Del paternalismo a la participación: Políticas de salud sexual para personas trans

I. INTRODUCCIÓN

Hace algunos años elaboré una investigación sobre la atención en salud sexual VIH-SIDA a personas trans y recibí todo tipo de comentarios. Me dijeron que las travestis eran gays vestidos de mujer. Que no era un tema relevante para las políticas públicas en salud. Que mejor cambie de tema, algo menos controversial. Que era una población con muy pocas posibilidades de salir adelante.

Me demoré tres años en terminarla, entre argumentos de sustento, refutaciones, idas y vueltas de borradores. Lamentablemente, algunos temas quedaron en el tintero. Con este artículo cumplo mi revancha por los derechos de las personas trans, y completo el círculo del conocimiento al compartirlo. Expongo brevemente el análisis que hice respecto a la atención estatal en salud sexual, a partir de diversas entrevistas a profundidad que realicé a personal de servicios de salud públicos, travestis y líderes de diversas organizaciones LGTBIQ[1].

II. El Estado paternalista: políticas homogeneizadoras

La coyuntura política nacional revela la presencia de profundos problemas irresueltos en la historia del país, que se reflejan en situaciones de discriminación, exclusión y violencia, que desintegran los lazos sociales. En ese sentido, el Estado cumple un papel importante para superar las desigualdades pero éste tiene diversos enfoques para lograr su efectividad social.

El primer enfoque de Estado que presentaremos es “la paternalista” que visualiza al público objetivo como simple beneficiario de las políticas de salud.  Bajo esta lógica, las personas trans no tienen agencia ni iniciativa, es decir, son víctimas de la sociedad, sin ninguna esperanza de desarrollo personal, sobre todo por el entorno en el que viven.

El siguiente testimonio señala que para superar los problemas de salud física y mental de estas personas, se requiere un cambio en el entorno social en el que pasan su vida cotidiana, pero esta tarea parece ser inalcanzable para el Estado, con ello ejemplifica el enfoque paternalista de las políticas públicas:

“ (…) Cómo trabajas eso, con terapia piscologías, ya, pero cuando haces terapia psicológica, necesitas un entorno que favorezca la percepción de esa reconstrucción de mi personalidad, pero qué tal si ese entorno no es adecuado, al contrario todos los días te recuerda lo pobrecita que eras, es como alguna vez una persona nos dijo cuando una de ustedes viene a un retiro es como que pasas de una piscina contaminada a una agua pura y estas linda, te das cuenta de lo bueno y lo malo que hicieron pero terminó tu retiro y te vuelvo a sacar pececito de la pecera cristalina y te vuelvo a llevar a la pecera de agua turbia, qué vas a hacer, sacar la cabeza a respirar, seguir viviendo o adecuarte otra vez a tu sector alrededor.” (Entrevista a trabajadora en prevención ITS-VIH, MINSA)

En esta lógica, algunas entrevistadas señalan que es importante que las personas trans aprendan a organizarse para saber reclamar sus derechos. Sin embargo, no las consideran  como agentes de cambio. Es decir, no son visualizadas como parte de la sociedad civil, sino que continúan en calidad de público beneficiario.

“No solo a través del Estado, porque hay cosas que el Estado no podrá dar no es el momento, posiblemente cuando la situación económica del Estado sea mucho mejor, cuando las prioridades sanitarias haya superado. (…) Estamos hablando del problema social. La campaña de salud la hacemos nosotros, la campaña social deberían hacerlo ellos de sociedad civil en su conjunto.” (Entrevista a trabajadora en prevención ITS-VIH, MINSA)

Según las entrevistadas, la calidez del centro de salud es muy importante para atender adecuadamente a las personas trans y para que acudan sostenidamente a su atención. Sin embargo, consideran que no es necesario que la atención sea diferenciada o adecuada a sus necesidades porque generaría un efecto discriminatorio:

“La población trans es una población con características particulares pero no tienen tantas diferencias como para hacer un programa especialmente y específicamente para ellos. Una de las cosas que se queja la población es del estigma y la discriminación, si hacemos eso estaríamos tratándolas como personas totalmente diferentes al resto y no es lo que ellas quieren.” (Entrevista a trabajadora en prevención ITS-VIH, MINSA)

Los testimonios mostrados son reflejo de las políticas públicas homogeneizadoras que no toman en cuenta las necesidades diferenciadas de las personas según sus características particulares. Se cree que la atención especializada es una forma de discriminación. Sin embargo, lo que nos dicen las personas travestis entrevistadas es que en los centros de salud reciben todo tipo de discriminación y vulneración a sus derechos, justamente porque el servicio no es diferenciado.

