Star Wars y la Fuerza del Derecho

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana… con este preámbulo, seguido de frases que se adentraban en el espacio insondable bajo las notas de una imponente banda sonora, George Lucas iniciaba la entrega de una inigualable saga de películas, donde la sempiterna lucha entre el bien y el mal adquiere   dimensiones   épicas   en   el   escenario   galáctico.   Inspirada   en inveteradas   historias   mitológicas,   leyendas   clásicas,   películas   de   artes marciales y series de ciencia ficción, la Guerra de las Galaxias  recrea un universo fascinante en torno a la figura del héroe, cuya formación en la Fuerza le permite realizar su destino anunciado en las profecías, restituyendo el equilibrio al universo envilecido por el poder del Lado Oscuro.

La lejanía temporal y espacial anunciada desde el preámbulo nos traslada a ignotos escenarios con naves interestelares que alcanzan el hiperespacio, planetas con dos soles,  otros helados, ciudades en las nubes, funcionales androides, ejércitos de clones y sables de luz, detalles tan singulares que sustraen al espectador de cuanto le rodea para sumergirse en la ficción propuesta  por  Lucas.  Sin  embargo,  a  medida  que  apreciamos  con  mayor detalle esa realidad, distinta y distante, van emergiendo rasgos y elementos propios de nuestras sociedades. En esta línea cabría preguntarse ¿existe el Derecho en la saga de Star Wars?

* * *

Una pregunta que siempre ha inquietado a los científicos sociales es si es posible que existan sociedades sin Derecho. Para ello, se suelen presentar los casos de reducidos grupos sociales cuya supervivencia está signada por las adversas condiciones naturales que tienen que enfrentar o de comunidades con un menor nivel de contacto con los Estados, cuyo sistema de desarrollo es tomado como referencia. En todos ellos se llega a advertir la presencia de mecanismos de control social respaldados por el uso de la fuerza aunque con un incipiente grado de institucionalización. El utópico ideal de sociedades sin Derecho parece resignarse ante el contundente aforismo romano ubi societas ibi ius (donde existe sociedad, hay Derecho).

Aunque la sola presencia del Derecho no asegure la plena justicia de una sociedad, su necesidad suele asociarse a ciertos propósitos humanos compartidos –básicamente, sobrevivir- y condiciones específicas de los seres humanos –como su vulnerabilidad, su igualdad física aproximada, su altruismo limitado, la escasez de recursos, y su limitada fuerza de voluntad-. De este modo, se afirma, mientras se mantengan tales condiciones, habrá razones que justifiquen la existencia del Derecho en las sociedades humanas.

¿Podría decirse lo mismo en las sociedades del universo de Star Wars? Una primera  constatación  es  que,  salvo  la  mayoría  de  protagonistas,  la  gran cantidad de personajes no son seres humanos. Incluso, algunos de quienes lo son –los Jedi- han desarrollado habilidades que trascienden las limitaciones que hoy atribuimos a los humanos. Ello los pondría muy por encima de los demás seres a quienes podrían someter con tales capacidades, desafiando así el presupuesto en el que solemos justificar el Derecho. No obstante, analizando un poco más en detalle, las cosas no serían necesariamente así.

Adviértase cómo todos los seres de la galaxia, poderosos o no, son mortales. Aunque llegasen a vivir mucho su existencia será necesariamente finita, lo que determina su vulnerabilidad. Es precisamente el miedo a la muerte y el impacto por la muerte de su madre y, luego, la de su esposa, lo que enrumba a Anakin Skywalker en el camino del Lado Oscuro. Ello  pues, sentencia el maestro Yoda, el miedo es el camino al Lado Oscuro. El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Es tal la sensación de vulnerabilidad que la muerte produce en Anakin Skywalker y su angustia por liberar de ella a sus seres  queridos,  que  es  fácilmente  seducido  por  las  historias  del  todavía Canciller Palpatine quien  le ofrece  la inmortalidad.  Ciertamente  habría  que considerar el rol del destino y el hecho que existiría una vida ulterior a la muerte, sin embargo, no podremos considerar estos elementos en el análisis.

