por

La violencia de género como espectáculo: ¿Dónde está la ética de los medios televisivos?

En el Perú, pareciera que los medios televisivos no fueran conscientes de su poder y responsabilidad. Es como si construyeran su programación únicamente esperando obtener mayor rating y con ello, lograr ser favorecidos con más publicidad.

Daré como ejemplos dos programas que me hicieron llegar unas amigas para nuestra reflexión de grupo. Esto me impulsó a seguirlos entre días, y me ha llevado a la necesidad de compartir algunas preocupaciones sobre sus contenidos. Estos programas son: “Esto es guerra” en América Televisión y “Andrea” en ATV. Me concentro en dos ediciones en concreto por su violencia.

En el primero se vio la imagen de una modelo atada desde las manos y los pies y, luego, a un modelo, cuyas cuerdas son tensadas a uno y otro lado; se puede observar y escuchar los rostros y las exclamaciones de dolor[1].

En el segundo, la conductora reúne a tres personas, una hermana mayor (esposa con una hija), una hermana menor (con una hija del esposo de la hermana) y el cónyuge de la primera. La menor se desempeñaba como trabajadora del hogar en la casa de la hermana.

El tema es que la menor tuvo su hija a los dieciséis años; es decir, es producto de una violación, pues de acuerdo a la Ley Nº 30838, si la víctima tiene entre catorce y menos de dieciocho años de edad es un delito sexual; sin embargo, la conductora la trata de traidora, le dice si no se avergüenza de haber traicionado a su hermana. A esta la victimiza, y el cónyuge sale bien librado, es al que menos se le reclama por su proceder, lo importante es demostrar, a través de una prueba de ADN, que la niña, hija de la hermana menor, es suya. La conductora no toma en cuenta la edad que tenía esta joven cuando salió embarazada y las circunstancias en que se da el hecho.

Ambos programas naturalizan la violencia y los estereotipos de género. En el primero, la violencia es parte de actividades lúdicas. En el segundo, es parte del espectáculo, porque es un espectáculo el que se monta, por lo general, enfrentando a las/os protagonistas, visibilizando sus infidelidades y relaciones violentas. A esto se suma que ambos programas fueron difundidos en horario familiar (de 6 a 22 horas, art. 40 de la Ley de Radio y Televisión), lo que significa que han sido vistos por personas de todas las edades, entre ellas menores, en un contexto en que niñas/os y adolescentes utilizan más los medios audiovisuales para sus clases educativas, por el COVID-19.

El programa “Andrea” además, juzga, condena, juega a la tradicional mirada binaria: la buena-víctima y la mala-traidora, el ángel y el monstruo. Queda fuera de esta dupla el hombre responsable de la violación, que no menciona.

Está demostrado que los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales, construyen visiones del mundo; percepciones de lo que es un hombre, una mujer y una persona de la diversidad sexual; de lo que deben ser las relaciones entre las personas… Es decir, los medios ofrecen valores, y lo hacen a través de los programas y de la publicidad, son clave en la transmisión de la memoria colectiva, y en ese sentido son uno de los mecanismos de normalización de la discriminación de género.

Un estudio cuantitativo (octubre, 2018) del Consejo Consultivo de Radio y Televisión (Concortv), nos da cifras sobre el consumo de estos medios por parte de niñas/os y adolescentes.

La televisión es el medio con mayor presencia en los hogares peruanos (100 % de las/os entrevistados). El 52 % ve televisión a diario. El programa que más gusta de lunes a viernes entre las/os menores es “Esto es guerra”.

Un aspecto interesante, con relación a los noticiarios, que tienen un promedio de media hora de noticias policiales, es que las/os menores son conscientes de que “informan de mucha violencia”; aunque esta percepción ha disminuido con relación al estudio anterior de 2016–59 % frente a 73 %–, lo que nos puede indicar que se ha extendido la normalización de este tipo de información.

¿Qué pasó con la ética de los medios?

He dado una aproximación sobre el consumo de la televisión entre las/os niños y adolescentes para acercarnos a la importancia que tiene en el entretenimiento de este sector de la población.

De acuerdo a la Ley de Radio y Televisión Nº 28278, los medios de comunicación deben contribuir a proteger y respetar los derechos fundamentales de las personas, pero bastan estos dos ejemplos para darnos cuenta que no están cumpliendo la norma, al contrario.

Son los propios medios los que deben autorregularse a través de sus códigos de ética que se establecen de forma asociada y de manera individual.

El artículo 40 de la Ley, sobre horario familiar entre las 06:00 y 22:00 horas, señala que se deben evitar “los contenidos violentos, obscenos o de otra índole, que puedan afectar los valores inherentes a la familia, los niños y adolescentes”. Y en el siguiente artículo, se dice que son los mismos titulares de los servicios de radiodifusión los responsables de clasificar tanto la programación como la publicidad. Y, luego de este horario, se debe advertir que es un programa para personas adultas. ¿Los medios están cumpliendo esta obligación?