“Te desprecian completamente en un centro de salud… difícilmente nos van a ver como personas…ellos no comprenden, por eso nos tratan de esa manera, como si fuéramos un estorbo para la sociedad…” (travesti)

Es por ello que exigen una atención diferenciada, desde el punto de la vista de la igualdad de oportunidades y derechos humanos, por la especificidad de sus necesidades. Es así que proponen:

“Esta atención debería ser prioridad o sea primordial porque nosotras todas las trans la mayoría tenemos el problema en la atención…deberíamos tener vías, atención especial para nosotras, poder tener mayor facilidad de atención.” (travesti)

“No nos rechacen la atención, que nos atiendan bien, porque toda persona humana sea lesbiana, trans…Que nos atiendan con cariño, con paciencia, como una persona normal que somos así nada más.” (travesti)

“Necesitamos políticas de salud propias para nosotras, para nuestra comunidad. Nosotras no solo somos vulnerables del VIH sino a una serie de enfermedades y por eso que le exigimos al Estado que estas políticas incluyan una salud integral de todo nuestro organismo.” (Lideresa  Red Trans)

Estos testimonios reflejan la situación de discriminación, exclusión y violencia que sufren en los centros de salud y la necesidad que se implementen servicios de atención diferenciados que garanticen la calidad y calidez de los servicios. Si el Estado continúa con un enfoque paternalista y homogenizador entonces continuará el maltrato en la atención de las personas trans.

III. El Estado participativo: políticas diversas

Si la primera visión del Estado es paternalista y homogeneizadora, la segunda forma de ver el aparato estatal en materia de salud pública es participativa y diversa. El siguiente testimonio manifiesta la importancia de promover la participación de las personas trans en el diseño de las políticas públicas:

“Yo creo que llegó el momento de atender no solo a la población más afectada por el VIH SIDA, no sólo como participantes sino como parte de la solución. Esto implica que se compren el pleito, que estén al tanto, no podrán ser investigadores, tener maestrías, doctorados, pero tienen lo que no tenemos, todo un libro abierto, que necesitamos atender los que desconocemos.” (trabajador de CERITS Barton-Callao)

Mientras que la anterior entrevistada (trabajadora del MINSA) analiza a las personas trans y su entorno como “el problema” que el Estado debe solucionar, en este testimonio se cambia de enfoque porque se las considera parte de la solución. Si por un lado pareciera que las trans necesitan un apoyo mayor por su condición de vulnerabilidad, por la otra lógica pareciera que tienen conocimientos e información que el Estado necesita escuchar para mejorar sus servicios en salud sexual. Se deja de lado la visión victimista de las trans para ser visualizadas con capacidad de agencia social y propuesta.

“Necesitamos incluirlas (a las trans), claro que sí, es un trabajo, esfuerzo personal que lo tenemos que plasmar, hay indicadores de cobertura que lo tenemos que medir, con intervención y sin intervención, con resultados y sin resultados si no hay intervención, yo creo que llego el momento de atender no solo a la población más afectada por el VIH sida no solo como participantes sino como parte de la solución.” (trabajador de CERITS Barton-Callao)

Es decir, por un lado pareciera que las personas trans, por su situación misma y el entorno en el que viven, están en un círculo interminable del que no pueden salir solas; por otro lado, se resaltan sus conocimientos, sus emociones, sus necesidades, que sólo ellas pueden expresar de manera adecuada a fin de que el Estado determine las mejores estrategias de atención en salud.  Esta es la visión de un estado participativo en donde los/las ciudadanos/as son parte de la solución de los problemas sociales.

