores y académicos coinciden en que la colonización del Nuevo Mundo conoció manifestaciones extremas de racismo: matanzas, traslados a marcha forzada, las «guerras indias», la muerte por inanición y enfermedades. Hoy día, esas prácticas se denominarían depuración étnica y genocidio”[1] (Naciones Unidas, 2001)

Tal como se aprecia en la película anteriormente narrada, también, en la realidad existía una idea errónea de superioridad por parte de los colonizadores, quienes pretendían invadir los territorios indígenas e intentaban imponer su idioma y su cultura, sin importar que estos pueblos ya tenían una cultura y lengua propias pues estos se sentían con el derecho de hacerlo, así por ejemplo, “los ingleses utilizaron el concepto derivado del derecho romano de terra nullius (ausencia de población o tierra vacía) para referirse a la colonización de un territorio despoblado, sin habitantes, o bien habitado por “bárbaros”” (De Popolo 2017:25)[2]. Además, debido a la forma de vida que estos pueblos mantenían, solían ser tildados de ignorantes e incluso de salvajes, pues estos, obviamente, trataban de resistirse a dichas imposiciones. Tales prejuicios perduraron hasta tiempos contemporáneos, de modo que, actualmente este colectivo representa uno vulnerable, debido a la violación sistemática de sus derechos.

Es así, que es posible decir que existe una discriminación estructural hacia los pueblos indígenas, debido a que las desigualdades existentes en la actualidad son producto de la situación de exclusión, explotación y violación de derechos que estos sufrieron en el pasado, de manera sistemática, a manos de un grupo que se entendía asimismo como el jerárquicamente superior. “Esta discriminación se enfatiza, entre otros, en la lucha por sus tierras y obstáculos para el acceso a justicia, en las condiciones económicas y sociales deplorables de las comunidades, y en la pérdida de la herencia histórica cultural. (Pelletier, s/f :211)[3]

Teniendo en cuenta ello y con la finalidad de reivindicar derechos, en 1957 la Organización Internacional del Trabajo (OIT) adopta el convenio de los pueblos indígenas y tribales N° 107, que si bien fue el primer tratado sobre derechos de pueblos indígenas, como señala Manuel Salazar, “tenía algunos puntos débiles en particular sus supuestos integracionistas o asimilacioncitas” (2016: 05)[4], lo cual llevó a la creación del Convenio 169 OIT, en 1989, que tiene la finalidad de reconocer a los pueblos indígenas, sus costumbres y cultura, y brindar a estos, a través un diálogo intercultural con el Estado, la oportunidad de participar, mediante sus propias instituciones, en materias que puedan generar afectaciones al estilo de vida que estos mantienen. Posteriormente, en el año 2007, se aprueba la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, el cual aborda la protección de estos pueblos a nivel internacional.

Situación de los pueblos indígenas en el Perú

Es de conocimiento general que los territorios donde habitan los pueblos indígenas poseen gran cantidad de recursos naturales, siendo muchos de ellos muy llamativos para las empresas privadas que pretenden realizar proyectos de inversión, pues con la explotación de los mismos se puede obtener altos beneficios económicos ya que suelen ser muy rentables. Sin embargo, dichas actividades son susceptibles de causar afectaciones directas a la forma de vida de los pueblos indígenas debido a que la realización de estos proyectos, muchas veces, implica daños medio ambientales, los que desembocan en daños a la salud y a la vida, así como también el uso de sus territorios sin antes ser consultados.

Durante muchos años, se solía sobreponer los intereses económicos de un reducido grupo de personas por sobre los derechos humanos de este colectivo, ocasionando así que la calidad de vida de estos se vea disminuida. Es de esa manera que estos pueblos suelen ser vistos como un obstáculo para la realización de dichos proyectos y no como personas merecedoras de la protección y garantía de sus derechos humanos. Es por ello que en 1994 se ratificó el Convenio 169 OIT, el cual entró en vigencia el año siguiente, gozando de rango constitucional, sin embargo, este no era puesto en práctica pese a su vinculatoriedad. Es así como el derecho a la consulta previa tuvo un real impacto en el Perú a partir del año 2011 que fue el año de la aprobación de la ley 29785, ley de la consulta previa.

