La no reelección de congresistas: sus inconvenientes

Sin duda alguna, uno de los temas de mayor controversia, en las últimas semanas, es el relacionado a la propuesta hecha por el Poder Ejecutivo de prohibir la reelección de los congresistas, planteamiento que a juzgar por las encuestas de opinión recientemente publicadas, contaría con el entusiasta apoyo de gran parte de la ciudadanía. Esto, de algún modo, reflejaría el rechazo que el Congreso como institución genera en un elevado sector de la población, aunque ese no es un fenómeno exclusivamente de nuestro país, ya que los parlamentos no son populares en ninguna parte del mundo, aun cuando en algunos de ellos gocen de mayor o menor prestigio y respaldo.

El tema de la reelección congresal ciertamente no es un aspecto que en estricto concierna al derecho electoral, sino al campo del derecho constitucional y la ciencia política, pues se trata del diseño o ingeniería constitucional de las condiciones para el ejercicio de la representación política dentro de un régimen democrático. Cabría al respecto mencionar que en este ámbito no existen reglas prestablecidas ni fórmulas ideales, pues la eventual permisividad o prohibición para reelegirse como parlamentario, depende en esencia de la voluntad política expresada a través del poder constituyente, ya sea originario o derivado.

Ahora bien, las corrientes que imperan en el mundo, ya sea para permitir la reelección de autoridades elegidas (principalmente presidentes de la República y congresistas) o para prohibirla, varían en función a aspectos políticos, sociales, históricos y culturales de los más diversos. Así, en cuanto a reelección presidencial se refiere, tenemos que la Constitución de Querétaro de 1917, México prohibió terminantemente y prácticamente con carácter de norma pétrea la reelección presidencial como una reacción al extenso e interminable régimen de Porfirio Díaz, algo que de algún modo también ocurrió en los Estados Unidos frente a la persistente reelección del presidente Franklin D. Roosevelt, lo que en 1947 motivó la aprobación de la vigésimo segunda enmienda a la Constitución de Filadelfia. Sin embargo, en la gran mayoría de países del mundo se permite la reelección indefinida de los congresistas, tanto en parlamentos unicamerales – que son los menos – como en los bicamerales.

No está de demás mencionar que nuestra Constitución histórica jamás ha prohibido la reelección de los congresistas, por lo que un cambio en ese sentido seria inédito en nuestro sistema político. Por el contrario, la tendencia siempre ha sido más bien a crear las condiciones para que a través del tiempo se vaya formando una autentica clase política, con parlamentarios experimentados en la labor congresal y cuajados en la práctica legislativa. Así, en nuestro Poder Legislativo hemos tenido a congresistas como Roger Cáceres Velásquez o Javier Diez-Canseco Cisneros que han ocupado el cargo por decenios y actualmente a otros como Luz Salgado, Jorge del Castillo o Javier Velásquez Quesquén quienes han sido reelegidos varias veces y de manera consecutiva.

Particularmente, creemos que la experiencia y el conocimiento de quienes ostentan varios periodos legislativos son sumamente valiosos para cualquier Congreso del mundo, pues permite que la función legislativa se vea enriquecida con su aporte y contribución en el manejo de la cosa pública, aspecto este que deja sin mayores argumentos a los abolicionistas de la reelección. Es más, algunos países del mundo valoran muchísimo la trayectoria de sus parlamentarios, tal como sucede en Alemania, donde la Dieta Federal (Bundestag) o Cámara Baja cuenta con la denominada Mesa de Edad (Council of Elders, Consejo de Veteranos o “entendidos”). Tal como lo refiere Pedro Planas[1], esta Mesa es una institución tradicional y de gran respeto, compuesta por 28 diputados experimentados cuyo fin es conservar las reglas de la tradición parlamentaria más allá de los debates apasionados, asistiendo y aconsejando a los integrantes de la Mesa Presidencial de la Cámara. Estos “entendidos” además se encargan de confeccionar la agenda de debates, el orden del día, la lista de oradores y las prioridades legislativas, armonizando los intereses políticos de todos los grupos políticos representados en el Bundestag.

Ahora bien, en el caso de nuestro país, es innegable el aporte de algunos parlamentarios de larga data que han contribuido a una adecuada marcha y desenvolvimiento del Congreso, por lo que a simple vista no sería muy conveniente ni justificable optar por prohibir la reelección de los congresistas. Abonando esa tesis tenemos el hecho de que en la elecciones generales del año 2001 se reeligieron sólo 36 congresistas (30%), en las del 2006 fueron reelectos 17 (14.17%), en el proceso electoral del 2011 lo consiguieron 25 (19.23%) y en el más reciente del año 2016 repitieron el periodo 29 parlamentarios (22.31%). Como podemos ver, se trata de una tasa bastante baja que ciertamente no justificaría incorporar a la Constitución una norma que cierre el paso a la reelección. También se ha argumentado que, a diferencia del Presidente de la República y de los Alcaldes y Gobernadores Regionales, los congresistas no manejan recursos públicos y, por lo mismo, no existe ninguna posibilidad de que estos sean indebidamente utilizados con afanes reeleccionistas o intereses políticos particulares. Además, está el hecho de que no existe prohibición para que se reelijan los consejeros regionales que son el símil del Congreso en cada región.

En tal sentido, creemos que la propuesta de reforma constitucional para prohibir la reelección de los congresistas tendría un impacto mínimo en la composición del parlamento por cuanto las cifras históricas demuestran que la tasa de reelección es muy baja y en los últimos procesos electorales no ha llegado al 25% del total de congresistas que nos representan.

Por otra parte, existe la voluntad política – al menos la del Poder Ejecutivo – de someter la decisión final respecto a prohibir o no la reelección de los congresistas a una consulta popular mediante el mecanismo del referéndum, lo cual legitimará la reforma constitucional que se apruebe previamente en el Congreso de la República. No olvidemos que, después de todo, incluso más allá del poder constituyente originario, el único y absoluto soberano es el pueblo, pues así lo establece el artículo 45 de la Constitución Política del Perú.


Fuente de la imagen(*):https://bolognesinoticias.com/2018/05/al-archivo-proyecto-que-prohibia-reeleccion-indefinida-de-congresistas/

Bibliografía

[1] PLANAS, Pedro. “Regímenes Políticos Contemporáneos”. Fondo de Cultura Económica. Segunda Edición 1997. p, 232.

 

Enrique Pestana Uribe
Abogado especializado en derecho constitucional y derecho internacional público. Ha sido consultor de organismos internacionales y entidades públicas, miembro del Consejo Consultivo de la Comisión de Constitución del Congreso de la República y docente en varias universidades. Ex profesor del Centro de Estudios Constitucionales del Tribunal Constitucional y ejerce la docencia en la Academia de la Magistratura. Miembro de la Asociación Peruana de Derecho Constitucional. Ha sido ponente y expositor en congresos nacionales e internacionales y ha publicado artículos en revistas especializadas y libros colectivos. Actualmente es Jefe del Gabinete de Asesores del Jurado Nacional de Elecciones.