Derecho a la memoria y la verdad: ¿Nos enseñaron a no olvidar o a tener miedo?

Durante las décadas del 1980 al 2000, nuestro país sufrió la violencia del terrorismo, en donde el temor era el aliciente de cada mañana, y la angustia nos desprendía del colectivismo. En ese escenario, una generación crecía, ¿qué dejó el terrorismo en la memoria de ellos? Si bien eran unos niños en los años más violentos de la historia peruana, dicha generación no logra identificarse con la generación que vivió el terrorismo (porque no eran plenamente conscientes) pero tampoco se identifican en la época del postconflicto (nacer en los años 2000). La insistencia de rememorar la época del terrorismo tuvo como consecuencia que quedara en la memoria la desconfianza hacia los demás; y con ello, a la sociedad.

¿Es necesario el desglosar los sucesos pasados de manera consciente? ¿Debería existir el reconocimiento del derecho a la memoria para poder avanzar de manera eficiente como sociedad para aclarar las brechas sociales que aún nos anudan? ¿Es necesario el repensar conceptos sociales? Son las preguntas en torno al derecho a la memoria que podría ser el primer paso para una reconciliación social de los años que agravaron nuestros demonios sociales como el clasismo y la discriminación. Siendo así la clave para juntarnos y reconstruir en base a la comunidad el lograr integrarnos e identificarnos a una sociedad.

Introducción

Cuando eres joven y quieres hablar del terrorismo en el Perú te encuentras en dos bandos: o sabes del tema o no sabes lo que pasó en tu país. Sin embargo, cuando se está muy informado o en búsqueda de más información se los tilda de realizar “apología al terrorismo”. Pero, si están en el otro bando, es decir, cuando no están informados al punto de no saber quién es Abimael Guzmán se los tilda de ser “ignorantes” y “fácil de dominar por los grupos terroristas”.

Se enseñó que hubo una época en nuestra historia llamada terrorismo, donde los terroristas querían cambiar el orden de las cosas generando pánico y muerte en todo el país, ellos eran los malos, y los que no participaban en esos grupos eran los buenos. Ambos bandos peruanos, pero no nos debíamos identificar con los malos, no debíamos creer en esos que cuestionan las cosas, esos son terroristas y por ello merecen el máximo castigo por todo lo que hicieron. Se dictó a la juventud a ser el cambio sin saber qué debían cambiar, sin saber qué debían no olvidar para no repetir. ¿Debían recordar el miedo o el por qué hubo tanto miedo?

  1.  ¿Cómo me identifico en esta sociedad?

Es bien sabido que el sujeto construye su identidad y subjetividad mediante experiencias. Reconocerse a uno mismo y como parte de una sociedad incluye la presencia de otros sujetos. La sociedad es el escenario donde nos desarrollamos como personas y acomodamos la conducta en base del orden y el vivir común de nuestro alrededor. La sociedad como un sistema resulta ser una unidad integrada por una serie de elementos (económicos, político, jurídicos, religiosos, etc.) interrelacionados entre sí que están en constante cambio. Resulta de ese escenario que la sociedad civil es la que crea el Estado, por lo que éste no es un fin en sí mismo, sino un medio para que la sociedad civil logre sus objetivos (Torres, 2011). El Estado como institución es un elemento trascendente en nuestra memoria y sociedad.

Entonces, si partimos de la idea que la identidad se construye bajo la memoria debemos ser conscientes que las acciones de las autoridades, el gobierno, y otras instituciones predominantes tienen una importante relevancia en dicha construcción. Castro (2007) nos dice que los cambios o alteraciones que se sucedan en la vida social influirán en la construcción de los aspectos centrales de la vida cotidiana.

En Perú, fuimos marcados por el terrorismo durante los años 1980 hasta el año 2000, donde el Estado se mostraba herido y a la vez ausente, donde el terror y el miedo había dominado a esa generación. De ahí surge una generación que nació por los años 1990 a 2000, en medio del terror y las ganas de terminar con el miedo. El país estaba como un niño que recién salía del hospital tras una fuerte infección estomacal: débil, prohibiéndose comer cosas que le pueden hacer daño, y con ganas de recuperarse y no regresar al hospital. A partir de ello, la percepción que se tiene de los otros sujetos en nuestra sociedad es una imagen de alguien peligroso, alguien que hizo daño. Se empieza a desconfiar del colectivismo y la seguridad se encontraba en cuidar el interés particular y –a lo más- el de la esfera común (familia y amigos cercanos). Se heredó la desconfianza a los demás por miedo a que bien lo maten o lo desaparezcan.