La responsabilidad social es uno de los principios del Código de Ética de la Radio y Televisión peruana, y en el art. 5, entre otros, el respeto a la dignidad de la persona humana.

Lamentablemente, los medios son reflejo de la sociedad en que vivimos, y ambos programas así lo demuestran: son contenidos propios de una cultura machista, que están fomentando la violencia en general y de género contra las mujeres. El poder de estas imágenes se incorpora en la subjetividad de las/os espectadores, y las mujeres internalizan que sus cuerpos y sus comportamientos están para ser sometidos a la evaluación de los demás.

Estamos frente a una ausencia de autocontrol de los medios.

También está el Código de Ética del Colegio de Periodistas del Perú que, entre otros aspectos, señala que no se debe publicar información (o imágenes) que denigren a la persona. Y en ambos programas se comete esta falta.

La pregunta es, entonces, ¿cuántos periodistas, productoras/es, conocen estos Códigos de Ética?

Moral y ética

La moral y la ética guían la conducta de las personas y las colectividades; cuanto más si se refieren a un medio de comunicación.

Veamos los ámbitos que se dan en un proceso como el de un programa de televisión:

  • El/la periodista que construye la noticia o imagen y la persona que la recepciona.
  • La empresa o institución desde la cual actúa el/la periodista, y la sociedad, donde recoge la noticia.
  • En esta sociedad se ubican tanto el receptor como la empresa periodística y el/la periodista.

El periodista tiene una moral y como marco el manual ético de la empresa, el código de ética de las/os periodistas y la ética de la sociedad. El receptor tiene su propia moral, alimentada, en parte, por la ética de la sociedad en que se desenvuelve, desde la cual evalúa, juzga la noticia o imagen.

Como se ve, en el proceso periodístico están en juego varias morales (costumbres familiares, tradiciones religiosas, cultura), y varias éticas (la de la empresa, las normas estatales, el Código de Ética de los periodistas profesionales y la ética de la sociedad), desde el proceso en que se construye la noticia o imagen hasta el instante en que se lee o se ven. En todo este proceso, lo más probable es que entren los conceptos de bueno o malo del periodista, así como la del receptor al juzgar la noticia.

De ninguna manera va a ser posible una neutralidad periodística. Desde el momento mismo que se eligen unas y no otras noticias, que productoras/es seleccionan estas y no otras imágenes, ya están en juego todas estas morales. La conciencia moral está en cada una de las personas, se ha ido construyendo e internalizando desde que era una bebé a lo largo de la socialización hasta que es una adulta.

La continuidad de imágenes violentas, especialmente contra las mujeres, propicia una desensibilización progresiva. Programas de esta naturaleza causan sufrimiento y la humillación de las personas como parte del entretenimiento. Al mismo tiempo, las/os modelos como las/os participantes a programas como el de “Andrea” aceptan este dolor y degradación como forma de obtener dinero.

Estas son lecciones para las/os menores: no importa a qué situaciones te sometas, lo importante es ganar dinero. Los valores son reemplazados por el dinero.

Si una persona, sea periodista informativa, productora o conductora, no es capaz de poner límites a su conducta a la hora de desarrollar su trabajo, la empresa debe recordarle su Código de Ética; pero ¿qué sucede cuando estas también lo han olvidado al romper todo límite con el fin de acumular dinero? Ganar dinero no es malo, lo malo es si con ello estás afectando la salud psicológica de tus espectadoras/es, en especial menores de edad, al exponerlos continuamente a imágenes violentas y, además, el mensaje que se transmite es: no importa lo que hagas, el objetivo es lograr ganancias pecuniarias. 

El ser humano debe poner límites a su conducta, sea de manera individual o representando a una institución. Y estos límites, a través de un código de conducta, deben ser interiorizados. Sin embargo, en nuestro país, vemos que, cotidianamente, en el periodismo, en la calle, en la gestión pública, estos límites son rotos. Y ello tiene que ver con lo que Habermas señalaba, que en el proceso de socialización el individuo internaliza que, si rompe una norma, va a ser sancionado. Creo que en nuestro país se ha perdido la capacidad de sancionar. Al contrario, el mensaje que se envía desde los poderes públicos, a la población, especialmente joven, es que se pueden sobrepasar los límites y no pasa nada.

Como señala Miguel Giusti[2], “puede hablarse de la ética de una manera y vivirse de otra”. Sin embargo, no se reflexiona sobre la contradicción de pensar de una manera y actuar de otra.