Sin embargo, una persona entrevistada señala que:

“Hay una resistencia del Estado por ver las fallas y no quiere corregirlos, no hay voluntad política, hemos hecho informes e informes, de los planteamientos, de cómo deben orientarse (…)” (líder MHOL)

Ponen el ejemplo de las deficiencias que se presentan en el Programa de Promotores Educadores de Pares del MINSA:

“Si tú ves que incluso las promotoras pares trans que acceden a los programas están subexplotadas creo que reciben 300 soles por todo el trabajo que normalmente hacen y si no hay otras opciones de trabajo y eso lo único que están haciendo, como no puedes proyectarte en la vida no puedes hacer planes solo es día a día todo te es igual.” (lideresa RUNA)

Por esta razón, surge la necesidad de cambiar el enfoque homogenizador del Estado para incluir el derecho a la diferencia en las públicas específicas de atención en salud sexual para personas trans.  En esa lógica, se critica la utilización del término HSH (hombres que tienen sexo con hombres) como un paraguas para incluir también a las personas trans, ya que es una forma de invisibilizarlas lo cual  perjudica sus derechos.

“Que se especifique la atención a población trans, especificarla quiere decir diferenciar del grupo HSH o de gays, no es una población homosexual, por ende, tiene necesidades diferentes y entiende los conocimientos de manera diferente, la prevención para ellas no es lo mismo que para un gay.” (trabajadora RUNA)

“A nosotras nos encasillan dentro del rotulo HSH y nosotras somos unas chicas trans que hemos asumido una identidad femenina y a qué chica va a querer que se le tilde de hombre que hace sexo con hombre, es un retroceso.” (lideresa RED Trans)

Finalmente, un paso fundamental para garantizar los derechos de las personas trans es el reconocimiento de su identidad de género mediante la adecuación del nombre y género que las representa.  El reconocimiento a la identidad diversa es un pilar fundamental que ayuda a la obtención de otros derechos como la salud, educación, lamentablemente es un tema pendiente de atender por parte del Estado:

“Tener nuestra identidad la cual nosotras hemos asumido esa identidad femenina es el cambio de nuestros nombres de masculino a femenino.” (lideresa Red Trans)

“Nos pasamos toda la vida defendiendo la identidad en eso gastamos el 80% de nuestra energía, defendiendo nuestros fueros que siempre van invadiendo, y hay un desgaste de energía, y que no te permite mayormente proyectarte, ves a las chicas allí arrumadas ves que su vida cultural social es muy pobre, justamente por esta situación y al negar la identidad.” (lideresa RUNA)

IV. ALGUNAS PROPUESTAS

Según lo expuesto, me atrevo a plantear algunas propuestas para mejorar los servicios de atención en salud sexual dirigidos a personas trans, a fin de respetar sus derechos y sobre todo su diversidad.

Una primera propuesta sería diseñar y aplicar metodologías de recojo de información participativas que consideren a las personas trans como agentes de cambio social y aliadas principales para mejorar los servicios de salud. Este punto se vincula también a los procesos de sensibilización y capacitación dirigidos al personal de los servicios de salud, quienes no sólo deben conocer las particularidades que viven las personas trans, sino tener empatía y respetar sus derechos.

Otro aspecto muy importante es la institucionalización de la atención diferenciada en salud sexual para personas trans. Esto supone la elaboración de protocolos específicos de atención, que cuente con directrices sobre la atención con calidad y calidez a personas trans y que permita generar buenas prácticas del personal de salud.

Para todo ello, es fundamental que se promueva una alianza estratégica entre las personas trans, organizaciones de sociedad civil que luchan por los derechos de las personas LGTBIQ y el Estado, lo cual permitiría un flujo de información constante y un progreso mutuo de construcción del conocimiento y propuestas, tomado en cuenta que buscan el mismo objetivo disminuir el VIH/SIDA e ITS, aunque con diferentes enfoques.


( * ) Fuente de imagen: sinetiquetas.org

[1] Las entrevistas fueron realizadas entre el 2010 y el 2011 como parte del proceso de elaboración de mi tesis en Gerencia Social. Se respeta el anonimato de las personas entrevistadas.

Betina del Carmen Valdez Carrasco
Abogada, Magistra en Estudios de Género y Magistra en Gerencia Social por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Con experiencia laboral en organizaciones no gubernamentales, cooperación internacional y Estado.