De este modo, hasta el ser más poderoso lucha infructuosamente por trascender  su  natural  vulnerabilidad.  Con  algo  de  ingenio,  los  seres  más débiles pueden doblegar a los más fuertes (recuérdese el modo como la princesa Leia asfixia al poderoso Jabba the Hut, o como los ocurrentes ewoks derriban a los acorazados stormtroopers imperiales en la batalla en la luna de Endor). Aunque no se trate exclusivamente de sociedades de humanos, los seres de la saga son vulnerables en tanto que mortales, y siendo su propósito sobrevivir,  a  falta  de  un  mejor  mecanismo,  necesitarán  la  presencia  del Derecho en sus sociedades que pudiera limitar las amenazas a la vida de los seres de la galaxia. Por ello, corresponde preguntarnos ¿cómo es el Derecho en la saga de Star Wars?

* * *

El inicio de la saga (en el orden de su proyección) nos presenta un escenario de conflicto en el que se ha desatado una guerra civil. Desde la primera escena la tensión se torna en violencia con la irrupción por asalto de las fuerzas imperiales, encabezadas por Darth Vader, en la nave de la Alianza Rebelde que traslada a la Princesa Leia, lideresa de la resistencia y, con ella, a los planos secretos de la Estrella de la Muerte. Posiblemente no sea el mejor momento para determinar si existe o no el Derecho; por el contrario, si asumimos una aproximación básica del Derecho  como un  mecanismo  para solucionar los conflictos, la escena basta para advertir que el Derecho, de existir, ha sido dejado de lado. Por ello, convendría retrotraernos en la saga para apreciar cómo era la galaxia antes que se desencadene el enfrentamiento entre los dos lados de la Fuerza.

La  Amenaza  Fantasma, primera película en  la cronología  de la saga, nos presenta una sofisticada organización institucional en la galaxia en la forma de una república. En efecto, la República Galáctica, que tiene por capital la ciudad de Coruscant, cuenta con un Senado, constituido por los representantes de los sistemas que integran la galaxia, y un Canciller Supremo con atribuciones propias de un jefe de gobierno. Es precisamente uno de los actos de gobierno, la imposición de tributos en las rutas comerciales en el Borde Exterior, el detonante del conflicto por el rechazo de la Federación de Comercio, la que organiza un bloqueo al planeta Naboo. Asimismo, tiene en su estructura al Consejo Jedi que da protección a la República.

Así, la política está sometida a procedimientos parlamentarios de tipo jurídico, de tal forma que la legitimidad de las decisiones públicas no es consecuencia de una imposición autoritativa sino el fruto de deliberaciones y acuerdos. La galaxia parece haber llegado a un consenso en torno al sistema democrático representativo como el mejor modo de canalizar los intereses de cada uno de los disímiles sistemas que integran la galaxia. Es tal la confianza y adhesión al sistema, que su respaldo carece de una concreta coacción en la figura de un ejército galáctico. En su lugar, los Jedi, orden mística integrada por personajes de gran poder, virtud y sabiduría, prestan servicios de protección a la República Galáctica y a ellos se confía la paz y justicia en el sistema. No es sino con la amenaza separatista de la Confederación de Sistemas Independientes, que urge la necesidad de contar con un ejército que proteja la República, el Ejército de Clones.

En  el  ámbito  público,  entonces,  se  advierte  la  presencia  del  Derecho  en diversas instituciones, autoridades y procedimientos. El poder está sometido al Derecho lo que determina –desde nuestra humana y terrenal percepción de las cosas- la presencia de un Estado de Derecho, al menos en sentido formal. Ello pues la saga presenta el inicio del declive de la República Galáctica, afectada por la burocracia y la corrupción. Esto, a la larga, implicará la concentración del poder del Canciller y, con ello, el fin de la democracia y de la República para dar paso al Imperio Galáctico.

Aunque no se presenta de modo directo el funcionamiento de algún tribunal de justicia galáctico, es de suponer la existencia de órganos jurisdiccionales, al menos en cada uno de los planetas que integran la galaxia. Es posible inferirlo, por ejemplo, cuando en la cantina del puerto de Mos Eisley, en el planeta Tatooine,   un   desfigurado   bandido   (Cornelius   Evazan)   intimida   a   Luke Skywalker advirtiéndole estar condenado a muerte en doce sistemas. Habría tribunales, y serían muy severos, aunque poco eficaces. Asimismo, cuando Wundu pretende liquidar al Canciller Palpatine tras descubrir su identidad Sith, alega que este último tiene el control del Senado y de las cortes. Entonces, existen cortes aunque ineficaces y corrompidas. Y, ciertamente, si algo no se presenta en la saga es a algún abogado galáctico.