  • Terrorismo en el Perú: sí lo conozco, pero sólo de vista

En el contexto de cumplirse un año más de la captura de Abimael Guzmán[1], se realizaron diversas entrevistas a la población juvenil para evidenciar cuánto saben sobre este personaje y todo lo que su presencia y activismo en nuestro país significó y costó. El año 2015 “¿Qué sabes de Abimael Guzmán?” en el canal del youtuber Henry Spencer[2] y el reportaje del año 2016 “Para no olvidar: un doloroso capítulo en la historia del Perú” del programa televisivo Panorama del canal 5[3]. Ambas encuestas estaban dirigidas a estudiantes de institutos y universidades. Se mostraba la imagen de Abimael Guzmán o el símbolo de Sendero Luminoso para que los jóvenes respondieran todo lo que mínimamente pueden saber sobre terrorismo en nuestro país, respondiendo todo de manera errónea.

La indignación de la población no se hizo esperar. En efecto, todos los encuestados sabían que existió el terrorismo en nuestro país, pero no se le había enseñado adecuadamente sobre sus inicios, pensamientos, movimientos o líderes. Sólo se enseñó sobre la violencia y miedo que existió en nuestro país.

No existen, ni parece que existirán, espacios dirigidos a los jóvenes para hablar sobre el terrorismo. No se tiene una generación que recuerde y sepa defenderse de los que aun pregonan el pensamiento Gonzalo[4]. Existe una generación que sólo recuerda las explosiones, pero no sabe dónde ni quién armó el fuego.

“¿Enfocarse sobre lo que la gente hizo es más valioso que enfocarse en lo que le hicieron?” (Agüero, 2015, p.99).

Está en la memoria la existencia del terrorismo como si fuera la tabla de multiplicar: sabemos el resultado por grabarlo en nuestra memoria, no por sumar un mismo número tantas veces como indica otro número.

  • Esclareciendo la memoria histórica, ¿necesitamos la verdad?

La institución del gobierno marcó una línea muy resaltada de represión a cualquier acción o sospecha de hechos terroristas. La sociedad civil estaba desordenada y a la vez colectivizada en bandos subversivos y represivos, no había tiempo para idealismos de una solución o salida pacífica y reconciliadora, solo buscaban exterminar con el terror y el miedo que estaban apoderándose de nuestra sociedad[5].

Queda en la memoria los sucesos y no el proceso, quedan resaltando y predominando en nuestra mente los atentados y explosiones como parte del terrorismo, como si fuera una etiqueta de la época. A partir de ello, queda también en la memoria que toda persona externa a nuestro entorno, los sujetos de la sociedad, puede resultar peligrosa. Todas las conductas reprimidas en los años del terrorismo han sido declaradas como prohibidas en la memoria de muchos, siendo ellos quienes transmiten a la siguiente generación (la actual) el deber de buscar el interés particular y no el colectivo. Es ahí donde la verdad y la memoria comenzarían a actuar como un derecho fundamental para el desarrollo de la democracia.

Sin la verdad consolidada en la memoria no podría consolidarse la sociedad, toda vez que en el discurso de no olvidar se quedó el miedo de lo que todos recuerdan y no perdonan, el miedo de volver a un estado de guerra. Eso nos está volviendo insensibles a lo que pasa a nuestro alrededor y dejamos pasar todo lo que nuestra participación podría cambiar en los sucesos que alteran nuestra sociedad. Incluso la causa más solidaria tienes sus detractores, hemos perdido la esencia de colectividad, no nos sentimos como parte de una sociedad, simplemente vivimos en una y velamos por nuestros intereses y no por el bien común.

 “Todo lo que nos pasa lo vamos naturalizando, olvidando, y en definitiva lo vamos aceptando inconscientemente… lo que falta es memoria si no, no se explica que estemos así.” (Castro, 2007, p.28).

Es innegable que el nivel de desconfianza también se alimenta por la inseguridad ciudadana que vivimos en el día a día, así como también de las múltiples experiencias que nos transmiten nuestros familiares en sus relatos donde interactuaron con personas que los traicionaron. Sin embargo, esta reflexión busca resaltar que la época del terrorismo influyó en una generación como elemento de alteración de su vida cotidiana para advertir en la memoria de la siguiente generación todo el miedo que existió y que no se debe olvidar para que no vuelva a repetirse.

  • Derecho a la memoria y verdad: Juntémonos

El papel de la verdad de todo lo sucedido en la época del terrorismo, sin tabúes ni empañamiento de sujetos e instituciones “poderosas” es crucial para llegar a una reconciliación que ubique a la memoria como punto de partida para la arquitectura de la participación ciudadana. Como dice Agüero (2015) la verdad no se materializa en una hoja de papel.

La política puede ser tan sucia en nuestro país, pero a la vez es necesaria. En la política podemos conocer lo mejor y lo peor de los demás, es un mundo en donde nadie te abre las puertas, debes entrar y buscar la forma de pertenecer en esa esfera. Es un espacio donde tienes poder y el único freno es la moral. Moral que se construye con la memoria.