El camino para la aprobación de dicha ley fue arduo, pues para ello fue necesario la existencia de constantes pedidos, reclamos y exigencias, los que desembocaban en conflictos sociales, siendo el Baguazo, en el año 2009, uno de los más recordados. La falta de respuesta legislativa por parte del Estado demostraba el poco interés que este tenía para garantizar los derechos de este colectivo, pues lejos de comprender la situación por la que vivían y analizar el caso desde un enfoque intercultural, preferían sobreponer intereses económicos, y trataban de asignar, a los pueblos indígenas, una imagen negativa pues les tildaban de personas que se oponían al progreso y al desarrollo. Así, por ejemplo, “en distintas ocasiones las declaraciones del presidente García han sido consideradas como muy ofensivas por los indígenas amazónicos, ya sea cuando se les llamó “perros del hortelano”, o cuando […]  afirmó que: «no tienen corona, no son ciudadanos de primera clase». (Espinosa, 2009,157).[5]

Finalmente, en el gobierno de Ollanta Humala, debido a una promesa electoral, fue posible la aprobación de la ley de consulta previa y su reglamento, los cuales deben ser interpretados a la luz del Convenio 169 OIT, el que, mediante su artículo 6, reconoce el derecho de estos pueblos a ser consultados y dispone la necesidad de realizar procesos de consulta antes de la prospección o explotación de los recursos existentes en territorios indígenas (Artículo 15.2), antes del traslado o reubicación, el que debe darse con el debido consentimiento (Artículo 16.2), etc.

Es necesario tener en cuenta que no existe una definición exacta de lo que se entiende por pueblo indígena y ello es así debido a que a lo largo del tiempo estos han ido evolucionando y cada grupo posee distintas costumbres y tradiciones, sin embargo, existió la necesidad por adoptar medidas de identificación para estos, de modo que, la ley 29785, en su artículo 7, establece ciertos criterios que tienen la finalidad de identificarlos, los que se dividen en objetivos y subjetivos. Siendo los objetivos: i) Descendencia directa de las poblaciones originarias del territorio nacional, ii) Estilos de vida y vínculos espirituales e históricos con el territorio que tradicionalmente usan u ocupan. iii) Instituciones sociales y costumbres propias. iv) Patrones culturales y modo de vida distintos a los de otros sectores de la población nacional; Y los subjetivos, referidos a la autodeterminación, es decir está relacionado con la conciencia del grupo colectivo de auto determinarse como indígenas. Así, según la base de datos de pueblos indígenas u originarios, actualmente, se tiene información de 55 pueblos indígenas en el Perú, siendo 51 de la Amazonía y 4 de los Andes.[6]

Si bien es cierto que en la actualidad contamos con mecanismos que tienen la intención de brindar protección a este colectivo, pues existe un marco normativo nacional como internacional, así como jurisprudencia vinculante, es importante mencionar que dicha protección no se realiza de la manera esperada, pues aún se siguen presentando casos de violación de derechos indígenas, como, por ejemplo, en el caso reciente de la Hidrovía Amazónica, en la que el derecho a ser consultados se está viendo vulnerado. Es así que es posible decir que la aplicación de dichas disposiciones no se materializa adecuadamente, pues la relación entre el Estado y los pueblos indígenas ha estado marcada por una fuerte discriminación y jerarquización de modo que el diálogo en condiciones igualitarias con interlocutores arquetípicos es poco probable ya que aún se puede percibir cierto dominio de los entes Estatales en contraste con las comunidades indígenas, lo que provoca que los acuerdos de consulta no sean equilibrados.

Bibliografía:


[1]Naciones Unidas (2001) Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y las Formas Conexas de Intolerancia. https://www.un.org/es/events/pastevents/cmcr/indigenous.htm

[2] Del Popolo, F (2017). Los pueblos indígenas en América (Abya Laya) desafíos para la igualdad en la diversidad. Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/43187/S1600364_es.pdf?sequence=6&isAllowed=y

[3] PELLETIER, Paola s/f La discriminación estructural en la evolución jurisprudencial de la Corte interamericana de Derechos Humanos. Consulta: 22 de junio de 2021.

https://www.corteidh.or.cr/tablas/r34025.pdf

[4] Salazar, Manuel (2016) “El convenio 169 OIT” En la Conferencia Internacional de Minería. Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Lima

[5] Espinosa, Oscar. (2009)¿Salvajes opuestos al progreso?: aproximaciones históricas y antropológicas a las movilizaciones indígenas en la Amazonía peruana. 08 de octubre del 2020, de Anthropologica. https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/anthropologica/article/view/1602/1546

[6] Base de datos de pueblos indígenas y originarios. https://bdpi.cultura.gob.pe/pueblos-indigenas

Isavo Irina Vargas López
Bachiller de la facultad de derecho de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Miembro asociada de Foro Académico y comisionada de Actualidad Jurídica.