La ineficacia e ilegitimidad del sistema de justicia es puesta en evidencia también con una de las principales líneas argumentales de las últimas películas de  la  saga:  la  deuda que  mantiene  Han  Solo  con  Jabba  el  Hutt  por  una mercadería perdida tras el abordaje imperial a la nave de Solo, cuando fungía de contrabandista en la organización criminal de Jabba. Ante la negativa de Solo de pagarle una suma extra, Jabba no acude a la justicia sino que pretende hacer justicia por sus propias ¿manos?, ordenando a sus caza-recompensas la captura de Solo. Uno de ellos, Greedo, es liquidado por Solo precisamente en la cantina de Mos Eisley mientras suena la inconfundible canción de la banda. Es un lugar donde la vida no vale nada o, al menos, únicamente lo que el capitán Solo le deja al dueño de la cantina por los daños. Al igual que en el ámbito político, en el judicial la institucionalización existiría pero es más formal que efectiva.

Más allá de esta institucionalidad legislativa, ejecutiva y judicial, en la saga también  se  presenta  una  serie  de  instituciones  propias  del  Derecho  Civil aunque  no  es  posible  determinar  si  en  la saga  se  canalizan  a  través  del Derecho. Por ejemplo, el matrimonio secreto entre Anakin Skywalker y la Senadora Padmé Amidala en el lago Varykino en Naboo o el de Shimy Skywalker (madre de Anakin) con Cliegg Lars; la adopción de Leia por parte del senador y virrey del planeta Alderaan, Bail Organa; el contrato de transporte que celebra Obi Wan Kenobi con Han Solo, piloto del Halcón Milenario; el nombre dado por Padmé a cada uno de sus hijos, etc.

No cabe duda que por más lejana y distinta que sea la galaxia presentada en Star Wars, existe el Derecho, que podemos identificar mediante las señaladas instituciones, autoridades y procedimientos de carácter público y privado. Sin embargo, cabría complementar esta presentación formal de las instituciones jurídicas con algunas consideraciones sobre su contenido. Así, cabría preguntarnos ¿qué protege el Derecho en la saga de Star Wars?

* * *

El desarrollo tecnológico y científico presentado en las películas de la saga nos puede hacer suponer que estamos ante sociedades más evolucionadas que las nuestras. Sin embargo, dicha constatación contrasta con las deprimidas condiciones de vida en muchas comunidades del universo de Star Wars. No cabe duda de que hay un desigual desarrollo económico entre las diversas sociedades  en  la  galaxia.  Hay  en  la  galaxia  sitios  empobrecidos  como Tatooine, apacibles como Alderaan, bucólicos como Naboo, inhóspitos como Hoth, confortables como Bespin o rudimentarios como la luna de Endor.

Su desarrollo moral tampoco parece estar muy evolucionado. Diversas situaciones permiten suponer que no existe algo análogo a lo que en nuestros sistemas jurídicos representa los derechos humanos. Por el contrario, la saga nos presenta situaciones de esclavitud humana –del que son objeto tanto Anakin como su madre-, lo que lleva aparejado situaciones de trabajo infantil. Asimismo, el tortuoso interrogatorio y posterior congelamiento en carbonita que sufre el capitán Solo, sería proscrito por cualquier declaración de derechos humanos.

Más aún, hay situaciones de extrema gravedad que, de producirse en nuestro medio, podrían calificarse como crímenes de guerra o delitos contra la humanidad. Entre ellos podría mencionarse la destrucción del planeta Alderaan como muestra del poder destructivo de la Estrella de la Muerte; el asesinato de los tíos de Luke Skywalker, Owen y Beru, a manos de las tropas imperiales que bombardearon su casa en Tatooine en su búsqueda de los androides de los rebeldes; la masacre a los Moradores de las Arenas, incluyendo a las mujeres y a los niños, por parte de Anakin Skywalker en venganza por la muerte de sumadre; la también masacre de niños aprendices en el Tempo Jedi a manos del propio Anakin Skywalker cegado por la ira; o la ejecución del rendido y mutilado Conde Dooku a cargo de mismo Anakin.