Depende de nosotros hacer una limpieza o aprender a barrer con nuestros actuales políticos. Debemos conversar y confiar el uno del otro, reencontrándonos y apuntando a la búsqueda de la verdad y la memoria; de lo contrario, vamos a seguir escogiendo a los mismos congresistas incapaces y poco capacitados; por más que hayan estado o estén involucrados en casos de corrupción, seguiremos votando por el mismo estado de las cosas que tanto nos quejamos e indignamos si seguimos dejar pasar las cosas y no actuar para que pasen.

Lo que vivimos ahora en nuestra política, nuestro actual gobierno, en nuestro actual Congreso; es el total resultado de una sociedad individualizada. Una que no conversa, que no se cuenta que existen los Vladivideos[6] y que varios políticos de hoy están ahí grabados y sonrientes mientras el pueblo seguía golpeándose. Casos como esos deben ser los que se griten para no olvidar, para no repetir.

Se nos pegó tanto el no olvidar que se nos olvidó el perdón. El resentimiento y las heridas han sido heredados a nuestra identidad y estamos dejando que nuestro individualismo sea el mejor escenario para un gobierno que cada año se pinta más corrupto. Para poder fungir en democracia se debe instituir el derecho a la memoria y a la verdad que tanto nos permitiría aclarar nuestro civismo.

Empecemos a confiar en las luchas y testimonios de los otros, escuchemos a más peruanos y no a las redes sociales manipuladas. Es incuestionable que una sociedad está condenada a repetir su historia si no sabe su pasado. Leamos nuestra historia y tejamos nuestra memoria en los sucesos que nos llevaron a tener una sociedad como la que tenemos ahora. Ya somos ciudadanos de pleno de derecho y con discernimiento, dejemos de escapar de nosotros mismos y empecemos a actuar más y quejarnos menos. Juntos podemos confiar más e identificarnos como sociedad, encontrando la verdad en nuestro colectivismo.

Hubo y habrá jóvenes que han vencido la desconfianza y el miedo, son pocos, pero los hay. Debemos abrir espacios para ese tipo de jóvenes, esos que buscan visibilizar los problemas como colectivos y abrir debates para resolverlos como sociedad.

Sí, existe una generación que le faltó reconocer y ejercer el derecho a la memoria y a la verdad, esa que llaman pulpines y salen a las calles a interrumpir el tráfico cuando el gobierno actúa mal y no lo quieren dejar pasar. El miedo está y seguirá en nuestra memoria, es cierto, pero si hay jóvenes que se identifican y luchan por su sociedad, pueden existir más; solo nos falta coincidir, confiar y luchar. Juntémonos.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Agüero, J. (2015). Los rendidos. Sobre el don de perdonar. Lima, Perú. IEP.

Castro, G. (2007). Jóvenes: La identidad Social y la Construcción de la memoria. Última Década, (26), 11-29

Herrera, M.C.; Olaya, V.; Infante, R.; Pinilla, A. (2005). Tejiendo la Memoria en la construcción de Identidades Juveniles. Nómadas, (23), 68-75.

Gotler, J. (Ed) (2015). Subjetividades diversas: Análisis de la situación política, social y económica de las juventudes peruanas. Lima, Perú: Editado por Ernesto Rodríguez y Julio Corcuera Portugal Torres, A. (2011). Introducción al Derecho, Teoría General del Derecho. Lima, Perú. Idemsa.


[1] Líder del Partido Comunista Peruano Sendero Luminoso, también conocido por el seudónimo de Presidente Gonzalo. Actualmente se encuentra recluido en la base naval de la Marina de Guerra del Perú en Callao condenado a cadena perpetua por el delito de terrorismo.

[2] Link del vídeo completo: https://www.youtube.com/watch?v=GswPkMJOb94

[3] Link del reportaje completo: https://www.youtube.com/watch?v=RdIqAKCTZ7E

[4] Pensamiento ideológico base del Partido Comunista Peruano Sendero Luminoso

[5] Colección de Prensa. Expreso. Lima, 10 de diciembre de 1986. Tomado de la plataforma virtual del Centro de Documentación e Investigación del LUM, el 20 de setiembre de 2017 http://lum.cultura.pe/cdi/foto/%E2%80%9Chay-que-eliminar-sendero%E2%80%9D

[6]  Colección de videos de Vladimiro Montesinos – Vladivideos. Reunión de Alex Kouri, Absalón Vásquez, Luz Salgado y Vladimiro Montesinos. Tomado de la plataforma virtual del Centro de Documentación e Investigación del LUM, el 20 de setiembre de 2017 http://lum.cultura.pe/cdi/video/reuni%C3%B3n-de-alex-kouri-absal%C3%B3n-v%C3%A1squez-luz-salgado-y-vladimiro-montesinos

Valeria Rojas
Abogada por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Activista y consultora externa en asociaciones juveniles sobre temas de derecho y ciudadanía. Participante y coordinadora en proyectos de asesorías jurídicas gratuitas de diversas ONG's. Voluntaria de Acción por Igualdad.