Esto nos lleva a Hume, que decía que los hombres por naturaleza no tienen ningún motivo “real o universal” para respetar las leyes. Es decir, “el sentido de la justicia y de la injusticia no procede de la naturaleza” sino que proviene “de la educación y de las convenciones humanas” (Tratado de la naturaleza humana). Lo que implica que cada individuo actúa con la expectativa que los otros realizarán algo análogo, motivados por un sentido de interés.

Esto nos confirma, pues, la importancia de la educación en la tarea de inculcar el respeto de las normas y de actuar correctamente, de acuerdo a “un código regulador”, del que nos habla Giusti. Este Código tiene que ver con las creencias valorativas. Es decir, con los valores que tiene una sociedad. Y los medios masivos de comunicación tienen un rol fundamental en la transmisión de estos valores.

Por otro lado, las personas cotidianamente hacemos juicios morales. Lo hacemos en nuestras relaciones intersubjetivas (la familia, los amigos, en el trabajo…), y también en el ámbito político.

Hay un elemento que siempre está presente en nuestros juicios morales: la tradición religiosa. Cuando hablamos del derecho al aborto, la inseminación artificial, la eutanasia, por lo general se opina desde una perspectiva religiosa y no desde la perspectiva de derechos.

Ernst Tugendhat[3] señala que un juicio moral “se puede poner en cuestión únicamente desde el punto de vista normativo”. Por ejemplo, hay todo un debate sobre los derechos humanos, si son derechos morales o derechos legales. Para Habermas, los derechos morales no son derechos, y en este sentido los derechos humanos son derechos legales que regulan de forma efectiva el comportamiento humano, algo que no lo puede lograr la moral. Sin embargo, los derechos humanos si bien son normas jurídicas, se han convertido en normas éticas y morales. Son un derecho, al mismo tiempo son un deber. Y en estos programas se están atentando contra los derechos de las personas que participan, aun cuando ellas hayan dado su consentimiento.

Concluyendo, en un sentido práctico, el objetivo de la ética y la moral es muy similar. Ambas construirán la base que guiará la conducta de la persona humana, lo que va a determinar su carácter y sus virtudes. Mientras que la moral es un conjunto de normas que guían el comportamiento de una persona; la ética busca dar un fundamento racional a esas normas. Mientras la moral influye en el comportamiento de un individuo; la ética influye en las normas de conducta de una sociedad.

Estos programas no solo están violando las normas del Estado, también la propia ética de la empresa. Que no nos sorprenda entonces que la violencia sea cada vez más la manera de dirimir conflictos en nuestra sociedad, que la violencia de género contra las mujeres siga siendo la mayor expresión de discriminación, que el no respetar las normas de convivencia se haya convertido en una forma de vida.

Frente a todo esto está la inoperancia de las autoridades, tanto frente a las empresas como frente a los individuos, y si las/os hijos ven que los padres no respetan las leyes, ellos imitarán esta conducta, y nos convertiremos en una sociedad donde todo vale si el objetivo es lograr algo a nuestro favor.

Esperemos que esta situación cambie, y que la televisión, que ocupa un lugar tan importante más allá del entretenimiento de chicos y grandes, recupere la creatividad, si alguna vez la tuvo, y no recurra al recurso fácil de la violencia o el conflicto entre los sexos.


Bibliografía:

[1] La Defensoría del Pueblo se manifestó contra la violencia de este programa.

[2] Debates sobre la ética contemporánea (2007). Colección Intertextos n.° 1. Estudios Generales, Pontificia Universidad Católica.

[3] Lecciones de ética (2010). Barcelona: Gedisa Editorial, p. 18.

Fuente de la imagen:  https://bucket2.glanacion.com/anexos/fotos/94/2113694w1033.jpg  

Escrito por Gaby Cevasco

Gaby Cevasco

Periodista y escritora. Ha publicado Entre el cielo y la tierra, el fuego (cuentos) 2014, Nuevo testamento (poesía) 2010, Detrás de los postigos (cuentos) 2000, Sombras y rumores (cuentos) 1990. Sus cuentos han sido publicados en antologías de Colombia, Ecuador, Estados Unidos, Perú, y en revistas de Bolivia, Canadá y Argentina. Y su poesía en una antología francesa de poetas peruanas. Sobre trabajo con mujeres ha publicado: Comunicación por radio: ¿cómo acercarnos a las mujeres de la comunidad (2019), Las/os adolescentes y jóvenes y el ejercicio de su ciudadanía. Manual básico de abogacía o advocacy en educación sexual integral (2018), Salud y violencia de género contra las mujeres. Guía para la reflexión entre operadores de establecimientos de salud (2018). Ha trabajado en diarios y revistas, pero su mayor trayectoria la realizó en el Centro de la Mujer Peruana Flora Tristán desde 1988 hasta el 2012. En esta institución, desde el 2004, viene impulsando el Círculo Universitario de Estudios de Género que se convoca cada año en el mes de marzo.