En todo caso, antes que un orden ético-jurídico basado en una visión individualista, las grandes diferencias en el aspecto, cultura, lenguas y formas de vida de los distintos personajes de la saga evocan una situación próxima al multiculturalismo.   Tras   los   episodios   bélicos   subyace   la   esperanza   de conseguir la armonía pacífica en la galaxia (como se evidencia con la arenga por la paz con la que culmina la primera película en la cronología de la saga) con respeto a las diferencias de los pobladores de los diversos planetas. En enfoque, pues, parece más cercano al comunitarismo que al individualismo.

No obstante hay una escena señalada en la que se nos presenta una reflexión propia del discurso de los derechos humanos, basado en la dignidad de las personas. Es el ya referido momento en el que maestro Jedi, Mace Windu, descubre que el Canciller Palpatine es, en realidad, Darth Sidious, el Lord Oscuro de los Sith. Ante la resistencia a su arresto por parte de los Jedi, Palpatine lucha con Windu quien lo doblega. Cuando el Jedi se presta a asestarle una estocada mortal  interviene Anakin Skywalker para impedir la ejecución del canciller exigiendo su derecho a un juicio. Palpatine aprovecha el momento para liquidar a Windu y captar definitivamente a Skywalker. Resulta interesante el fundamento que esgrime Anakin para detener lo que claramente sería una ejecución extrajudicial.

Windu, ampliamente reconocido por su sabiduría, no parece tener reparos en eliminar a Palpatine ante la evidencia de su verdadera identidad. En su lógica, resulta peligroso mantenerle con vida, más aún cuando controla el Senado y las cortes. Su muerte parece ser la única alternativa que impida la vuelta de los Sith. Este razonamiento poco garantista, revela que el enfrentamiento entre los Jedi y los Sith es vital y no admite sino luchas a muerte. La presencia de uno es amenaza para la existencia del otro. En su lucha no cabe contemplaciones ni garantías, simplemente la eliminación. Sin embargo, Anakin le recuerda a Windu que, aunque guerrero, está sometido a códigos y no es el modo como procede un Caballero Jedi. Windu se debate entre lo correcto y lo necesario.

El   que   Anakin   hubiera   exigido   el   respeto   a   ciertas   cuestiones   que consideramos esenciales, aunque resultase infructuoso en la escena, plantea una relevante discusión sobre la capacidad del Derecho y de sus valores para someter las luchas políticas. Ciertamente, es necesario recordar que en algún momento Anakin pone en evidencia que el móvil de su intervención no fue tanto moral, por resguardar los derechos del canciller a un juicio, sino egoísta pues necesitaba los poderes del canciller para salvar la vida de Padmé. Con su proceder, Anakin había sucumbido definitivamente ante el Lado Oscuro de la Fuerza.

* * *

Asociado a lo anterior surge un tema trascendente en el análisis jurídico en el universo de Star Wars y tiene que ver con quiénes son considerados comosujetos de Derecho. Si en nuestros sistemas esa categoría se identifica centralmente con los miembros de la especie humana y se complica a medida que nos alejamos de dicha centralidad, en la saga de las películas el panorama es ciertamente confuso.

Si el Derecho se justifica, básicamente, en  la necesidad  de protección  de individuos en una sociedad, ¿hasta dónde llegaría el alcance de dicha protección en el universo de Star Wars? La gama de seres y especies que habitan en los distintos planetas de la galaxia es amplísima. Desde una perspectiva antropocéntrica, los rasgos de muchos seres nos haría asimilarlos con especies animales, y entonces la distinción con los animales propiamente dichos se diluiría. Pero tal distinción existe, como se advierte, por ejemplo, en el furioso lamento de Anakin ante Padmé cuando recuerda la masacre que perpetró a la comunidad de los Moradores de las Arenas quienes raptaron y ocasionaron la muerte de su madre. Así, llega a decir, son como animales y los he aniquilado como animales. Aunque la frase no es muy deferente con los animales, evidencia que Anakin advierte haber degradado a los Moradores de las Arenas quienes, a pesar de su agresividad y hosquedad, cuentan con un estatus privilegiado, por lo que debió tratarlos de modo acorde a dicha condición.

Por ello, cabría trascender de una aproximación estrictamente genotípica para incluir en ella las capacidades con las que cuentan los distintos personajes. De este poder podríamos distinguir como sujetos de Derecho a los seres, humanos o no, que pertenezcan a especies que cuenten con raciocinio e inteligencia, que les permite conocer, juzgar y crear la realidad. Es indistinto si hablamos de un wookiee, un tusken, un gungan, un jawa, un geonosiano, un ewok o un humano.

Dicho esto, es necesario advertir, también, que los seres de esta gama de especies galácticas interactúan con droides que cuentan en muchos casos con una sofisticada tecnología y con clones de humanos fabricados en serie para la formación de ejércitos. Analicemos brevemente cada uno de estos supuestos.

Los droides son robots, seres mecánicos dotados de inteligencia artificial y que son utilizados en una variedad de roles, sea en ambientes peligrosos o exigentes para los humanos y demás especies, o en campos que requieren una amplia capacitación, conocimiento y precisión.  Así, los hay pilotos, de protocolo, de construcción, de mantenimiento o médicos, como 2-1B, quien atendió tanto al moribundo Anakin Skywalker tras el enfrentamiento con Obi Wan  Kenobi, así como  a  Luke  Skywalker  tras  la amputación de  su  mano derecha como resultado del enfrentamiento con Darth Vader en la memorable escena en que le confiesa ser su padre.

Pero, sin duda, los droides más célebres de la saga, con presencia en las seis películas, son R2-D2 y C3-PO. El primero, un droide astromecánico dedicado a la reparación de computadoras y de recuperación de información, es el inseparable compañero de vuelo tanto de Anakin como de Luke Skywalker y está  dotado  de  dispositivos  funcionales  y  armas  secretas. El segundo, un droide de protocolo, diseñado para interactuar con humanos, de refulgente coraza dorada, con dominio de más de seis millones de formas de comunicación, fue construido cuando niño por Anakin Skywalker. Su nobleza, así como su cobardía y torpeza en situaciones bélicas en las que se ve involuntariamente inmerso, le dotan de una humanidad inusual en los droides.

Sin embargo, por más humanidad que pueda demostrar esta pareja de droides, no llegan a estar considerados en el estatus reservado a los humanos y demás especies inteligentes naturales. Por ello, son objeto de tráfico, de borrado de sus memorias, o de daños considerables en su integridad (C3-PO es descabezado y su cabeza implantada en el cuerpo de un droide de combate en Geonosis;  luego, en  Bespin, es  desmembrado  y torpemente  rearmado  por Chewbacca). Su capacidad de sentir y de sufrir, haría suponer que algunos droides han sofisticado su inteligencia artificial al punto tal que en algún momento en la galaxia deberá debatirse sobre el reconocimiento de derechos a los droides.

El caso de los clones es ciertamente complejo. Fueron creados en Kamino para servir como soldados en el Gran Ejército de la República aunque luego se integraron en el ejército del Imperio Galáctico. Son copias de un caza recompensas, el humano mandaloriano Jango Fett, aunque se manipuló su desarrollo para hacerlos crecer prontamente y que fueran completamente obedientes. Este caso parece ser el inverso al de los droides pues, por más trato instrumental que se les haya dado, convirtiéndoles en obedientes armas de guerra, ello no enerva su origen y naturaleza humana. Aunque su masiva producción respondió a las necesidades de la guerra, sería interesante conocer el desarrollo moral de la galaxia, atendiendo al trato que se les habría dado a los soldados clon, una vez concluida la guerra y restituida la República.

Finalmente, un caso límite sería el del general Grievous, Comandante Supremo de  los  Ejércitos  Droide  de  la  Confederación  de  Sistemas  Independientes durante las Guerras Clon. Es un poderoso guerrero que cuenta con un sorprendente dominio de los sables de luz que blande de forma simultánea. Es un cyborg, producto de la fusión de una estructura robótica y un cerebro, sistema nervioso y órganos vitales humanos. Él mismo niega ser un droide aunque su particular complexión se presta a la discusión. El objetivo de su lucha es la destrucción de la República y el exterminio de los Caballeros Jedi. Ante la duda por su estatus cabría considerarlo más humano que droide y ello pues su envilecimiento, lamentablemente, solo podría ser alcanzado por un humano.

* * *

Tras este recorrido de la saga de Star Wars desde la perspectiva del Derecho, resta analizar un elemento de plena relevancia en la saga: la Fuerza. Esta, explica Obi Wan Kenobi, es lo que le da al Jedi su poder. Es un campo de energía creado por todas las cosas vivientes. Nos rodea, nos penetra y mantiene unida la Galaxia. Es un poder metafísico y vinculante al que son sensibles los Jedi por efecto de los midiclorianos. De ahí que sean los Jedi los custodios del equilibro de la Fuerza en la galaxia, esforzándose por mantener la paz y la justicia en todo el sistema.

El Lado Luminoso de la Fuerza se asocia con los ideales de la bondad, la benevolencia y la curación. Sus seguidores se esfuerzan por vivir en armonía con el mundo que les rodea, actuando con sabiduría y lógica antes que con ira y precipitación.  Estos últimos, más  bien,  son  rasgos  que  distinguen  el  Lado Oscuro de la Fuerza, cuyos seguidores actúan por intereses personales, llevados por la ira y, con ello, condenados al sufrimiento. Las emociones negativas como la agresión, la cólera y el odio conducen al Lado Oscuro; en contra, la compasión y el coraje alimentan el Lado Luminoso de la Fuerza. El uso de la Fuerza, entonces, exige un manejo ético pues su mal uso podría acarrear consecuencias devastadoras.

La línea que separa el Lado Luminoso del Lado Oscuro de la Fuerza es muy tenue. La tentación del Lado Oscuro es poderosa y puede doblegar el temple de los más poderosos Caballeros Jedi. Recuérdese el caso de Dooku o del propio Anakin, Caballeros Jedi quienes, creyendo mantener sus ideales, canalizaron su frustración hacia la República y a la Orden Jedi alineándose con el Lado Oscuro. Poderosos guerreros al servicio de la peor de las causas. Seguramente ambos podrían justificar desde nobles ideales su militancia en el Lado Oscuro. Finalmente, parece no ser sino una cuestión de perspectivas.

Esta constatación resulta devastadora. La paz y la justicia de la galaxia se supeditan al frágil equilibrio de la Fuerza cuyos custodios están en una constante exposición a las tentaciones del Lado Oscuro. No queda sino confiar en el temple y la entereza de esta casta de guerreros. Ni las instituciones galácticas por las que discurren los procedimientos políticos están por encima ni son inmunes al oscuro poder de los Sith.

Desde una perspectiva jurídica, tal situación tendría una particular lectura: la obediencia al Derecho depende de la actitud moral de algunos de los miembros de la sociedad. Aunque el Derecho cuente con un respaldo coactivo que forzaría a muchos a su observancia, habrá quienes tengan que cumplirlo no por razones prudenciales sino morales y será en quienes recaiga, en última instancia, la existencia del Derecho. Así, cuando se le toma en serio, el Derecho requiere un grupo comprometido de personas que asuman los valores que éste promueve a través de sus normas, procedimientos e instituciones. El ejercicio del poder mediante el Derecho no solo requiere contar con normas que así lo reconozcan sino, sobre todo, una actitud ética referida a la trascendencia de su función. La tentación por la corrupción y el individualismo no hace sino pervertir el poder, instrumentalizando al Derecho para la satisfacción de intereses egoístas. El Derecho, pues, es como un sable de luz en manos de quien ejerza una cuota de poder. La causa a la que sirva dependerá de su formación jurídica y de sus cualidades éticas. Ejerciendo el Derecho se puede actuar como un Jedi o como un Sith.

Tomarse al Derecho en serio es una exigencia para todos quienes actuamos en la práctica jurídica. La misión no es fácil pero de ella depende la paz y la justicia de la sociedad. Habrá que desoír las tentaciones del Lado Oscuro y persistir en la defensa de los valores que el Derecho garantiza… que la Fuerza (del Derecho) nos acompañe.


(*) Este texto fue originalmente publicado en el boletín “Star Wars. El Derecho en una galaxia muy, muy lejana …” de la Asociación Civil Foro Académico, en el año 2012.

Félix Morales Luna
Doctor en Derecho por la Universidad de Alicante, España y egresado de la Maestría en Derecho Constitucional en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Profesor Asociado de la Facultad de Derecho PUCP.